Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Al consultar al mundo él nos da instrucciones para que se cumpla nuestra voluntad y el profeta en cambio muestra el camino para despertar nuestra conciencia moral y buscar verdaderamente la voluntad de Dios.

Homilía o143010a, predicada en 20220706, con 5 min. y 33 seg.

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Transcripción:

Sabes que me impresiona la manera como termina la primera lectura de hoy, del capítulo décimo del profeta Oseas, en el fondo es una invitación a recapacitar. Y a mí, como me gusta este verbo, tal vez porque muchas veces he tenido que aplicarlo, recapacitar. Recapacitar, ese como entrar uno en sí mismo y preguntarse seriamente qué es lo que está haciendo y, sobre todo, cuáles son las consecuencias de lo que uno está haciendo. El profeta Oseas, lo mismo que tantos profetas, tuvo que denunciar pecados del pueblo de Dios. Y esa denuncia no es simplemente un regaño, por favor, no miremos la denuncia solamente como: Ay, se disgustó y empezó a y empezó a regañar. Es mucho más que eso. En la Biblia la denuncia es siempre una invitación a recapacitar y una invitación a convertirse, una invitación a volver al Señor.

Y eso es lo que está haciendo Oseas cuando le dice al pueblo: Es tiempo de consultar al Señor. Es tiempo de volver a la voz de Dios. Después de decirles: Ustedes son como una esposa infiel, ustedes se apartaron del camino, ustedes se volvieron idólatras, ustedes traicionaron la alianza. Después de decirles esas y tantas cosas, Oseas les da un mensaje muy profundo y es un mensaje de conversión, es tiempo de consultar al Señor. El verbo consultar no es tan frecuente, me parece, en asuntos de religión, en asuntos de fe. Era muy frecuente en la época de los profetas, porque consultar al Señor significaba, básicamente, hablar con el profeta en una época en la que no mucha gente tenía la oportunidad, la destreza, la capacidad de leer y escribir, pues ese consultar al Señor, ese consultarlo a través del profeta, era como la manera más cercana de dar un paso verdadero en su conversión.

Para nosotros, ¿qué sería consultar al Señor? En primer lugar, como nos recuerda San Juan Pablo II, no se nos olvide que el lugar donde tenemos más cerca la voz de Dios es nuestra propia conciencia. Si tú vas a tomar decisiones consultando únicamente tu billetera, consultando tu asesor financiero, él te dará o ella te dará algunos consejos. Si tú tienes problemas en tu matrimonio y consultas a tus amigos divorciados, pues ellos te darán los consejos que saben dar. Si tú estás obsesionado sexualmente con una persona y vas donde los brujos, que es la peor decisión que tu puedes tomar, pues esa persona si tú la consultas te va a dar su propia idea. Aquí, por ejemplo, en mi ciudad, en Bogotá, en tantos lugares hay propaganda de una cantidad de brujos y de hechiceros que prometen todo. Prometen, básicamente, que tu voluntad se va a realizar porque eso es lo que da el mundo. Cuando uno consulta al mundo, lo que el mundo da es eso, instrucciones para que se cumpla tu voluntad. En cambio, lo que hace el profeta es mostrar el camino para que se cumpla la voluntad de Aquel que de verdad nos ha amado, Aquel que de verdad conoce nuestro bien, es decir, Dios nuestro Señor.

¿A quién estás consultando? Te puedo preguntar eso, ¿a quién consultas tú para tomar las decisiones realmente importantes? Por ejemplo, donde se van a educar tus hijos, por ejemplo, cuál debe ser tu socio en ese negocio, por ejemplo, si ese hombre o esa mujer te conviene, por ejemplo, si esos amigos te hacen bien. ¿A quien le consultas eso? Consulta solamente tus intereses, consulta solamente tu apetito, consultas únicamente los intereses de este mundo que en el fondo siempre te van a decir cómo lograr lo que tú quieres. Eso es lo que estás buscando con lo que tú consultas o estás siguiendo el camino que nos muestra Oseas, es decir, el camino de buscar verdaderamente la voluntad de Dios. Esa es la gran propuesta. No, lo de los profetas no se limita simplemente a vamos a regañar, es mucho más que eso. Es vamos a abrir un camino, pero el camino es despertar nuestra conciencia moral y el camino es empezar a buscar la voluntad del Señor. Ese es el camino, porque lo demás es la traición cocinada, recocinada y repetida por el mundo, por el demonio, por la carne. No más, no más de ese daño, ha llegado el tiempo de consultar al Señor.

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