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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Sucede algo paradójico: la gente culpa a Dios de las consecuencias de decisiones que nunca consultaron con Dios.
Homilía o142005a, predicada en 20140708, con 20 min. y 2 seg. 
Transcripción:
Queridos hermanos, con mucha frecuencia es más fácil acercarnos a los pasajes del Nuevo Testamento, sobre todo del Evangelio. Los sentimos más cercanos a nosotros, más fáciles de comprender. Pero hay que tener cuidado y no descuidar los textos del Antiguo Testamento. Porque cuando terminó la primera lectura. La persona que terminó dijo Palabra de Dios y todos respondimos ¿Qué? Te alabamos señor. Fíjate lo que se dice Palabra de Dios es una palabra importante, no la podemos dejar perder. En general, va a ser más sencillo de entender el Evangelio siempre. Pero no hay que descuidar estos pasajes del Antiguo Testamento, porque Dios era y es Dios. Y cómo Dios habló a este pueblo en esas circunstancias. Hay un valor permanente en esos textos del Antiguo Testamento, así cueste un poquito más entenderlos. En esta ocasión quiero invitarlos a que hagamos ese ejercicio. Vamos a acercarnos al profeta Oseas, capítulo octavo. Y vamos a ver qué podemos concluir de este texto, aunque sea un poco extraño al principio. Lo que aparece ahí es un mensaje que Dios envía a través de este profeta que se llamaba Óseas. Y yo creo que la primera línea, la primera frase que dice Dios es la que da la clave fundamental. Se nombraron reyes sin contar conmigo. Y más adelante dice: Siembran viento y cosechan tempestades. Se nombraron reyes sin contar conmigo. Cuando yo escuché esa frase, me acordé de un señor. Que vino a quejarse una vez al convento donde yo vivo. Este era un hombre casado. Y él venía a quejarse porque él decía Yo no puedo creer más en Dios. Yo no puedo creer en Dios, porque yo no soy feliz en mi matrimonio. Yo no puedo creer en Dios porque mis hijos son unos desagradecidos. Yo no puedo creer en Dios porque el socio que yo tenía en un negocio me resultó tramposo y me robó a mí. Todo me ha salido mal. Yo no puedo creer en Dios. Era una persona que estaba muy atribulada. Cuando una persona está así, tan llena de amargura, es muy difícil hablarle. Casi siempre toca es dejar que la persona se desahogue, pero después de que estuvo hablando un buen rato renegando de Dios, después de que ya habló bastante, ya como que se cansó de quejarse y me dijo o usted ¿qué opina padre? me lo dijo ya al final, después de un buen rato. Y ahí es donde yo veo la comparación con este texto de Oseas, capítulo octavo. Aquí dice el profeta Oseas: Se nombraron reyes en Israel, pero sin contar conmigo. Y la relación que yo veo es que muchas veces damos una cantidad de pasos en la vida, pero sin contar con Dios. Y a mí me asombra la cantidad de decisiones. Decisiones serias, decisiones graves que muchas personas toman sin contar con Dios, para nada. Así que después de que este hombre que les estoy contando ya se desahogó, ya dijo todas sus blasfemias y todo terrible. Yo le pregunté y le dije. Le puedo hacer, le puedo hacer una pregunta. Sí, dígame. ¿Usted cuándo conoció a esa mujer con la que se han llevado tan mal, con tanta violencia y tanta incomprensión, usted hacía oración en esa época de su vida? Padre, para serle sincero, yo era un católico del montón y con eso le quiero decir que yo nunca iba a misa, nunca iba a misa. Iba a misa si se moría alguien o si se casaba alguien, que es parecido. Pero yo no iba así mucho. Yo no iba mucho a misa, decía él. ¡Ah! . Y cuando ya usted conoció a esa mujer, usted le pidió a Dios que le iluminara, que le mostrara si esa mujer le convenía, si usted iba a ser un buen esposo para ella y ella iba a ser una buena esposa para usted. Usted qué oraciones hizo usted fue a alguna iglesia. Se puso a leer la Biblia, buscó algunos salmos, se hizo amigo del Rosario porque iba a tomar una decisión muy importante. Va a tomar una decisión que le va a afectar la vida entera. Usted en ese momento, ¿qué hizo? Bueno, como tengo que hablar, sinceramente le voy a decir que a mí me pareció que era una mujer muy bonita. A mí ella me gustaba mucho, mucho, mucho. Y yo me di cuenta que yo también le gustaba a ella. Vi que era una mujer que tenía una buena posición en la empresa en la que ella estaba y vi que era una persona que estaba en superación, que era una persona que no se estancaba sino que quería subir. Y a mí me gusta la gente que tiene, que tiene ganas, que tiene fuerza, que tiene energía. Me fastidia la gente pasiva. Resumiendo, este señor no contó con Dios. Y resulta que muchas veces en el matrimonio, esa mujer que era tan ambiciosa profesionalmente, ponía en primer lugar su ambición. Resulta que ella se dio cuenta que tenía que hacer una maestría en negocios internacionales y entonces habló con el esposo y le dijo: Yo creo que voy a tener que viajar el próximo mes. ¿Cómo así que tienes que viajar? Si no te estoy pidiendo permiso, le dijo ella muy seria. No te estoy pidiendo permiso. Como es una mujer muy capaz, como es una mujer que tiene aspiraciones y es ambiciosa, ella no se le va a arrodillar a cualquier hombre. No, no te estoy pidiendo permiso. Te estoy contando simplemente. Esta es la oportunidad que yo estaba esperando todo el tiempo. Entonces me voy. Voy a estar como un año y medio en México. Voy a adelantar mi maestría. Una maestría bilingüe. Bueno, ¿pero yo dónde quedo? ¿No te quedas donde estás? Yo a ti no te estoy moviendo. Tú quédate ahí donde estás. Soy yo la que se va. Tú te quedas ahí donde estás. Esto por describirle solamente una de las peleas que tuvieron. Ahora él era lo mismo. A él lo que le fastidiaba era que ella no se le sometiera. Pero él era lo mismo. Él tomaba sus decisiones. El dinero que le daban a él en la empresa. Ganaba buena plata el hombre. Él la tenía en una cuenta que la manejaba él solo. No quería que la esposa supiera cuánto dinero ganaba él y la explicación que él le daba a los amigos era cuando la esposa sabe lo que uno está ganando, empieza a gastar más. Ese era el matrimonio. Te puedes imaginar cuántas discusiones, cuánta amargura, cuántas peleas. Ambos sumamente arrogantes, sumamente orgullosos, porque yo soy muy capaz. Sentía él. Y ella decía sí, yo también soy muy capaz. Yo no necesito un hombre. Esa frase se la repitió varias veces en los años de matrimonio, hasta que al fin eso se rompió. No es que yo no necesito un hombre para sobrevivir. Bien, me enseñó mi papá, sea independiente, mi hijita sea independiente para que no tenga que estarle mendigando a ningún macho por ahí. Entonces ella era independiente para no mendigarle a ningún hombre. Probablemente esa mujer en otras circunstancias, hubiera podido ser una esposa muy distinta. Tal vez ese hombre, en otras circunstancias y cambiando algunas ideas, hubiera podido ser un gran esposo. Pero ¿qué pasó? Que ellos se casaron simplemente por razones mundanas. Es decir, a mí me encantó el cuerpo de ella. Me gustó su manera de ser, me gustó que tenía clase. Eso fue lo que a mí me gustó. Y entonces ¿dónde entra Dios ahí? Pues no entra por ninguna parte. Pero cuando las cosas salen mal. Contra ¿quien se quejan? Contra Dios. ¿Dónde está Dios? Yo ni tengo esposa ni tengo nada. Eso que tengo no se llama esposa, ni es matrimonio, ni es nada. Ahí sí se queja. Entonces eso es lo que nos dice el profeta Oseas. Se nombraron reyes sin contar conmigo, se nombraron príncipes sin mi aprobación y luego empezaron a hacer ídolos con su plata y su oro. Hicieron ídolos para su perdición. Porque claro, en este matrimonio que les cuento, cada uno tenía tres o cuatro tarjetas de crédito. Cada uno tenía un cupo completo de veinte, treinta o cincuenta millones. O sea que ellos manejaban mucha plata, pero eran ídolos y sus ídolos y su oro y su plata les sirvieron para su perdición. Primera lección que aprendemos del profeta Oseas. El día de hoy hay que contar con Dios en las grandes decisiones de la vida y también en otras más chiquitas. Al escoger carrera, al escoger amigos, al escoger pareja, dónde voy a vivir. Esas cosas hay que orarlas. Si yo les contara a ustedes la cantidad de historias tristes que he conocido, incluso en mi propia familia, porque en todas partes pasa lo mismo, la gente no hace oración. Descartamos a Dios, pero cuando las cosas salen mal, Dios no me quiere. Dios no existe y tonterías de esas. Esa es la primera lección que nos dice, démonos cuenta. Y luego hay una frase. Hay una pregunta, una pregunta muy profunda que dice Oseas. Hacia la mitad del texto de hoy, ¿cuando lográrais la inocencia? La palabra inocencia es una palabra muy bonita que viene del latín y que indica aquello que ni siquiera ha conocido el mugre, inocente. Originalmente quiere decir aquel que no conoce, pero se refiere específicamente a aquel que no conoce el sucio, el mugre, la mancha, el pecado, por ejemplo. Es muy importante esto porque esta pregunta a mí me gusta mucho, porque está mostrando que cada uno de nosotros tiene una gran capacidad para meterse en problemas, pero luego no tenemos la misma capacidad para salir de los problemas. Pasa lo mismo que con estos animalitos, los gaticos, que un gato es capaz de subirse al árbol más alto que tú le pongas, pero ya luego la bajada ya es complicada. Así somos nosotros para subir en el árbol de los problemas, fácil. Como este hombre, con sus veinte o treinta años de matrimonio que tenía, la vida se le había enredado por todas partes, como el gato que se subió al árbol ese. Y ahora lo que él estaba era maullando, lo que él estaba diciendo era: Y ahora yo cómo me bajo de aquí. Y ahí es donde dice el profeta Oseas ¿Cuándo vas a lograr la inocencia? Es decir, ¿cuándo vas a lograr salirte de tus problemas? Una pregunta retórica que en realidad significa: Tú no puedes salirte solo de tus problemas. O sea que aquí nos está contando dos cosas el profeta. La primera, la que ya dijimos; aprendamos por favor a consultarle a Dios nuestras cosas. Y la segunda muy importante es que tenemos que darnos cuenta que nuestra capacidad de meternos en problemas es mayor que nuestra capacidad de salirnos de los problemas. Por eso uno tiene que ser humilde, por eso uno tiene que ser humilde y por eso uno tiene que decir: Sálvame, Señor y sáname, Señor, porque he pecado contra ti. Y eso no se arregla de cualquier manera. Dice aquí Oseas: Aunque inmolen víctimas en mi honor, al Señor no le agrada. Porque también hay gente que quiere revestir de religiosidad su vida, pero de un modo superficial, como un barniz. Lo que Dios quiere es que nosotros reconozcamos nuestra radical impotencia para bajarnos de ese árbol horrible donde nos hemos trepado con nuestros problemas. Lo que Dios quiere es que nos demos cuenta que tenemos que acudir a Él con todo el corazón. Esta historia que les cuento tuvo un desenlace bonito, no gracias a mí. Yo ahí realmente tuve poco que ver. Pero tuvo un desenlace bonito porque resulta que una amiga de la señora esta le recomendó unos retiros espirituales. Unos retiros que hacen de fin de semana. No sé si fue con los cursillos de Cristiandad o con una cosa que se llama Emaús. Hacen unos retiros espirituales de fin de semana y esta señora hizo ese retiro y ahí empezó a cambiar ella. incluso hizo lo que hacía muchos años que no hacía confesarse. Y luego ella le dijo al esposo y el esposo fue al retiro de hombres porque hacen retiró aparte para mujeres y para hombres. Él fue al retiro de hombres y él también hizo lo que hacía muchos años no hacía. También se confesó y empezaron. Cuando se volvieron a Dios, se dieron cuenta que ellos solos no podían resolver el problema porque eran como el gato trepado en el árbol. Pero cuando ya volvieron a Dios, se dieron cuenta que cada uno era un tremendo arrogante. Se dieron cuenta que cada uno había sido muy violento con el otro y se dieron cuenta que ambos habían sido terriblemente egoístas con ellos y con los hijos. Y se dieron una oportunidad, pero ya no desde la arrogancia ni desde el egoísmo, sino desde la oración y desde la humildad. Y ese matrimonio por el que nadie daba cinco centavos se alcanzó a salvar. Por eso te digo que las lecturas del Antiguo Testamento, cuando uno las va aprendiendo a interpretar, son bonitas, porque esta, por ejemplo, es una lección que también nos sirve a nosotros. Y la lección fueron dos cosas. Primera, que toda decisión importante, por favor, haz bastante oración, pero de corazón, buena oración. Y segundo, si te ves metido en problemas, deja la arrogancia, deja de pensar que tú lo puedes lograr todo. Deja de pensar que tú puedes lograr la inocencia y más bien vamos a entrar en una tónica de humildad, de arrepentimiento y de conversión. Porque muchas veces el Señor salva lo que ya parecía completamente perdido. Con esta esperanza y con esta alegría, sigamos nuestra celebración.

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