Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Cuatro actitudes erróneas y una correcta: (1) Ignorancia; (2) Impotencia; (3) Indiferencia; (4) Temor servil; (5) Amor perseverante.

Homilía o142003a, predicada en 20120710, con 3 min. y 59 seg.

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Transcripción:

Queridos hermanos. Cuando se trata del mundo y de sus necesidades, podemos decir que hay cinco actitudes vitales que uno puede tomar. A veces está la ignorancia no enterarse uno de los problemas o de los dolores de los demás, simplemente meterse en sus asuntos, encerrarse en su burbuja y vivir relativamente tranquilo. Esa es la actitud de la ignorancia voluntaria. Existe también la actitud de la impotencia. Nos abruma a veces el tamaño del mal, los dolores, los problemas que tantos padecen y a veces nos paraliza un sentimiento de impotencia. Puede suceder también la indiferencia. Sé que hay gente que está sufriendo. No me siento impotente para ayudar, pero no está en mi escala de prioridades, no está en lo inmediato mío. Aparte de esas tres actitudes que corresponden a las tres grandes potencias del alma, en la antropología de San Agustín y de Santa Catalina, hay otras dos actitudes que son las que aparecen en el Evangelio de hoy.

Cuando uno intenta hacer algo bueno, siempre surge una oposición. Por eso decía algún gracioso ninguna obra buena queda sin castigo. Y en ese sentido le aconteció lo mismo a Cristo. Estaba sanando gente, estaba liberando gente y siempre hubo quien encontró algo que criticar, incluso hasta llegar al insulto y la blasfemia. Este echa a los demonios en virtud del príncipe de los demonios y en esos momentos la indignación o el temor de enfrentar esa oposición también pueden detenernos. Y esa también es una actitud vital. Corresponde a las personas que tienen recuerdos de cuando quisieron ser buenos, cuando trataron de ser buenos, pero se cansaron, se aburrieron de la ingratitud de la gente.

Finalmente, y es la quinta actitud y es la que toma Cristo. Es la actitud del que persevera en el bien, el que persevera sembrando, el que persevera trabajando en la viña del Señor. Para llegar a ese punto hay que vencer todos los anteriores obstáculos. No puede caer uno en la ignorancia, tiene que tener las antenas bien colocadas, los ojos abiertos y el corazón sensible. No puede dejarse llevar por la impotencia. Es verdad que no podemos cambiar el mundo entero, pero sí podemos hacer. Cada uno puede hacer su parte, no dejarse llevar por la indiferencia.

Por eso es tan importante separar en nuestro dinero, en nuestro tiempo y en nuestros afectos, siempre algo para alguien que no lo merezca, para alguien que no sea de mi círculo, para alguien que no pueda retornarme nada. Es una de las maneras eficaces de luchar contra la indiferencia que a veces se viste de egoísmo. Uno se puede encerrar en su propio clan o en su propio grupo de intereses. Vencidos, esos tres grandes obstáculos hay que vencer el otro, no detenerse ante la ingratitud o ante las críticas. Cristo estaba, por así decirlo, tan ocupado haciendo el bien que no tenía demasiado tiempo para discutir más de la cuenta con sus críticos o detractores.

Que el ejemplo hermosísimo de Cristo y sobre todo el don de su Espíritu nos muevan a ser perseverantes, sembrando el bien a pesar de nosotros mismos, a veces y a pesar de las dificultades.

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