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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
El arrepentimiento es una siembra.
Homilía o145003a, predicada en 20000714, con 17 min. y 4 seg. 
Transcripción:
Está difícil escoger tema entre las lecturas de hoy, porque aparecen como dos líneas: Una es la que tiene que ver con el arrepentimiento y la alabanza; y la otra, tiene que ver con el sufrimiento y la misión. Van como en parejas, son como dos parejas de temas. Uno es el que nos propone Oseas y que queda hermosamente aclarado con ese Salmo cincuenta y uno. La relación que hay entre el arrepentimiento y la alabanza. Eso no falla. Los corazones que tienen poco de qué arrepentirse, son corazones que tienen poco que agradecer. Eso es matemático y está demostrado en las ecuaciones del cielo. Por otra parte está esa otra ecuación entre el sufrimiento y la misión, el sufrimiento nos indica la profundidad de una misión. Hay unas misiones en las que uno solo goza. Esas se llaman paseos y dejan muy poco fruto, esas no dejan gran cosa. Hay otras misiones donde se sufre mucho. Por ejemplo, cuando lo matan a uno. Eso siempre es complicado, es un poco tenso. Pero, en esas misiones hay mucho fruto. Los grandes misioneros siempre han sido gente que que entregó la vida. Es decir, en cierta parte del proceso el misionero muere. Y eso es un poco complicado, pero es supremamente fecundo. Desde hace algunos años, por ejemplo, a mí me vuelve a la memoria, aunque no sea su fecha. San Bonifacio. El apóstol de Alemania. La fe cristiana llegó a Alemania por Bonifacio. Además. Con ese nombre tan hermoso: "Bonifacio es el que obra bien". El del buen obrar; y obró también que entregó su sangre. O cómo no recordar los mártires del Vietnam, los mártires del Japón. Entonces tenemos dos parejas de temas hoy: uno es penitencia, arrepentimiento y alabanza, arrepentimiento y alabanza van juntos y otro es sufrimiento y eficacia. Tratando de unificar, tratando de buscar sin forzar las lecturas. ¿Qué nos quiere decir el Espíritu Santo con estas propuestas de la liturgia de hoy? Yo veo que hay algo en lo que se parecen estos dos temas; cada uno de los cuales nos daría para una predicación completa. Fíjate: el arrepentimiento es como la siembra que se hace en el corazón. El arrepentimiento es como el cimiento que se le pone a la vida. Cuando una persona no se ha arrepentido, le pueden suceder cualquier cantidad de cosas a su alrededor. Serán cosas extrañas, extraordinarias, serán cosas raras, pero no serán acontecimientos de salvación. Uno empieza a salvarse cuando empieza a arrepentirse; descubrir el mundo sin descubrirse uno, todavía no es descubrir nada. Uno empieza a cambiar de vida cuando se empieza a arrepentir. Por ejemplo, cuando veo jovencitos, niños así, relativamente pequeños, yo me pongo a pensar: ¿cuándo empieza la historia del amor de Dios en los niños? Alguien puede decir: ?pues mire la historia con mi niño empezó a los tres años, cuando yo pasaba con la camándula de mi abuelita el niño volteaba y sonreía reconocía la camándula, ahí el niño mostró lo que iba a ser?. Probablemente si nosotros estuviéramos en la mente del niño, resulta que al niño le llamaba la atención, era los destellos de las pepas, le importaba un pepino en vinagre. La Virgen, los ángeles, los santos y la Eucaristía, le interesaban las pepas. De manera que no nos fiemos mucho pensando que ciertos destellos de piedad son ya señales inequívocas de que el corazón del niño está en Dios. No, porque probablemente son destellos y los destellos se acaban. ¿La historia de amor de Dios, con un niño cuando empieza? En mi experiencia, -que no es larga, pero que creo que tampoco es corta-. Mi experiencia es esta: Todo empieza cuando el niño se arrepiente. Cuando el niño descubre la capacidad de volver sobre sus pasos y descubre a Dios en eso. Ahí empezó. Por ejemplo, hay una santa del siglo catorce, Catalina de Siena, que descubrió muy pronto lo que eso significaba, lo que significaba arrepentirse, porque la familia tenía planes con ella: Bueno, usted se va a casar y va a tener hijos; ya le tenían organizada, planeada la vida. Pero, resulta que ella se sentía llamada a dedicarse a Dios. Le insistieron tanto en que tenía que arreglarse para conseguir novio, que aunque sentía que ella era para Cristo, con tal de lograr que la dejaran tranquila se dejó organizar y maquillar y todo eso para ver si conseguía novio. Después se arrepintió profundamente y vio que había obrado contra su conciencia. Era una niña, una jovencita. Tendría en esa época como doce o trece años, porque las italianas de esa época no eran como las italianas de ahora, que muchas se casan ya después de muchas lunas. No sé. Estas eran unas italianas que se casaban a los trece años de edad. Entonces ya a los doce tocaba sacarle colores a la niña, fuera a cachetadas o como fuera. La niña tenía que llegar a gustar como fuera tenía que gustar. Pero la muchachita se dio cuenta de que ella había obrado contra su conciencia. Desde de ese arrepentimiento y de esas lágrimas empezó lo fino. Ahí empezó lo fino de la historia de la santidad de Catalina. ¡Ahí! Es decir, uno empieza a caminar en Dios. Cuando uno empieza a preferir a Dios, lo demás son tonterías, lo demás son costumbres. "llegó el viernes". Bueno, ¿qué hago? A ver: Entre una juerga y el grupo, ¿qué hago? Pues el grupo, que no da guayabo, por lo menos. Sí, pero ahí no hay nada. No nos hagamos ilusiones: que ahí no hay nada, sino que Dios le está dando tiempo a la persona. Mientras le llega el día, mientras le llega el día y hay que saber eso. ¿Entonces cuál es nuestra conclusión? Nuestra conclusión es que el arrepentimiento es una siembra, como dice la parábola del sembrador. Hubo una semilla que quedó en la superficie; esa no sirve para nada. Este niño, usted, por ejemplo, usted empezará a crecer en Dios cuando usted se arrepienta de sus pecados, cuando usted se arrepienta de sus culpas, cuando usted sienta dolor por haber ofendido a Dios y sienta el amor de Dios que le perdona, ahí empieza lo hermoso para la vida suya. Entonces, así es para cada uno de nosotros. El arrepentimiento es la siembra y ustedes cuando estén con niños déjense de bobadas de pensar que no, mi niño es como medio místico. Mi niño ve a la Virgen, ve a los ángeles, ve una cantidad de cosas, pues es posible que sí, no sabemos, yo no soy nadie para negarlo. Además, recordemos que la visión, como nos enseñaron los teóricos de la Gestalt, en buena parte es aprendida, de manera que uno puede efectivamente haber perdido cierta capacidad de percibir señales de Dios, incluso visibles. Eso es posible, pero es que uno no es santo por lo que uno le sucede, uno se santifica, es por lo que uno hace con lo que le sucede. De manera que el hecho de que el niño vea ángeles o que el niño vea a la Virgen, o que el niño vea a los pokemon, eso todavía no dice demasiado. Cuando usted vea al niño capaz de arrepentimiento ahí sí; de pronto usted dirá: No, un niño. ¿A qué hora se va a arrepentir un niño? Pues mire, a mí me sucedió con una niña como a las nueve y cuarenta y cinco de la noche. O sea que si hay horas en las que se arrepienten los niños. Estábamos en un grupo y eran como las nueve y cuarenta y cinco cuando la niña se arrepintió. Era una chiquilla que tenía en esa época como siete años y ella se arrepintió. Yo estaba confesando en ese grupo y ella se acercó y dijo yo quiero confesarme. Y le pregunté: ¿usted ya se ha confesado antes? Nunca me he confesado. ¿Hizo la Primera Comunión? Tampoco, pero necesito confesarme, decía la niña. Dije: ¿qué puede haber hecho esta niña? ¿Será que le quitó el oxígeno a la abuelita? ¿O quién sabe qué haría esta niña? No, Pues no, no es que fuera ninguna situación grave, pero es que no es lo grave. Esa es la otra. No hay que esperar a que le suceda uno Lo grave, no. Ella, iluminada por el Espíritu Santo, se daba cuenta de que solo los arrepentidos descubren la gracia del perdón. Y lo mismo pasa con el sufrimiento. Fíjate que el sufrimiento es la siembra que hacemos en la sociedad humana. Los corazones que no han sufrido no sirven para predicadores. Un corazón que no ha sufrido no sirve. Una persona que ha vivido en medio de la parranda. ¿Qué puede decir? Las direcciones de bares y discotecas no tienen nada más que decir. Pero como resulta que en el mundo hay una cantidad de gente que está triste, que está en problemas, que está dolida. Para esas personas a las que no les convencen ya más bares ni más discotecas y que ya vieron la mentira que hay detrás del placer efímero. Para esas personas, el que no tenga una palabra capaz de meterse con el dolor no tiene nada que decirles. Por eso el sufrimiento es la cuota que nosotros aportamos para llegar profundamente al corazón de los otros. O sea que si hay un tema que es la profundidad del tema de hoy: la profundidad. El arrepentimiento es la profundidad del alma. El sufrimiento es la profundidad del apóstol. Por eso, apóstol que se respete tiene que sufrir mucho, sufrir mucho. Si un apóstol no sufre, quiere decir que es apóstol de segunda, de tercera. Un apóstol sin sufrimiento. Le presento: mire, fulano de tal es un apóstol, pero no sufre. Él no sufre de nada, nunca le pasa nada, nunca le sucede nada. ¿Qué quiere decir? Quiere decir: Grave la situación, no tendrá mucho que decir, porque resulta que el mundo sí sufre. Y si tú no tienes una palabra para el mundo que está sufriendo, tú no tendrás nada de profundidad para predicar la buena noticia de Jesucristo. No tienes nada concreto que decir. Es indispensable. Es que la cruz, no es un elemento decorativo de las iglesias, ¡no es un elemento decorativo! Por ejemplo, en el caso de mi hábito, la cruz no es un elemento decorativo; es la herramienta básica. En un tiempo, un hermano mío que ahora está en otro país, ayudaba en el mantenimiento de equipos médicos electrónicos; entonces, para mí era muy interesante verlo salir siempre de casa con un pesado maletín, donde tenía cuanta herramienta y cuanto medidor existía y una cantidad de aparatos. Había de todo ahí: para desarmar y volver a armar, soldaduras y tester. Y yo no sé qué más. Bueno, de todo tenía ahí: también tenía transistores. Él no salía sin su maletín. Mi hermano, gracias a Dios es muy buen ingeniero, pero si él llega así, con las manos limpias, a cualquier lugar de esos de trabajo, no hace nada. ¿Qué va a ser allá? Sí, muy bonito esto, pero no tiene cómo zafar un tornillo. Así le pasa al apóstol: el apóstol que no tiene la cruz, el apóstol que sale sin la cruz salió sin herramienta. Hermano, ¿qué le pasa? ¿Cómo se le ocurre a usted? Usted está saliendo sin herramientas, si usted no tiene, si usted no sale con la cruz, usted sale sin herramientas. Mensaje de hoy: La profundidad. Profundidad primero en nosotros: el descubrimiento infinito de nuestra necesidad de Dios. Ese es el elemento, la profundidad en mí y desde ahí la profundidad para llegar al corazón de las otras personas. Eso es lo que nos da Jesucristo. Por eso la Palabra de Cristo tiene esa profundidad tan grande. Hay que creerle a Cristo todo, porque Cristo se sumergió profundamente, totalmente en el absurdo, en el dolor, en la miseria humana. Nadie tan solo, nadie tan lastimado, nadie bajo tanta contradicción, sospecha, ironía, odio, nadie. Nadie como Él. Por eso Él tiene una palabra para todos. Y el que quiera tener una palabra para todos, pues algo semejante le sucederá. No, pero ese camino sí es muy difícil. Yo preferiría más bien que me dieran como unas técnicas. Mire, la técnica consiste en lo siguiente: La mejor técnica para que usted aprenda a predicar y ser apóstol consiste en que usted descubra todas las riquezas del corazón de Jesucristo, para lo cual es muy saludable que descubra todas las miserias del corazón suyo; en esa preciosa, en esa fabulosa catequesis. Usted tiene una imagen viva de Cristo. Cristo vive en mí. Yo he visto que vive en mí porque me ha sacado de unas, ha hecho por mí unas cosas, me ha tenido tanta paciencia, me conoce tan a fondo. Él ha desplegado su misterio sobre el misterio de mi alma. Entonces las palabras brotan. Esas no hay que prepararlas. Por eso Jesús decía: "Mire, déjense de estar preparando discursos". Voy a preparar discurso para las madres atribuladas de no sé dónde. No, usted tiene que ser es un atribulado. Cuando usted esté profundamente atribulado, pero atribulado con Cristo. Porque si usted está peor de desesperado que aquellos a los que les va a hablar ahí no puede ser efectiva su palabra. Usted tiene que estar, tiene que ser atribulado con Cristo. Cuando usted es un atribulado con Cristo, entonces ¿qué pasa? Pasa que usted cuando va a hablar, su palabra es una palabra de hermano, es una palabra de hermano que empapa inmediatamente, que penetra inmediatamente. Es que fíjate que esa es la maravilla, esa es la maravilla que Dios hace en nosotros, ¿no? La palabra del predicador es una palabra que se pasea por el cielo mientras va recorriendo la tierra. Es tan lindo este ministerio de la predicación, es muy hermoso y por eso el mensaje de hoy era: profundidad, profundidad en el arrepentimiento, profundidad en el sufrimiento. Y esa es la fuente de toda eficacia. ¡Bendito sea Dios!. Amén.

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