Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Jesús a través de la oración nos hace personas nuevas, abriéndonos los oídos para recibir su palabra de salvación y abriéndonos la boca para hacernos testigos su redención.

Homilía o142006a, predicada en 20160705, con 4 min. y 48 seg.

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Transcripción:

El Evangelio de hoy está tomado del Capítulo Noveno de San Mateo. Empieza en un tono alegre. La curación de un sordo y mudo. Luego viene la aclamación de la gente. Nunca en Israel habíamos visto algo semejante. Es decir, el capítulo o el texto de hoy, digo mejor, empieza en ese tono de victoria y de alegría. Pero luego el tamaño de la necesidad, el tamaño del dolor, el tamaño de la carencia, cambia el tono. Ovejas extenuadas y abandonadas. Ovejas sin pastor.

Primer punto alto, la alegría de una curación. Segundo momento, bajo la conciencia de la inmensa necesidad del terrible dolor que hay en el mundo. Tercer momento mediano-alto, la invitación a orar con fervor, con constancia, indudablemente, con confianza, al dueño de la mies. Ese es el movimiento del Evangelio de hoy. Arriba, luego ese momento bajo y luego la esperanza a través de la oración.

Hay que destacar que Jesús curó a uno que era sordo y mudo. El problema es que hay muchos que son sordos y que están mudos, muchos. Ese es el problema. El problema es que son muchos los que no escuchan. No sólo no escuchan la voz de los demás porque sus oídos están mal. Sobre todo, hay muchísimos que están sordos a la voz de Dios. Y el problema es que hay muchísimos que están mudos porque no dan testimonio de su fe, porque no saben cómo defender lo que creen, porque son cobardes, o son ignorantes, o son cómplices, o han apostatado silenciosamente de aquella fe que un día practicaron, la fe que recibieron de sus familias.

Por eso, así como hay que alegrarse en el punto alto, con cada conversión, con cada curación y con cada milagro, también hay que tomar conciencia de la inmensa necesidad. Hay que tomar conciencia de las dimensiones del problema. Hay que tomar conciencia de cuántos requieren de esa Palabra de Cristo, de esa mirada de Cristo, de ese amor de Cristo. Y en la medida en que tomamos conciencia de eso, los que algo ya hemos escuchado, empezamos a hablar. El mismo que cura nuestra sordera cura nuestra mudez. El mismo que ha abierto nuestros oídos para recibir la palabra de salvación abre nuestra boca para hacernos testigos de la salvación. El mismo que ha abierto nuestro corazón para que experimente misericordia, abre luego también ese corazón para que sea misericordioso.

Esta es la dinámica del Evangelio. Y solo la fuerza de la oración mantiene ese fluir entre la sanación de la sordera y la sanación de la mudez. Solo ese fluir de la misericordia puede hacer de nosotros personas nuevas para que el corazón de Cristo descanse y se goce. Nosotros nos gozamos en la curación que Él hizo. Ahora que Él se goce viendo en nosotros corazones semejantes a los suyos, capaces de amar y compadecer.

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