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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Dios no se resigna ante el pecado de su pueblo por eso nos pide que seamos servidores de su Reino y a la vez que avanzamos midamos nuestras fuerzas.
Homilía o143007a, predicada en 20180711, con 6 min. y 43 seg. 
Transcripción:
El Evangelio de hoy ha sido tomado del capítulo décimo de San Mateo. Nos presenta la lista de los 12 apóstoles, nos presenta también el primer envío que Cristo hace a este grupo de sus discípulos más cercanos, y nos presenta también la consigna fundamental que Cristo les da a ellos, aparece al final del texto que hemos oído, Cristo les dice: «No vayáis a tierra de paganos, ni entréis en las ciudades de Samaría». La verdad es que Samaría, otros pronuncian Samaria, era considerada por los judíos prácticamente como tierra de paganos. Entonces, ahí tenemos una primera recomendación: «No entréis en tierra de paganos». Segundo: «Id a las ovejas descarriadas de Israel». Y tercero: «Anunciad que el reino de Dios está cerca».
San Mateo utiliza la expresión Reino de los Cielos, pero está perfectamente claro que se refiere a lo mismo que los otros evangelistas llaman Reino de Dios. Sucede que era costumbre muy arraigada en los judíos de la época, omitir al máximo mencionar a Dios por riesgo de utilizar inapropiadamente el Santísimo Nombre. Por eso preferían hablar del Altísimo o hablar de los cielos para referirse finalmente a Dios. Entonces, las recomendaciones o las directrices que les da Cristo son esas tres. Primero, que no vayan a tierra de paganos. Segundo, que vayan a las ovejas descarriadas de Israel. Y tercero, que anuncien que el reino de Dios está cerca.
¿Cómo podemos aplicar esas enseñanzas de Cristo a nuestra realidad? Sobre todo, puede resultar un poco confuso, porque aquí Cristo dice: «No vayan a tierra de paganos». Pero en el mismo Evangelio de San Mateo, en el capítulo 28, Cristo dice: «Vayan a todas las naciones». Entonces, hay como una contradicción. O tal vez no es una contradicción, tal vez lo que hay es una evolución. Evolución ¿por qué? Porque los apóstoles van creciendo y el desafío que en una fase posterior va a ser como natural para ellos, no es este el momento de proponerlo. Cada cosa tiene su momento y Cristo lo sabe muy bien y por eso Cristo, en este momento no les pone el desafío mayor. Ya vendrá el tiempo en el que, fortalecidos por el testimonio de la resurrección, fortalecidos por la unción del Espíritu Santo, llegarán hasta los últimos confines de la tierra, pero ese tiempo no ha llegado todavía.
Así que hay una primera, hay una primera enseñanza para nosotros y lo podemos mencionar como medir las fuerzas. Es necesario medirse, es necesario tener en cuenta que uno no puede desde el principio con todo. Yo me he encontrado, por ejemplo, con personas que han asistido a un grupo de oración o que han asistido a un buen retiro espiritual con cursillos de cristiandad o con Lazos de Amor Mariano con otros grupos. Y la persona llega con ese fervor tan grande y la persona quizás puede pensar que ahora, ahora puede convertir al mundo entero. Ten cuidado, ten cuidado, no es tan sencillo.
Concretamente, recuerdo el caso de un joven que estuvo en un buen retiro espiritual, encontró realmente la presencia y el reinado de Cristo en su vida. Y bueno, llegó el domingo de su retiro. El día lunes iba a la universidad y entonces uno de sus profesores, esta es una escena muy común, resultó ser un ateo y además con gran capacidad de burla en contra de la Iglesia Católica. Y este muchacho que venía con todo su fervor cristiano, pues él ya quería entrar a discutir con el profesor. El profesor era muy hábil, muy hábil en esa clase de discusiones. Lo hizo quedar en ridículo, lo hizo quedar como un fanático tonto. La intención del muchacho era buena, pero uno tiene que medirse, uno tiene que saber cuál es el momento. Y esa es la primera enseñanza.
Segundo, Jesús tiene en el centro de su caridad las ovejas descarriadas de Israel. Esto es muy importante, muy importante, porque, por una parte, nos muestra una compasión sublime y, por otra parte, nos muestra una fidelidad inquebrantable. Dios había hecho alianza con Israel y aunque Israel quiebre la alianza, Dios quiere ser fiel y Dios puede ser fiel. Y a mí esto me parece muy hermoso. Es decir, que este Dios bendito no se resigna frente al pecado de su pueblo. Y repito, misericordia y fidelidad son las dos claves para entender ese mandato de ir a las ovejas descarriadas de Israel. Es como si nos dijera, en materia de misericordia, no te acostumbres al pecado. Y es como si nos dijera en materia de fidelidad yo sigo siendo Dios y yo tengo todavía promesas maravillosas para esas personas, para esos hombres y mujeres.
En tercer lugar, les dice: Anuncien que el Reino de Dios está cerca. No los vuelve a ellos príncipes del Reino de Dios, no los vuelve a ellos reyes, los vuelve servidores del Reino de Dios. Es muy distinto decir: El reino de Dios está cerca, a decir: Conmigo llega el Reino de Dios. Y en esto también insiste mucho el Papa Francisco, nosotros somos servidores del Reino. Por eso hay expresiones que hay que procurar evitar, como esa expresión de: Vamos a construir el Reino de Dios. Vaya, vaya, qué expresión, le noto un, tiene un tono de arrogancia. Vamos a construir el Reino de Dios y cuando quede construido, vamos a decir: Lo hemos construido nosotros, eso está demasiado cerca de Babel y está demasiado lejos del Cenáculo. Servidores, el Reino de Dios está cerca, se hará realidad cuando sea el Señor el que reine, solo en ese momento. Son enseñanzas preciosas que podemos aprovechar y que están en el capítulo décimo de San Mateo.

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