Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Evangelizar supone quitarle ganancias al reino del pecado y de las tinieblas; por eso toda evangelización es combate.

Homilía o145007a, predicada en 20140711, con 5 min. y 41 seg.

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Transcripción:

El Evangelio de hoy está tomado del capítulo décimo de San Mateo. Pertenece a ese discurso llamado discurso misionero, que tiene una gran importancia, no tanto para empezar nosotros a repetir las acciones que Cristo prescribe en ese discurso, que fue un poco lo que sucedió en el siglo doce o en el siglo trece, cuando la gente creyó que la manera más acertada de vivir el evangelio era practicar la mendicidad, llevar una sola túnica, ese tipo de cosas, como en una obediencia únicamente material a lo que dice Cristo.

El verdadero interés de este discurso está en que nos ayuda a descubrir, cuál es la naturaleza esencial de la evangelización. Algo así como: ¿qué es lo que se quiere en realidad con la evangelización y cuáles son las condiciones en las cuales el Evangelio puede llegar a otros corazones?

Por ejemplo, por destacar un punto, hoy descubrimos que la evangelización se asemeja a un combate. Todo el tiempo el evangelizador debe recordar que su mensaje es un llamado al combate. Y la razón es muy sencilla. La encontramos, por ejemplo, en la carta a los Colosenses, cuando el apóstol Pablo va a describir la obra que Cristo realiza dice:"Nos ha arrancado del dominio de las tinieblas". Eso quiere decir que la persona que evangeliza está quitándole su presa al demonio. La persona que evangeliza está quitándole su víctima y, está quitándole su ganancia a los que disfrutan del pecado, a los que gozan los beneficios del pecado.

Y por eso: ?¡Ojo! No se puede suponer que el pecado deje perder tranquilamente a esa presa, o que el demonio deje ir tranquilamente a su víctima". Es un modo un poco metafórico de hablar, aunque también expresa una realidad muy clara. Nosotros no tenemos que ver el demonio detrás de cada pecado como si fuera el único causante de todos los pecados. Pero sí debemos entender que el mal actúa de diversas formas, también entender la realidad de la voluntad torcida del demonio; el mal en sus diversas formas sigue, quiere adueñarse de nosotros y hunde sus garras en nosotros. No, no quiere soltarnos, no le interesa soltarnos. El evangelizador quiere liberar, quiere soltar a esas personas.

Por eso viene la persecución para evangelizar. Es dañarle muchos negocios al pecado, pero muchos. Por ejemplo, si una persona está ayudando a que los jóvenes salgan de la droga, le está dañando el negocio a los carteles de la droga, a los grandes narcotraficantes y a los micro narcotraficantes. Entonces, por ejemplo, un sacerdote está en un barrio muy difícil, donde hay un gran problema de drogadicción y hay una cantidad de pequeños distribuidores de droga que viven de eso, del consumo de narcóticos en su sector. Esas personas van a sentir que ese sacerdote les daña el negocio; van a ver a ese sacerdote como su enemigo. De ahí solo falta un paso para que empiecen a atacarlo.

Cuando la Iglesia, por ejemplo, habla del derecho a la vida, cuando la Iglesia habla de que el aborto es un crimen, no solamente está defendiendo a unos niños y niñas inocentes; le está dañando un negocio a mucha gente. Hay verdaderas multinacionales, hay empresas gigantescas que se alimentan del negocio del aborto.

En Estados Unidos, por ejemplo, hay toda una industria que tiene como principal representante a una entidad que se llama Planned Parenthood. Algo así como paternidad planeada sería la traducción literal y Planned Parenthood hace dinero de eso. ¡Mucho dinero! Muchísimo, porque en cada aborto hay que pagar. Alguien paga, o la misma persona, o el Estado, o las empresas, o quien sea. Entonces el aborto produce dinero y predicar contra el aborto es dañar un negocio.

Esas personas no aman a la Iglesia. Esas personas no están felices con que exista la Iglesia. Esas personas harán hasta lo imposible por hundir a la iglesia, por desacreditar a la Iglesia, por lograr que la gente se aparte de la Iglesia, ¿Por qué? Porque a ellos no les sirve que la Iglesia predique lo que está predicando.

Entonces, cuando vayamos a evangelizar, tomemos conciencia de esto. La evangelización puede ser muy agradable, a veces puede ser incluso divertida, -aunque esa palabra no me agrada-. Puede ser muy grata y puede ser muy amable y puede estar muy llena de amor. Pero jamás debemos olvidar que estamos dañando negocios, que nos estamos metiendo en los intereses de muchas personas y que esas personas, tarde o temprano, nos van a atacar. Sin embargo, vemos con serenidad, porque sabemos de qué lado está la victoria. ¡Amén!

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