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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
La "mies" son aquellas personas que, en su condición de necesidad, no se apoyan en sí mismas y así libres del daño fundamental de la soberbia, pueden abrirse al auxilio divino.
Homilía o142007a, predicada en 20160705, con 17 min. y 40 seg. 
Transcripción:
La palabra mies se refiere a la cosecha que está lista para ser recogida. No se habla de mies cuando apenas se ha sembrado. Se habla de mies cuando ya las plantas, típicamente las espigas, están maduras y listas para ser cosechadas. ¿Cuál es la cosecha de la que habla Cristo? Según este relato de San Mateo en el Capítulo Noveno, debemos entender la cosecha de la que habla Cristo en relación con la frase anterior.
Al ver a la gente, se compadecía de ella porque estaban extenuadas y abandonadas como ovejas que no tienen pastor. Viendo a esas multitudes abandonadas y extenuadas, Cristo ve la mies. Podríamos decir que ahí es donde está lista la cosecha, pero hay que recogerla. Esto se pone un poco extraño. ¿Por qué es mies? ¿Por qué es cosecha lista para ser recogida, una multitud de gente extenuada y abandonada? Porque cuando uno está en una situación de cansancio extremo, de necesidad muy grande. Cuando uno está desprovisto de todo auxilio, de algún modo el corazón se prepara para recibir alguna ayuda. Pasar por tiempos de necesidad, pasar por situaciones de precariedad no es algo que a uno le guste. Pero la precariedad, el despojo, la necesidad, el abandono son situaciones en las que el orgullo se resquebraja y cae. Son situaciones en que las murallas de soberbia y los prejuicios se derrumban. Por eso las crisis suelen ser oportunidades.
Si miramos las vidas de muchos santos o si escuchamos el testimonio de muchos contemporáneos nuestros, veremos que con frecuencia un tiempo de dificultad de crisis ha sido una oportunidad para que la persona se vuelva hacia Dios. Un ejemplo clásico es lo que sucede en la historia de San Ignacio de Loyola. Disminuido en sus fuerzas físicas, recluido en su habitación por una larguísima convalecencia, San Ignacio se ve en una situación de necesidad. Pero en esa situación de necesidad, todo el afán de gloria humana y todo el afán de grandeza según el mundo, pasan a segundo plano. Ignacio se abre y de hecho, como lo sabemos bien, esa convalecencia es el comienzo de toda una historia bellísima de conversión, de amor, de generosidad y de santidad. O sea que las crisis son oportunidades. Y la multitud de personas que están extenuadas y abandonadas no debemos verlo simplemente como una ocasión para nuestras quejas. ¡Qué podrido está el mundo! ¡Pero qué mal que está esto! ¡Qué mal que va a Colombia! ¡Qué horrible lo que está pasando! De esas quejas sale muy poco. Cristo propone una perspectiva distinta.
La perspectiva de Cristo es, ahí puede haber una oportunidad. Tanta gente en crisis, tanta gente que se siente abandonada, abandonada de sus amigos, de su familia, de sus supuestos amores, abandonada del gobierno local y estatal y nacional. Tanta gente abandonada. Seguramente es una abundancia de oportunidades. Los brujos y los protestantes saben aprovechar muy bien esas oportunidades. ¿Quién toca a la puerta del consultorio del brujo? Una persona que está en grave necesidad. ¡Ya no sé qué hacer! Entonces el brujo le da una explicación. A usted le hicieron algo y grave le tiraron a matar. Yo no sé cómo usted está caminando, porque mire, lo que usted le hicieron era como para acabarlo. Nos va a tocar ponernos a trabajar en esto desde ya, pero esto se le va a ir largo. Le cuento porque fue muy fuerte el ataque. ¿Usted tiene muchos enemigos, verdad?. Claro, la persona que está en necesidad, que ve por todas partes enemigos. Sí, sí, yo tengo bastantes enemigos. Bueno, vamos a ir trabajando en esto. Pero esto es duro. Esto es duro. Parece que hay una persona que le tiene a usted una envidia brutal. Usted no tiene por ahí en su radar una persona que le envidie, qué no tiene alguien que le envidie. Todo el mundo. Todos podemos pensar en alguien. Sí, tal vez mi cuñada. Yo creo que mi cuñada. Yo creo que un compañero de trabajo. Yo creo que me tiene envidia.
Y con ese lenguaje tan fácil de generar y tan pegajoso y seductor, el brujo va envolviendo a la persona. Desde gente de muy baja formación hasta grandes empresarios y hasta jefes de Estado. Hugo Chávez, por ejemplo, era adicto a la brujería, adicto al espiritismo y metió en la Casa de gobierno el Palacio de Miraflores, metió todo tipo de brujos y espiritistas a ver si lo curaban, a ver si se afianzaba en el poder, a ver si vencía a sus enemigos. Entonces la crisis puede llevar a la persona a la brujería y la gente llega allá por esas necesidades. ¿De qué? Salud, dinero y amor.
Los protestantes también son expertos en esto. El protestante que quiere compartir la buena noticia de Jesucristo, según él entiende la buena noticia. Está muy atento. Los protestantes son como la torre de control en el aeropuerto. Siempre tienen prendido el radar. Un día, la muchacha protestante de la cruzada estudiantil y profesional de Colombia o de la iglesia Bethesda o de cualquier grupo de esos, se da cuenta que una compañera de trabajo llega hombros caídos, mirada al piso. Se le ve el fracaso en la cara. Amiga, ¿Qué te ha pasado? Se acerca. ¿Qué te ha pasado? Estoy destrozada con este problema de mi hija. Parece que la están induciendo a consumir drogas. Yo no sé ya qué hacer. Yo he acudido mucho a la virgencita para que me ayude. De una vez el protestante aplica el principio hermenéutico clásico de los colombianos, papaya puesta, papaya partida. Perdóname que te diga amiga, pero es que es que le está rezando a ídolos muertos. Perdóname, yo no te quiero irrespetar, pero esa fijación que tú tienes con lo que tú llamas la virgencita, eso no es de Dios. Mira que el Señor dice no hagáis ídolos, mira el texto de Oseas dice. Hay un texto de Oseas que dice hasta cuando no podréis ser limpios. Un escultor lo hizo y no es Dios. Fíjate. Capítulo Octavo de Oseas estás contradiciendo la palabra del Señor, y el Señor está retirando la bendición de tu vida. Dile sí a Jesucristo y verás cómo empieza a cambiar tu vida. Yo estuve en una crisis como la tuya. Yo era la que más rezaba novenas. Yo era pegada de esa camándula así como la tienes tú. Abre la cartera y esta abre, tiene ahí su rosario. Yo vivía pegada de eso, pero un día descubrí al Señor Jesús y mi vida cambió. ¿Me acompañas el próximo sábado a la reunión? O sea que los protestantes saben aprovechar la mies. La crisis. Saben aprovechar la dificultad.
El único que no sabe aprovecharla es el párroco. El párroco no, porque si el párroco cierra las cinco y cuarto y de las cinco y doce minutos le llega el muchacho en crisis, el párroco lo que está pensando es cómo despacho a este tipo. Cómo hago para que no se me dañe, porque ya no, ya a está hora ya, yo ya no estoy para esto. Está desperdiciándo la mies. No, sí, terrible lo que estás viviendo, muchacho, gravísimo, gravísimo eso. Pero mira, es que estoy muy ocupado. Que ocupado, que tiene que ir a comprarse un portátil con un amigo. Estoy muy ocupado ahorita no puedo. Materialmente no puedo. Te parece si vienes a ver mañana, no, porque mañana es la final de la Eurocopa. Venga, a ver, tú podrías pasado mañana, tampoco, porque tengo el asado aquel. Podrías venir en unos tres días. Si, padre. Si no vengo en tres días, espéreme en treinta años. Oyó, Padre, adiós. El católico es el único que no sabe aprovechar la mies. No sabe aprovecharla porque nos falta esa mirada. Algunos la tienen. No hay que generalizar. Quizás yo estoy hablando porque yo soy un mediocre, pero es posible que ustedes tengan una mirada mucho más despierta.
Entonces el buen discípulo de Cristo tiene la mirada despierta. Hay que cultivar ojos de búho, hay que tener esos ojos grandes y estar revisando antes de que llegue el brujo, antes de que llegue el ateo, antes de que llegue el protestante. Hay que llegar antes. Eso es lo que nos dice el Papa Francisco con el verbo primerear, que ahora no lo utiliza tanto, pero por ahí lo utilizó al principio de su pontificado. Hay que llegar primero. Antes de que llegue la chica protestante a sonsacar a la amiga de la religión católica, hay que llegar antes. Hay que primerear, hay que llegar primero, dice el Papa Francisco.
Ahí entendemos lo que quiere decir la mies. La mies es esa mirada atenta y la conversión pastoral nuestra, porque muchos de ustedes ya cumplen labores de verdadero pastoreo. Ya ustedes tienen responsabilidades en parroquias, en colegios, en misiones. Ustedes ya tienen tarea. Entonces, ¿Qué pasa? Usted tiene que tener esa mirada de radar. Usted no puede ver simplemente un salón con treinta estudiantes, no, por Dios. Usted tiene que ver treinta historias aquí. Treinta historias. ¿Cuáles estarán listas? Cuáles estarán ya maduras, maduritas listas para la cosecha. Usted tiene que estar alerta porque esos que están listos para la cosecha, es decir que están extenuados y abandonados. Si usted no llega ya después, probablemente es demasiado tarde. Pasaron los tres días y el párroco dice ¿oye, qué será del muchacho aquel? Como que no vino. Yo le dije que llegara a las once y veinte, que lo atendía entre once y veinte y once y veinticinco. Y ahora, pues no, parece que no llegó. Bueno, será que se le arregló su problema. Esos son problemas que todos pasamos. Ya se le arregló su problema. Claro, ya se le arregló. Ya se metió a drogadicto. Ya se cambió de religión. Ya fue donde el brujo. Ya aprendió a hacer meditación trascendental. Ya se le arregló su problema. Y luego espérelo. Siéntese a esperarlo y espérelo treinta años que quizás en treinta años vuelva a la Iglesia Católica. Nosotros tenemos una tremenda responsabilidad delante de Dios por descuidar la mies.
Ahora entiende usted cuál es el tema de los trabajadores. Si la mies es esto que hemos venido explicando. Entonces, ¿Qué es un trabajador de la mies? Un trabajador de la mies ¡Ay, Dios mío! Yo tiemblo al decirlo. El trabajador de la mies, es el que ha nacido del corazón de Cristo. Es al que le duelen, le duelen las almas, es al que le duelen, le duelen los pecados, le duelen los escándalos. Trabajador de la mies es un Santo Domingo de Guzmán que se postra de noche y siente que el pecho le arde de amor y de dolor y grita Señor, ¿Qué será de los pecadores? Ese es trabajador de la mies, ese es un trabajador de la mies. Trabajador de la mies es un San Francisco Javier que sale de la comodidad de París a darle la vuelta a África por debajo. A pasar por el Golfo de Madagascar. A llegar a la India y a seguir hacia China y Japón. Porque le duele que la gente no sepa de Jesús. Esos son los trabajadores de la mies. Y en fin, tendríamos que hablar de tantos.
Entonces, ahora sí. ¿Qué significa rogar al Señor de la mies que mande trabajadores? ¿Qué significa eso? Significa, por una parte, claro, lo que siempre se aplica, es que lleguen más vocaciones, que haya más seminaristas, que haya más novicias. Eso es parte de la respuesta. Pero realmente lo que necesitamos ¿Qué es? Según esta explicación, sí es correcta. ¿Qué es rogar al Señor de la mies? Es pedir la conversión pastoral. Decía Pío doce en un discurso a los sacerdotes eran doce los apóstoles y cambiaron el mundo. Nosotros, sacerdotes, somos miles y miles, y el mundo se muere. O sea que no es simplemente asunto de número, es asunto de conversión en el corazón, es asunto de celo por las ovejas de Cristo. Es asunto de conciencia de lo que vale cada alma, cada historia. Eso es un trabajador de la mies. ¿Y qué significa que el Señor de la mies mande trabajadores a la mies? Significa que el Espíritu Santo haga arder esos corazones nuestros y de otros, para que vayamos a llevar la Buena Noticia de la misericordia y de la conversión a muchas historias.

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