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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Ser realista es reconocer el poder del pecado y saber que la Buena Nueva encontrará resistencia.
Homilía o145005a, predicada en 20120713, con 4 min. y 33 seg. 
Transcripción:
Llama la atención en el capítulo décimo del Evangelio de Mateo el realismo con el que habla Jesús. Realismo que sin duda tiene su comienzo y su base en la propia experiencia de Él. Con la palabra realismo, estoy refiriéndome a lo contrario de la fantasía, lo contrario de la ilusión. La persona ilusa es la persona que quiere imponer sobre la realidad sus deseos: deseos, quizás nobles; deseos, quizás hermosos, pero deseos que no coinciden con una realidad fundamental. Y esa es la que Cristo sí toma en cuenta. Y esa realidad fundamental es la realidad del pecado. Cristo envía a sus apóstoles con consignas hermosas, maravillosas: "Hagan el bien, lleven la buena nueva, curen a los enfermos, alivien el dolor de mi pueblo". Pero toda esa corriente de bondad tiene que enfrentarse a una realidad horrorosa: Es la realidad del pecado; y es la realidad del pecado la que hace que el bien encuentre resistencia. La verdad es una cosa muy bella, pero la verdad supone el final del imperio de la mentira. Y si alguien está sacando provecho de sus mentiras, no quiere que aparezca la verdad. La pureza es una virtud preciosa. Creo que todo papá que tenga hijas va a querer que sus hijas sean respetadas y sean sobre todo respetables. Por dar un ejemplo de las manifestaciones de la pureza. Pero el triunfo de la pureza significa el fracaso de los múltiples intentos de la lujuria por adueñarse del corazón humano. Entonces la pureza se convierte en un obstáculo y en un estorbo para el que quiere cometer adulterio, para el que quiere saciar sus pasiones por cualquier camino que sea. Entonces el bien estorba, el bien fastidia y los predicadores del bien fastidian; y la santidad es enojosa y causa, alergia y causa distancia. Eso es lo que Cristo quiere que tengan en cuenta sus predicadores, y creo que lo podemos aplicar muy bien a los obispos, a los misioneros, a los catequistas, a los sacerdotes: que nosotros tengamos en cuenta, que tengamos perfecta claridad sobre ese poder que tiene el pecado, para que no nos llamemos a engaño, para que no supongamos que nuestro anuncio de la Buena Noticia va a ser recibido siempre como la tierra reseca acoge la lluvia bienhechora. Es verdad que esa tierra necesita de esa lluvia, pero también es verdad que esa tierra detesta esa lluvia y la detesta porque ama su pecado. Eso es lo que Cristo quiere que entendamos. Por eso nos dice que: "seamos sencillos como palomas, pero también que seamos astutos como serpientes". Precisamente para conocer las artes de la serpiente, ese arte espantoso con el que la serpiente sabe disfrazarse de mil maneras, hasta acoger lenguajes muy piadosos, incluso, con tal de engañarnos. Que no nos engañe, que no nos engañe el pecado, y que brille primero en nosotros, en lo que somos y luego en lo que hacemos: la verdad de Cristo. Amén.

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