Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

No esperemos a que llegue el gran momento, hagamos eso pequeño pero que va en la dirección de Dios, eso que parece poco pero que hace reinar al Señor.

Homilía o142009a, predicada en 20200707, con 5 min. y 15 seg.

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Transcripción:

En cada lengua suele haber expresiones que muestran la frustración total. Así, por ejemplo, en español decimos a veces, no hay nada que hacer, es decir, todo está perdido. Cualquier esfuerzo será vano. Nada qué hacer. En francés utilizan como expresión de resignación. Cest la vie. Así es la vida. De nuevo, el sentido es no te esfuerces. No trates de cambiarlo. No hay nada que hacer. Hay una expresión que me llama la atención en inglés. Es muy gráfica Dont whipping a dead horse. Ya no le des azotes a un caballo muerto. Claro, si el caballo está vivo y le das unos cuantos azotes. Pues corre más rápido. Pero ya es un caballo muerto. Its a dead Horse. No hay nada que hacer. No le des azotes a un caballo muerto. No pierdas tus fuerzas. No pierdas tu tiempo. No pierdas tus esfuerzos. No hay nada que hacer.

Muchas veces la tristeza o la pereza o una combinación de ambas logran que en nuestro corazón se asiente esa clase de lenguaje. No hay nada que hacer. Es la disculpa perfecta para el egoísmo, para la comodidad, para la pereza, para el miedo y para un montón de cosas más. Estoy mencionando esto a la vista del Evangelio de la Santa Misa de hoy. Porque encontramos a nuestro Señor Jesucristo en un torrente de actividad, recorre pueblos, va a las sinagogas, sana a los enfermos, predica a las multitudes, libera a los posesos y pasa largos ratos en oración. Es decir, Cristo nos está mostrando con su ejemplo que sí, que hay mucho que hacer, mucho que hacer.

Y llama la atención la frase con la que termina el Evangelio de hoy. Dice la mies, o sea la cosecha. La cosecha es grande, es mucha, los obreros son pocos. Es decir, que Cristo no solo hace muchas cosas, todas en favor nuestro, todas para la gloria del Padre. No solo hace muchas cosas. Cristo se da cuenta que además de todo lo que él hace, hay mucho más que habría que hacer. Y para ese más, para todo eso que habría que hacer. Para eso Él quisiera tener más manos. Quisiera tener manera de multiplicarse. Y en efecto, Cristo nuestro Señor, se multiplica a través de sus discípulos y muy particularmente a través de sus ministros. Cristo se multiplica, pero quisiera multiplicarse mucho más.

Qué había en los ojos de Cristo, qué había en el corazón de Cristo, que le permitía reconocer esa necesidad, y al mismo tiempo que sí, que hay mucho que se puede hacer. Todo parece indicar que es aquí donde entendemos muchas de las parábolas sobre el reino de Dios que Él nos dio. Recuerdas cuando nos dijo, por ejemplo, que el reino de Dios se parecía a un poquito de levadura que luego fermenta toda la masa. O cuando nos dijo que el reino de Dios se parecía a un granito de mostaza tan pequeñito pero que produce algo tan grande. Es como si Cristo nos estuviera diciendo no esperes a que llegue el gran momento, no esperes a que llegue tu gigantesca batalla.

Haz eso, pequeño, pero que va en la dirección de Dios. Haz ese poquito que hace reinar a Dios en lo más pequeño, tal vez. Siembra esa semilla, no dejes de sembrarla y te darás cuenta que ese poquito produce muchos poquitos, esa semilla produce muchas semillas y tú también eres operario del Reino de Dios.

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