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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Ningún bien creado ni ídolo puede darnos la salvación que solo Dios ofrece. Hoy es el momento de buscar Su voluntad y volver el corazón al Señor antes que sea demasiado tarde.
Homilía o143012a, predicada en 20260708, con 6 min. y 5 seg. 
Transcripción:
El libro del profeta Oseas merece mucha más atención de la que usualmente le damos. Y espero que estas pequeñas reflexiones que vamos comentando estos días, nos ayuden a descubrir algo de esa riqueza y nos animen a leer más a este profeta. Es muy interesante, por ejemplo, en la primera lectura de hoy, como él describe la situación del Reino del Norte, el reino de Israel. Porque dice Oseas: Mira, ha habido abundancia, pero cuánta mayor ha sido la abundancia, mayor ha sido la idolatría. Y cuanto mayor ha sido la abundancia y la idolatría, mayor es la perplejidad.
Fíjate esas tres palabras que no aparecen tal cual, pero que sí están descritas en la primera lectura de hoy. Y dime si no está ahí la vida de mucha gente, dime si no es la realidad de la vida de mucha gente. Gran abundancia, gran idolatría, gran perplejidad. Y ¿cuál es el remedio que propone Oseas? Es tiempo de consultar al Señor, es tiempo de volverse hacia Dios. Dejemos los experimentos, dejemos tantos inventos, dejemos de creer que nuestros muchos bienes o nuestros muchos ídolos nos van a salvar de nuestra mucha perplejidad. Es tiempo de volver al Señor.
Hay muchas personas que padecen tan grande escasez que no tienen perplejidad, saben perfectamente: Yo lo que necesito es comida. Yo lo que necesito es dinero. Ahí no hay perplejidad, ninguna perplejidad. Hay personas que tienen abundancia, pero no tienen idolatría, simplemente sienten que Dios les ha bendecido. Esas personas tampoco tienen perplejidad. Lo que trae la profunda desorientación es, precisamente, lo que vemos en los países que son económicamente más prósperos y al mismo tiempo más alejados de Dios.
¿Qué es lo que viven en estos países? Lo que viven es mucha abundancia y mucha idolatría. Hay una frase de Gilbert Chesterton que describe perfectamente lo que estoy diciendo. Decía Chesterton, ese gran converso inglés, gran converso al catolicismo, decía él: Se deja de creer en Dios y se empieza a creer en cualquier cosa. Entonces, ¿qué pasa? Que en muchas de estas sociedades que llamamos avanzadas, en muchas de ellas, pues hay gran abundancia, pero como no se quiere creer en Dios, entonces hay gran perplejidad porque hay mucha idolatría.
Estoy pensando precisamente en la patria de Chesterton. Mira, el Reino Unido, por ejemplo, mira la desorientación en términos éticos, en términos políticos, en términos de futuro. Mira la desorientación tan brutal que hay en el Reino Unido. No me estoy inventando nada, mira cuántos primeros ministros han tenido en el curso de unos poquitos años, van cayendo uno tras otro. Es decir, no saben para dónde ir. La mayor parte de los herederos del que en otro tiempo fue el gran Imperio británico, no saben para dónde ir, no saben para dónde va su país. Eso se llama perplejidad.
Mira, por ejemplo, a Francia que se le llamaba, se le llamó en una época la hija mayor de la Iglesia Católica, sobre todo por la protección que brindó Carlomagno en la Alta Edad Media. Entonces, la hija mayor de la Iglesia Católica, la querida Francia, pues mira en lo que está. Sí, hay mucha prosperidad, pero al mismo tiempo hay una cantidad de problemas que nadie sabe cómo resolver. Y hay una cantidad de idolatría, porque además se ha perdido la identidad en la fe, si algo está creciendo en Francia es el islam.
Mira Canadá, mira Australia, mira a Japón, mira Corea del Sur, ¿qué tienen en común? Países muy prósperos que le dan casi totalmente la espalda a Dios, que se llenan de idolatría y que se llenan de perplejidad. Pues para todos ellos tiene un mensaje el profeta Oseas: Es tiempo de volver al Señor, es tiempo de abrir el oído y buscar la voluntad de Dios. Oremos para que no sea muy tarde, que no sea muy tarde para Inglaterra, que no sea muy tarde para Francia, que no sea muy tarde para Canadá, oremos para que no sea muy tarde.

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