Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

La infidelidad del corazón humano.

Homilía o143001a, predicada en 19960710, con 5 min. y 33 seg.

Click derecho para descargar versión MP3

Transcripción:

En la primera lectura hemos escuchado un oráculo del profeta Oseas. Oseas fue un hombre que llevó una vida muy triste y como persona se sintió herido y desamparado. Era un hombre casado, no sabemos si la infidelidad, la continua infidelidad de su esposa, era asunto ya conocido antes de que se casaran o empezó después de que se casaron. Lo cierto es que Gomer, que así se llamaba la esposa de Oseas, era una mujer, al parecer muy, muy amada por Oseas, de eso estamos seguros, pero además muy, muy infiel a él. Y este hombre queda como dividido entre el amor que tiene por ella, y que le impide como alejarse o repudiarla, y la tristeza y la ira que desde luego causan la infidelidad. Oseas tiene ese drama personal, ese drama familiar.

Y Dios toma a este hombre, que tiene esa tragedia, para contarle que esa es también la tragedia de Dios, que Dios también es como ese esposo demasiado enamorado de su esposa y la esposa, en este caso, es el pueblo de Israel. Ese esposo que no puede dejar de querer a Israel, a su esposa, a pesar de que la esposa se busca amantes, que en este caso son los ídolos, los cultos falsos. El colmo de las cosas está descrito en el texto que hemos oído hoy, qué pensaríamos nosotros de una mujer que cuanto mejor se la trata y más comodidades se le da y más se la consiente y más descansada está económicamente, más utiliza ese dinero para adornarse para sus amantes. Creo que seamos hombres o mujeres, reprobaríamos con fuerza esta conducta y seguramente sentiríamos un poco de la ira que sentía Oseas.

Pues, seguramente, Dios quiere que sintamos esa ira para que luego la apliquemos a nuestro corazón y digamos, pues si a ti te duele tanto que se ha defraudado el amor de un hombre que hoy es y mañana desaparece, imagínate lo que significa defraudar el amor del Dios que permanece para siempre. Además, los amores humanos no están exentos de eclipses, de estaciones, de borrascas, de imperfecciones. El amor de Dios, en cambio, es como el sol en el cielo limpísimo, es un día que no acaba, es una fuente inagotable, es el manantial mismo de la perfección. Es la bondad, la bondad comunicada a nosotros. Y por eso, Dios tiene que anunciar a través del profeta Oseas que esa situación, que esa continua infidelidad, traerá sus consecuencias.

Nosotros, por nuestra parte, sepamos entender lo que Dios nos está diciendo, sepamos que Dios ha sellado pacto con todos y con cada uno de nosotros, sepamos que la gran infidelidad del corazón humano es el pecado y sepamos qué hacer de la prosperidad ocasión de pecado es atraer sobre sí mismo la desgracia. Que Dios nos permita ser humildes y agradecidos en la prosperidad, suplicantes y confiados en la adversidad, que en todo tiempo podamos creer en Él, que Él nos regale amor para devolverle amor a Él, porque nuestro corazón, como el de esta pobre mujer, es inestable y un día dice que sí y otro día se niega. Danos, Señor, la firmeza de tu amor para poder amarte.

Publícalo en Facebook! Cuéntalo en Twitter!

Derechos Reservados © 1997-2025

La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico,
está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente:
http://fraynelson.com/.

 

Volver a las homilías de hoy.

Página de entrada a FRAYNELSON.COM