Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Cristo al enviar a misión pide que se proclame la fidelidad de Dios, que no se dé por perdido a nadie y que se dosifiquen las fuerzas porque no siempre se está a la altura de todas las dificultades.

Homilía o143008a, predicada en 20200708, con 7 min. y 47 seg.

Click derecho para descargar versión MP3

Transcripción:

El capítulo décimo de San Mateo se conoce en muchas biblias como el discurso misionero. Efectivamente, este capítulo empieza por el envío de Cristo, sino la primera, una de las primeras llamadas de Cristo a sus discípulos para que vayan a la misión. Es un texto que nos habla al corazón, especialmente porque el Evangelio mismo de Mateo termina con otra llamada misionera, a la que se suele llamar la Gran Comisión. Es decir, ese texto que está en el capítulo 28, donde Cristo dice: «Vayan y hagan discípulos de todas las gentes», de modo tal que esta llamada misionera, este envío misionero es el comienzo de una formación que necesitan los apóstoles y que con toda seguridad necesitamos también nosotros.

Observemos que, ya que se trata de un primer trabajo, una primera labor en la misión, Cristo dosifica el esfuerzo. Por eso les dice: «No entren en regiones de paganos, vayan a las ovejas perdidas de Israel». Esa expresión de Cristo que pone un límite al esfuerzo misionero de los apóstoles, esa expresión nos está hablando, por lo menos a mí, de aquello que le dijo Dios a Catalina de Siena: Bien sé yo que el alma es primero imperfecta y luego perfecta. No los lanza a que aborden los casos más difíciles, primero, casi diríamos a modo de entrenamiento, aunque ya se trata de una verdadera misión, los envía a las ovejas perdidas de Israel. Como seguramente muchos de nosotros apenas estamos iniciando nuestro camino de servicio en el Señor, podemos aprender varias cosas de este pasaje, creo yo que por lo menos tres cosas podemos aprender.

Podemos, en efecto, aprender que lo primero es proclamar la fidelidad de Dios. El Evangelio será predicado después a muchas naciones, y en la predicación a los pueblos que nunca habían oído hablar del Dios de Israel, lo que más brilla es la infinita compasión de Dios, eso es lo que más brilla. Pero antes de esa predicación a las naciones, la primera predicación es para el pueblo elegido, el pueblo que había recibido las promesas, y que ahora debe escuchar que esas promesas, hechas antiguamente a los patriarcas se cumplen y se cumplen por la fidelidad de Dios.

Ese proclamar la fidelidad de Dios tiene que ser como el estribillo del misionero, porque efectivamente las personas a las que vamos a hablar seguramente, muy seguramente, tienen grandes dudas en su corazón. No es raro que la persona que sufre empiece a pensar: Dios se olvidó de mí. Eso no es raro y por eso nuestra presencia, nuestra sonrisa, nuestro lenguaje, nuestras actitudes, tienen que hablar de un Dios que siempre está ahí. Por algo nos decía el Papa Francisco desde el comienzo de su pontificado: Hay que primerear, hay que llegar pronto, porque ese llegar pronto es estar presente, es una manera de decirle a la gente: Dios es fiel. Y esa es la primera gran lección que nos trae este texto.

Segunda, nos dice el Señor Jesucristo, o mejor dicho, dice a los apóstoles y nosotros lo aplicamos a nuestro caso: «Vayan a las ovejas perdidas de Israel». Ovejas perdidas, por lo menos en español, esa expresión, perdido, significa física geográficamente, el que se extravió. Pero perdido también significa aquel que está echado a perder, es decir, aquello que ya no tiene remedio. Y, sin embargo, Dios quiere, y nos lo manda por boca de su Hijo Jesucristo, a que no demos por perdido a nadie, que no pensemos que nuestras palabras son inútiles, porque si no seremos el primer freno para nuestra propia misión. No pensemos que ninguna persona, por más endurecida que la veamos, es un caso perdido, porque Dios sabe encontrar a los que están perdidos. Y ellos serán entonces, casos encontrados, como me gusta decir.

Entonces, la segunda lección es, no seas tu propio obstáculo, no seas tu propio freno, no lo seas. Estás llamado a invitar a la esperanza. Entonces, lo primero es, proclama la fidelidad de Dios llegando pronto. Lo segundo es, no des por perdido a nadie. Sé un mensajero de esperanza. Cómo resuenan esas palabras, en el drama que está viviendo el mundo con esta pandemia. Y lo tercero es, dosifica tus fuerzas, lo comentábamos al principio de esta reflexión, Cristo no los mandó a los casos más difíciles. No, circunscribió la misión a las ovejas perdidas de Israel, la gente que ya tiene alguna base, la gente que tiene alguna instrucción. Dosifica tus fuerzas.

Hay personas que han tratado de evangelizar culturas muy duras, culturas muy resistentes y en realidad es esa cultura la que los ha cambiado a ellos. Esto ha sucedido sobre todo en Oriente, hay casos lamentables de misioneros católicos que fueron, por ejemplo, a tierras de Japón. Yo conozco casos, y luego se fascinaron tanto con la cultura japonesa y el ancestro japonés y la meditación japonesa, que al fin fue Japón quien los convenció a ellos. Lo mismo ha pasado en el Tíbet, lo mismo ha pasado en la India, no con todos, claro, pero sí con algunos misioneros. Dosifica tus fuerzas. No todos los casos están a tu alcance, no estás tú a la altura de todas las dificultades. Tres hermosas lecciones que nos dejan las palabras de Cristo al enviar a sus discípulos a misión.

Publícalo en Facebook! Cuéntalo en Twitter!

Derechos Reservados © 1997-2025

La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico,
está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente:
http://fraynelson.com/.

 

Volver a las homilías de hoy.

Página de entrada a FRAYNELSON.COM