Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Aunque tu vida ?vaya bien? es tiempo de volver la mirada al Señor y preguntarle ¿Qué opinas de mi vida? ¿Qué quieres decirme Señor?

Homilía o143011a, predicada en 20240710, con 5 min. y 52 seg.

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Transcripción:

El profeta Oseas nos deja un nuevo y hermoso mensaje, en la primera lectura de la Santa Misa de hoy. Estamos en el capítulo décimo de este libro de la Biblia, libro del profeta Oseas. Te das cuenta que lo que escuchamos en la Santa Misa son apenas pequeños fragmentos. Y permíteme que te haga esta invitación o exhortación. Yo te invito a que tomes la Sagrada Escritura en tus manos, acércate directamente al texto bíblico. Lo que leemos de Oseas o de cualquier otro profeta en la Santa Misa es precioso, está muy bien escogido, pero es muy poquito. Si de verdad tienes apetito de las cosas de Dios, ve a la biblia y lee completo el libro de Oseas y así, cada libro de la Escritura. Ojalá en una Biblia que tenga muy buenas introducciones, hay Biblias católicas preciosas, con muy buenas introducciones.

Pero vamos al capítulo décimo de Oseas para descubrir cuál es ese mensaje que Dios nos da en esta primera lectura. Básicamente, lo que está haciendo Oseas, y lo han hecho otros profetas, es llamar a la gente a la reflexión. Y es que hay una ley en la psicología humana, yo no sé si tú te has dado cuenta. Hay una ley en la psicología humana que es esta, que cuando todo va bien, como decimos a veces, cuando todo va fluyendo, es cuando uno menos reflexiona. Yo me acuerdo cuando estaba estudiando física en la Universidad Nacional y gracias a Dios me iba muy bien y pues amaba y amo la ciencia muy profundamente, pues en ese tiempo en que todo me salía bien, yo tenía buena salud, una familia que me amaba, tenía buenos estudios, me iba muy bien en la universidad. ¿Cómo se dice? Todo fluía. Cuando todo fluye, es como si uno estuviera montado, haz de cuenta en un tren y uno va tranquilo. Es decir, uno está haciendo lo que a uno le gusta hacer o lo que uno tiene que hacer y va tranquilo y no reflexiona mucho en el camino, porque por decirlo de alguna manera, el camino te va llevando.

Pero ¿qué pasa cuando ese camino se rompe? Qué pasa, por ejemplo, por seguir con la metáfora del tren, qué pasa si yo voy en mi tren muy tranquilo, muy contento y de repente me encuentro con que se detiene el tren. ¿Por qué? Porque hay un paro, un paro de los empleados de los ferrocarriles o qué pasa si yo voy avanzando y se detiene el tren. Y ahora, ¿qué pasó? Es que hubo un accidente 2 kilómetros adelante, o voy en el tren y me dicen: No se puede seguir porque resulta que hubo un ataque de la guerrilla y derrumbaron el puente y no sabemos, por supuesto, no tenemos idea de cuánto tiempo tardará esa reparación. Entonces, hay momentos en que la carrilera se rompe, hay momentos en que el camino se rompe y apenas se te rompe el camino, ahí sí te toca pensar, ahí sí te toca reflexionar. Yo creo que a todos nos ha pasado eso, más en unas personas que en otras, cuando uno se le rompe el camino.

Y eso es lo que está diciendo Oseas, que a uno se le rompe el camino y que cuando se te rompa el camino es el momento de volver la atención hacia Dios. Es el momento, lo expresa él con ese vocabulario vigoroso y hermoso de los profetas, es el momento de consultar al Señor ¿Qué significa esa expresión? Es el momento de dejar de pensar únicamente en lo que yo quiero, en quiero, en lo que yo puedo, en mi proyecto, en lo que voy a lograr, en lo que voy a disfrutar. Es el momento de parar y de decirle a Dios: Oye, ¿tú qué piensas? Porque cuando a uno todo le fluye, uno no se hace esa pregunta. Cuando a uno todo le fluye, uno no pregunta eso. Cuando a uno todo le fluye, uno no le pregunta a Dios y ese es un gran error que uno comete. El apóstol Santiago tiene un texto a este respecto corrigiéndonos.

Así que, mis queridos hermanos, la enseñanza de Oseas no solo es de constante actualidad, sino que prácticamente se aplica a todas las personas. A todo ser humano se aplica que nosotros debemos volver nuestra mirada hacia Dios y debemos preguntarle: ¿Tú qué opinas, qué opinas de las amistades que tengo, qué opinas de la manera como yo descanso y me entretengo, qué opinas de los proyectos que estoy desarrollando, qué opinas de los sentimientos o pensamientos que se mueven en mi corazón? Pregúntale al Señor, haz oración, visita al Santísimo, lee la Palabra de Dios, escucha una buena predicación católica. Todo eso te va a ayudar a escuchar la voz de Dios. Porque lo que dice Oseas es de una sabiduría tan grande: ¿Qué me quieres decir Señor? Mis planes, mis ideas, mis amigos, mis diversiones, lo que a mí me fluye, con eso yo me siento cómodo, pero tal vez no te he preguntado a ti lo que tú quieres, lo que a ti te gustaría. Pues quedémonos con ese mensaje de Oseas, es que es el tiempo de consultar al Señor.

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