|
|

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
La cualidad principal y la herramienta fundamental de aquel que quiera trabajar en la mies del Señor es la misericordia: misericordia que va más allá de lo visible y que se preocupa por el camino de fe del prójimo.
Homilía o142010a, predicada en 20200707, con 21 min. y 7 seg. 
Transcripción:
Mis hermanos. Jesucristo nos llama a la oración en el Evangelio de hoy. Oración para que haya más trabajadores en la mies del Señor. Las características de estos trabajadores no son difíciles de deducir cuando miramos de qué trabajo se trata. Precisamente el texto de hoy nos ha mostrado las características generales de ese trabajo. Como cuando una persona va a entrar a una empresa o va a recibir un empleo y entonces le dicen estas serán sus responsabilidades y le presentan una lista de tareas, proyectos, cosas que debe tener presente y que debe sacar adelante.
Reflexionemos juntos. Les invito, hermanos, reflexionemos juntos sobre cuáles son las tareas de un trabajador de la mies del Señor y luego cómo podemos encontrar nuestro lugar dentro de esa mies, dentro de esa tarea, macro tarea que es la extensión del Reino de Dios. Si hablamos de cuáles son las responsabilidades del trabajador, debemos en primer lugar fijarnos en qué clase de corazón debe tener. Porque Cristo nos enseña en varios lugares del Evangelio que no hay que empezar por afuera, sino por dentro, Por ejemplo, en un lugar dice limpiad lo de dentro y lo tendréis limpio todo. No son palabras textuales, porque si te digo las palabras textuales te vas a internet y las encuentras muy fácil. Entonces te digo estas otras palabras para que te cueste un poquito más de trabajo.
Lo que dice Cristo es limpiad lo de dentro y todo lo tendréis limpio. Dónde se ve que hay que empezar por el interior. Hay que empezar la tarea dentro de nosotros. O dicho de otra manera, el primer trabajo de estos trabajadores está dentro de ellos mismos. ¿Y qué trabajo hay que hacer ahí? Antes de lanzarse a predicar, antes de lanzarse a curar enfermos, antes de lanzarse a buscar la extensión del Reino de Dios afuera. Lo primero es buscar que el Reino de Dios suceda adentro.
¿Y cuál es la característica de que ese reino de Dios está sucediendo adentro? El ejemplo nos lo da el mismo Cristo. Mira lo que dice el texto. Al ver a la gente, se compadecía de ellas. El requisito principal para estos trabajadores que Dios está buscando. El requisito fundamental ¿Cuál es? Gente de corazón compasivo. Gente a la que le duela el dolor de los demás. Eso es fundamental. Y la verdad, no se menciona ningún otro requisito. No se dice que hay que tener demasiados estudios, no se dice que hay que tener demasiado dinero, no se dice que hay que tener una protección especial, como esos trabajos en los que se necesita un determinado uniforme o una protección particular, qué sé yo, vestidos de seguridad, gafas para tus ojos, cosas que protejan tus oídos, casco para tu cabeza, no. Lo fundamental, la herramienta con la que va a trabajar el trabajador de Jesucristo. Su herramienta fundamental es la compasión.
Esto es muy llamativo, porque cuando uno habla de los trabajadores en la viña del Señor, los trabajadores en la mies del Señor, casi siempre lo primero que se pregunta son otras cosas. Se pregunta por los estudios. Se pregunta por la estabilidad psicológica, emocional. Todo eso es importante, pero, como suele decirse, primero lo primero.
Así, por ejemplo, en un discernimiento vocacional para ver si una joven, por ejemplo, quiere, dice querer entrar a una comunidad religiosa, hay que verificar esto. ¿Es una persona compasiva? ¿Le duele lo que ve en el mundo? Ah, pero es que yo voy para un monasterio de clausura. No pasa nada. Si vas para el monasterio de clausura, todavía tiene que ser mayor tu compasión. Te digo por qué. Porque desarrollar la compasión cuando se tiene ahí al enfermo tendido en una cama es más o menos sencillo. Pero cuando se quiere desarrollar la compasión y se está en una vida de clausura. La distancia misma requiere que sea más intensa y más madura la misericordia en ese corazón. Si no, esta persona se va a llenar de egoísmo, esta persona se va a llenar de comodidad o se va a llenar de escrúpulos, o se va a llenar, como decimos en Colombia, de mañas. Así pues, la primera tarea es verificar el propio corazón y conducirlo por la senda de la compasión. Sin esa tarea no hay posibilidad de ser reclutado para el trabajo de Cristo.
Pero observemos que hay muchas clases de compasión. Antes mencioné el caso de un enfermo. Usualmente las personas desvalidas, desprotegidas, enfermas, necesitadas, con necesidad de alimento, con necesidad de vivienda, con necesidad de salud, con necesidad de protección. Todas esas necesidades son fáciles de ver con estos ojos del cuerpo y por eso podríamos decir que hay una compasión, que es la compasión corporal, la que es propia de las obras de misericordia corporales.
La misericordia corporal es relativamente sencilla, tiene que estar muy mal una persona, tiene que estar muy podrido, me perdonan, un corazón, para ver por ejemplo un niño que sufre de hambre y no sentir dolor y no sentir ganas de hacer algo. Tiene que estar muy dañado el corazón de uno para ver, por ejemplo, lo que sufren tantas familias desplazadas por la violencia, por la pobreza, por la guerra. Ver ese sufrimiento y no sentir nada, eso indica realmente un daño espiritual. Y yo me atrevo a decir, psicológico muy grande. Por eso podemos decir que existe una compasión corporal, una misericordia corporal que es propia de nuestra naturaleza humana.
Salvo casos aberrantes o casos de endurecimiento de la conciencia, como sucede por ejemplo, en las personas que tienen industrias de aborto, Yo a veces miro en las noticias las declaraciones de la gente que dirige la máquina de abortos más dañada y más homicida del mundo. Se llama Planned Parenthood. Es una máquina de abortos y ellos exportan abortos y promueven el aborto en todas partes. Y uno, oye, por ejemplo, en general son mujeres las que están al frente de eso. Mujeres que tienen matriz, mujeres que tienen corazón modelado por Dios y sin embargo hablan con una absoluta tranquilidad de cómo el negocio tiene que seguir adelante. A cuál candidato hay que darle dinero para que apruebe y siga el aborto. O sea que esos casos existen.
Pero a donde yo voy es a que la compasión corporal es relativamente sencilla y es relativamente frecuente. Observemos, sin embargo, este dato no hay que dejarlo pasar. Observemos de qué compasión habla sobre todo Jesucristo. Dice que él se compadecía de las ovejas, de la gente se compadecía porque estaban extenuadas y abandonadas como ovejas que no tienen pastor. Esta es la compasión más propia de Cristo. Por supuesto que el corazón sensible de nuestro Señor siente dolor por el leproso, siente dolor por el niño abandonado, siente dolor por aquella mujer que ha sido explotada. Por supuesto. Pero eso es relativamente fácil de ver. La compasión de Cristo no se queda en lo que se ve. Siempre menciono aquel pasaje del Evangelio del paralítico que lo bajaron abriendo un boquete en el techo. Bajaron al paralítico y lo pusieron delante de Cristo. La parálisis todo el mundo la veía, pero la compasión de Cristo va más allá de esa parálisis. La compasión de Cristo ve la parálisis del alma. Y viendo esa parálisis del alma, empieza por el perdón de los pecados.
Para ser trabajador de Cristo hay que entrenarse en misericordia, pero no solamente en misericordia corporal. El niño abandonado, el anciano que sufre solo, el que está sin techo, el migrante desprotegido. Todas estas personas merecen atención, justicia y apoyo. Pero todavía no ha terminado ahí la compasión. La compasión tiene que dar un paso más alto o, si se quiere, más profundo. Y ese paso más profundo es el que encontramos en esta expresión como ovejas que no tienen pastor, extenuadas y abandonadas.
La misericordia no puede quedarse solamente en las personas que están sufriendo. Personas que están sufriendo físicamente, sino que hay que mirar si esa persona, además de su sufrimiento físico, está extenuado y abandonado como oveja que no tiene pastor. Y eso significa que muchas personas que las vemos en buena salud física, en buena salud afectiva, en buena salud económica, muchas personas deberían despertar en nosotros gran compasión, porque son personas que a pesar de que tienen todo eso y lo tienen, están como ovejas sin pastor.
Vemos sólo dos ejemplos. Piensa en el caso de un católico. Este es un muchacho católico. Él estudia en una universidad. En este momento no interesa si es o no católica la universidad, porque la verdad es que no hay mucha diferencia en cuanto a la población, para ser francos. Y este muchacho, católico él, tiene compañeros que tienen buena salud, tienen buena esperanza de trabajo, tienen amigos, no se les ven heridas abiertas, no son desplazados de la violencia, tienen un hogar donde dormir y cobijas con que abrigarse. No tienen ninguno de esos problemas. Ok, no tienen ninguno de esos problemas. Pero ¿Para dónde va esa vida? Esa es la pregunta en la que se mide si el corazón es realmente compasivo, ¿Para dónde va esta vida? Es una persona que no cree en Cristo. Qué vida va a llevar esa persona. Tal vez no está extenuada en este momento. Es una persona joven, no está extenuada, pero a veces también hay jóvenes ya extenuados. Eso también sucede. Y sobre todo, por qué camino va, por dónde va.
Ser trabajador de Cristo es hacerse esta clase de preguntas. Mis compañeros de clase, mis compañeros de trabajo, la gente que tengo en mis redes sociales, ¿Para dónde va? Esa es la pregunta ¿Para dónde va? ¿Están siguiendo el cayado de Jesucristo Buen Pastor? ¿Están dejándose orientar por Él? Ah, es que ellos son cristianos, ah son cristianos. Ahora se llaman cristianos en parte usurpando ese nombre, porque ellos no creen todo lo que dijo Cristo. Se llaman así muchos que son de origen protestante, nacidos en el catolicismo tal vez, pero se volvieron protestantes, evangélicos o lo que sea. Y esta persona ¿A ti te deja tranquilo, te deja tranquilo saber que esa persona cuando tiene que hablar de la Virgen María, la insulta, por lo menos la insulta con su indiferencia y tú te quedas tranquilo y siguen siendo amigos y aquí no ha pasado nada? O cuando esa persona que puede ser tu amigo de toda la vida, puede ser tu vecino, rechaza el regalo de Cristo en la Eucaristía. ¿A ti eso te importa? ¿Te importa o no te importa? ¿Te duele o no te duele?
Eso es lo que significa ser trabajador de Cristo, que a uno le duelan esas cosas, que a uno le duela. No solo el pequeño círculo de mi familia. ¿No eran familia de Cristo las ovejas descarriadas y extenuadas? No eran familia según la sangre. Entonces, para ser trabajador de Cristo se necesita misericordia, se necesita compasión. Y esa compasión, por supuesto, tiene que estar viva y manifestarse. Pero esa compasión, aunque empieza por lo material, no se limita a lo material. Esa compasión va mucho más allá. Finalmente, la pregunta que se hace es ¿Esta persona está siguiendo el camino del Señor, sí o no? Y que me duela si no es así. Si yo cultivó una amistad y todo bien y sonreímos y trabajamos y subimos y bajamos y corremos y saltamos. Pero yo sé que esa persona no sigue el camino del Señor. Entonces, ¿Cuál es mi trabajo para Cristo?
Y aquí pasamos a la otra pregunta que nos hacíamos ¿Cómo nos afecta esto a nosotros? A mí, por lo menos este Evangelio me pone a pensar. A mí este Evangelio me muestra lo estrecho, lo pequeño, lo limitado de mi corazón. Me doy cuenta que mi corazón es bien chiquito. Y me doy cuenta que Cristo me está diciendo deberían importarte mucho más y deberían importarte no solo por las necesidades visibles, sino por las que no son evidentes, pero ahí están. Esos son los trabajadores que necesita Cristo y por eso nosotros tenemos que orar. Dice Rogad al Señor de la mies, que mande trabajadores a su mies.
¿Por qué hay que rogar? Porque el corazón de nosotros, y me incluyo sacerdote como soy por misericordia de Dios, porque nosotros necesitamos para llegar a ser esos trabajadores, necesitamos realmente un cambio de corazón. Solo un corazón compasivo, un corazón que esté en plena sintonía con el corazón de Cristo, podrá de verdad ser trabajador de la mies del Señor. Lo demás, lo demás son oficios. Y uno puede tener el oficio de sacerdote y uno puede tener el oficio de monja de clausura y uno puede tener el oficio de ser un buen católico y la gente lo quiere a uno, lo quieren, pero es un oficio. Es como una ropa que te pones, ahí la tienes, pero ese no eres tú. Empezarás a ser, empezaremos a ser de verdad discípulos del Señor cuando llegue a nosotros esta compasión, esta misericordia, esta la que se duele de ver a la gente lejos del Señor. Esa es la misericordia de los santos. Esas son las lágrimas de una Catalina de Siena. Ese es el lamento de un Padre Pío. Esa es la oración de un Francisco de Asís. Ese es el clamor de un Domingo de Guzmán. Observen cómo lloraba en su oración, con gritos que podían ser escuchados a distancia. Oraba nuestro Padre fundador, Santo Domingo. ¿Qué será de los pecadores? Ese es un servidor de Dios. ¿Y es que eran parientes suyos? No, pero Dios los ama y están lejos de él. Y eso me duele. Ese es un trabajador. Ah, pero son buenas personas. No tienen vicios, se portan bien, son buenos ciudadanos. Esa no es la pregunta.
La pregunta es ¿Están bajo la autoridad de Cristo? ¿Le reciben a Cristo sus regalos, incluyendo la confesión, la Eucaristía, el bien de ser Iglesia y sobre todo, lo menciono de último porque es lo más maltratado, reciben a su Santísima Madre? Si eso no sucede, ¿Qué amigos somos? ¿Qué amigos somos de la gente y qué amigos somos de Dios? Entonces los santos nos muestran el camino y creo que tenemos una hermosa tarea por desarrollar. Roguemos, roguemos para que lleguen esos trabajadores. Pero roguemos también para hacer nosotros mismos esos trabajadores. Amén.

Derechos Reservados © 1997-2025
La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico, está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente: http://fraynelson.com/.
|