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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Somos frágiles pero en medio de esa limitación, Cristo nos ha llamado a ser sus discípulos y a alcanzar la victoria por el camino de la prudencia, la humildad, la oración y la sabiduría.
Homilía o145008a, predicada en 20160708, con 5 min. y 12 seg. 
Transcripción:
Conviene relacionar el pasaje del Evangelio de hoy, que ha sido tomado del capítulo décimo de San Mateo. Conviene relacionarlo con una frase de San Pablo. Nos invita el gran apóstol a que tomemos conciencia de que llevamos un gran tesoro, pero que lo llevamos en vasijas de barro. Esa es la invitación que nos hace San Pablo y yo quiero que relacionemos esa frase con la del Evangelio de hoy. Cristo envía a sus discípulos diciéndoles que van como ovejas en medio de lobos. El parecido que noto entre estas dos expresiones proviene de la conciencia del riesgo en el que nos encontramos un tesoro. Uno quisiera que estuviera siempre bien asegurado, quizás por barrotes, quizá por muros gruesos. Sin embargo ese tesoro va en vasijas de barro. Está como en riesgo, Está como en peligro. Y si uno piensa en una oveja que entra a evangelizar en un campo de lobos, es inevitable ver en el terrible peligro en que se encuentra. Es decir, que llevamos fuerzas de Dios, conocemos del amor de Dios, hemos recibido muchísimo de Él y es un tesoro lo que nos ha dado. Pero somos frágiles, frágiles por dentro y por fuera. La fragilidad interior tiene que ver con la frase de San Pablo: ?vasijas de barro?. La fragilidad frente al exterior tiene que ver con el pasaje del Evangelio de hoy. ?Ovejas en medio de lobos?. En cualquier caso, es evidente que el Señor quiere que tomemos conciencia de nuestra fragilidad. Ese no es un pensamiento derrotista, no es un pensamiento pesimista. Más bien es un pensamiento que le da la gloria a quien tiene que dársela: al único que puede sostenernos. Por eso, el mismo Cristo que nos dice que "vamos como ovejas en medio de lobos", también nos dice que "el que persevere hasta el final se salvará". Esa frase sobraría si la derrota fuera un hecho consumado o inevitable. No, la derrota no es un hecho consumado, no es un hecho inevitable. Y nosotros, como discípulos de Cristo y como testigos de Cristo, no hemos sido llamados a derrota. Hemos sido llamados a la victoria. Pero la victoria va por el camino de la prudencia. Por eso hay que ser sagaces como serpientes, sin dejar de ser sencillos como palomas. La victoria va por el lado de la prudencia. La victoria va por el lado de la humildad, sabiendo que todo lo hemos recibido y no es mérito nuestro. La victoria va por el lado de la oración, porque hay que velar y orar para no caer en tentación. La victoria va por el lado de la fidelidad, porque es necesario perseverar todos los días. Y la victoria va por el lado de la sabiduría. Entender que, en medio de las persecuciones y en medio de las aparentes derrotas parciales, hay una victoria inmensa. En estos tiempos en que los lobos se alborotan, -por ejemplo, atacando al cardenal Cañizares, simplemente porque predica lo que está en el Nuevo Testamento-, cuando se ataca, cuando la burla, cuando la profanación, cuando las capillas y templos profanados, incendiados aumentan. Cuando todo esto está sucediendo, uno se da cuenta de la realidad de las palabras del Evangelio. Y uno recuerda a los mártires. Es evidente que el mártir que ve que su palabra es estrangulada, que ve que su cuerpo es maltratado, que su dignidad es olvidada, tiene que experimentar todo eso como una especie de derrota. Y sin embargo, la sabiduría del Espíritu le permite ver más allá de ese derramamiento de su propia sangre, una victoria que está más adelante. Así que sí, somos frágiles. Pero en medio de esa fragilidad y en medio de esa limitación, es grande la gloria del Señor, como decía San Pablo: "Por mi vida o por mi muerte, se glorificará el Señor".

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