|
|

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Dios no quiere que lo veamos como un Baal más, con quien se hacen negocios: Él es Esposo enamorado y fiel.
Homilía o141014a, predicada en 20260706, con 29 min. y 4 seg. 
Transcripción:
Amados hermanos, para apreciar y vivir el mensaje de la Sagrada Escritura, necesitamos del auxilio del Espíritu Santo, el mismo Espíritu que inspiró estas palabras. Necesitamos que inspire nuestros corazones, que haya una sintonía entre el corazón de Dios y nuestro corazón para que fluya con abundancia lo que Él quiere decirnos y nosotros lo recibamos. El Espíritu Santo ha llenado de regalos la Sagrada Escritura y grandes santos han sido conscientes de que esos regalos son inagotables. Podemos decir que, en cierto sentido, Dios ha dejado en la Biblia regalos para todos los tiempos. Y por eso no es de extrañarse que una generación tras otra va descubriendo nuevas gemas, nuevos tesoros, a menudo ocultos detrás de detalles pequeños. Para este servidor, y estoy seguro que para muchos otros sacerdotes, predicadores, diáconos, es sorprendente ver que vuelven los mismos textos y encontramos siempre otras luces. Encontramos otras riquezas, repito, escondidas en pequeños detalles. Por eso hay que pedirle al Espíritu Santo que da el don de entendimiento que nosotros tengamos sensibilidad frente a los detalles, cosa que es propia de los que aman. Es propio de los enamorados fijarse en los detalles. Es tierno ver las parejas de enamorados o ver también a una mamá cuando contempla a su bebé. ¿Por qué lo mira tanto? ¿Qué se miran tanto los que se aman? En ellos está esa misma urgencia, ese mismo deseo que aparece en el Cantar de los Cantares. Déjame ver tu rostro. Déjame oír tu voz. Un enamorado de Dios como era Moisés también le pidió eso al Señor: Déjame ver tu rostro. Por eso nos detenemos ante la Escritura y tomamos nuestro tiempo siempre que sea posible, para contemplar sin prisa lo que Dios quiere darnos esos detalles que nos abren el camino a las preciosas perlas. Por ejemplo, hay un detalle en la primera lectura de hoy. Aquel día dice esta traducción, aquel día oráculo del Señor me llamarás esposo mío y ya no me llamarás mi amo. Bueno, si uno mira otras traducciones, qué es un ejercicio muy provechoso, especialmente si no se tiene dominio del hebreo, del griego y las lenguas bíblicas. Uno en parte puede suplir eso viendo buenas traducciones, por supuesto católicas. Otra traducción dice así: Aquel día oráculo del Señor me llamarás esposo mío hasta va igual y no me llamarás Baal mío. Lo que aquí traduce como mi amo. En otras Biblias usted lo va a encontrar como Baal mío. Y eso llama la atención. Por qué los señores traductores, con el aval de los obispos. Y bueno, quien tenga que autorizar han dicho o han hecho ese cambio de palabras. No me llamarás Baal mío. No me llamarás amo mío. Me vas a llamar esposo mío. Nosotros sabemos que la comparación entre el matrimonio y la unión de Dios con su pueblo es un tema frecuente en los profetas. Esa parte yo creo que la comprendemos bastante bien. Los profetas hablaron mucho del amor de Dios, como el amor de un esposo, como el amor de un novio que ardientemente quiere la fidelidad y quiere la ternura y la cercanía de su amada. Dicho sea entre paréntesis, la parte masculina siempre corresponde al Señor. La parte femenina siempre corresponde a la Asamblea de Israel. No se da un caso en el que Dios aparezca femenino. Este es un detalle que también merece su propia meditación y tiene que ver con la manera como amamos los hombres y las mujeres. Pero quedémonos con eso en que hablar de Dios como esposo no es tan extraño en la Biblia, aparece en Ezequiel, aparece aquí en Oseas, el mismo Cristo. También se dio el nombre de esposo. Por ejemplo, cuando le preguntaron por el ayuno y le dijeron bueno: pero los fariseos ayunan, los discípulos de Juan Bautista ayunan y los tuyos no ayunan. La respuesta de Cristo toma esta imagen del esposo. Cristo dice: Acaso pueden ayunar los amigos del novio o del esposo ¿cuando el novio está con ellos? Llegará el día en que se lo arrebatarán y entonces ayunarán Y además, no se nos olvide que el último libro de la Biblia, el Apocalipsis, nos presenta el triunfo definitivo de Dios como las bodas de Cristo. Cristo se une definitivamente a su novia, ya sin mancha ni arruga, que es la Jerusalén celeste, que es la asamblea de los santos, que es la Iglesia purificada, revestida de todo su esplendor, de toda su hermosura. Hermosura que se la debe toda al mismo Cristo. Así que esa parte de, me mi llamarás esposo mío es un poco comprensible. Además, ese lenguaje conecta profundamente con una especie de lema que está a lo largo de toda la Biblia y que se resume en esta frase Ustedes serán mi pueblo y yo seré su Dios. Esa fórmula tan compacta condensa lo que es la Alianza. La alianza es eso, tú para mí y yo para ti. Ya que he mencionado antes al Cantar de los Cantares, es la misma idea que está en boca de la enamorada de la novia, la cual dice: Mi amado es para mí, Yo soy para mi amado. Es este mismo lenguaje, es el lenguaje del amor intenso, fiel, ese amor que es propio de los buenos matrimonios. La otra parte de la frase que aparece en el texto de hoy, si requiere, creo yo, un poquito más de explicación, porque es sutil lo que aparece ahí. Ya no me llamarás me amo o ya no me llamarás amo mío, ya no me llamarás, Baal mío. ¿Por qué quitaron la palabra Baal en esta traducción? Pues ellos trataron, los traductores trataron de presentar el sentido de lo que era un Baal. Entonces, con la ayuda del Señor, tratemos de comprender qué eran los Baales, porque eran muchos. ¿Qué eran los baales? ¿Y por qué Dios no quiere que lo llamen Baal? ¿Y por qué Dios no quiere que lo miremos como el amo? ¿Qué era un Baal? Cuando llegaron los israelitas a la tierra que Dios les había prometido, esa tierra no estaba desocupada. Ahí vivían distintos pueblos. Esos distintos pueblos los podemos llamar de manera genérica cananeos, la tierra de Canaán. Esos pueblos no estaban unificados realmente ni en lo político, ni en lo militar, ni en lo económico, Pero sí tenían algo que era bastante común, podríamos decir, era su común denominador. Y es que esos distintos pueblos, entre los cuales uno puede recordar después a los filisteos, esos distintos pueblos daban culto a los baales. De hecho, la fórmula misma Baal prácticamente lo que significa es un dios. La raíz, la etimología de Baal se hunde en la noche de los tiempos. Es muy difícil de establecer. Pero Baal básicamente lo que significa es un dios o un poderoso. O como aquí tradujeron un amo, un señor. Eso es lo que significa Baal. Y eso es antiguos pueblos de Canaán le daban culto a esos distintos diosecillos, a esos distintos baales, a esos distintos señores. Pero lo interesante es ver cuál era la relación que cada uno de esos grupos pequeños o grandes, porque variaban mucho su tamaño. ¿Cuál era la relación que ellos establecían con el Baal, con el Diosecillo, con el amo? Pues tú piensa más o menos en lo que sucedía en la Edad Media con los señores feudales. Es decir, la tierra tiene su dueño, el señor feudal, pero en esa tierra vivían algunos labriegos, algunos siervos que no eran dueños de la tierra, pero que trabajaban en la tierra y establecían con ese señor feudal, establecían una especie de contrato. El contrato consistía en que ellos podían vivir ahí. Ellos recibían protección, una cierta seguridad en una época en la que no había policía ni centros que defendieran la ley. Tenían seguridad, tenían vivienda, tenían la tierra para trabajarla. Como compensación, ellos tenían que dar parte del fruto de su cosecha al señor feudal y tenían también que estar listos para defender al señor feudal en caso de un enfrentamiento con algún otro señor feudal. Es decir, que era un régimen en el cual se establecía como una especie de contraprestación, una especie de transacción. Esa palabra es clave. Una transacción. Yo te sirvo y tú me alimentas. Es un negocio, pero un negocio entre desiguales. El Baal era el dueño de la tierra. Esos diosecillos en los que ellos creían eran los dueños de la tierra. ¿Y entonces cómo funcionaba esa religión? Cuando ellos, los antiguos habitantes de Canaán, llegaban a una parcela, la pregunta de ellos era ¿Cuál será el Dios que es dueño de esto? ¿Cuál es el Baal que es dueño de esto? Y lo primero era congraciarse con ese Baal. Lo primero era caerle bien a ese Baal. ¿Y que solían hacer? Levantaban una piedra. Eso se llama una estela. Y sobre esa estela ofrecían distintos sacrificios de acuerdo con la necesidad que percibían. En muchos casos eran cosas relativamente sencillas y diríamos inocentes, como por ejemplo; verter aceite, aceite de oliva, aceite perfumado, como ungiendo esa piedra. Otras veces presentaban algunos frutos de la tierra. La idea era congraciarse con ese Baal como quien dice queremos ser tus amigos, queremos ser fieles a ti. Y tú nos vas a proteger a nosotros. Pero la cosa no terminaba ahí. Eran tiempos extremadamente rudos. Los peligros eran muy grandes. Y entonces volvemos a la palabra antes mencionada transacción. Si yo quiero conseguir algo que vale poco, como decir un caramelo, no tengo que darte mucho dinero. Pero si yo quiero conseguir un automóvil último modelo, tengo que darte mucho. Esa es la lógica de la transacción. Y por eso a estos baales había que ofrecerles en proporción de tu deseo y de tu necesidad. Y si la necesidad era muy grande, pues no bastaba con echar un poquito de aceite o poner ahí unas frutas o un poco de trigo como ofrenda. Vamos a hacer un sacrificio. Entonces se derrama sangre. Sangre que en todas esas culturas es una señal, como un símbolo de la vida. Pero es que la situación es muy grave. Se sabe que en estas tierras hay fieras terribles. Se sabe que hay ladrones. Vándalos. Se sabe que hay unas sequías espantosas. Si nosotros nos establecemos aquí y llega una de esas sequías o llega una banda de salteadores, van a acabar con nosotros. Señor Baal: Cuídenos. Nosotros le vamos a dar algo muy valioso porque necesitamos mucha protección. ¿Qué le damos? Hijo, venga acá. Y empiezan a matar a sus hijos. Y empiezan los sacrificios humanos. ¿Por qué? Porque como necesitamos algo extraordinario, entonces vamos a hacer un sacrificio extraordinario. En la Biblia ha quedado huella de esa costumbre que estaba tan arraigada que incluso un israelita llamado Jefté cayó en ese culto idolátrico, pero ofreciéndoselo a Yahvé. Esto está en el libro de los jueces. Él tenía una batalla muy difícil de ganar. Y en medio de su angustia le dijo a Yahvé: Si tú me das la victoria, yo voy a ofrecer en sacrificio al primero que salga a recibirme. Y resulta que cuando llegó a la casa, quien salió a recibirlo fue la propia hija. Y entonces él sacrificó a la hija. ¿Porque sacrifica la hija? Porque hay una lógica de transacción. Él es el amo, como aquí traducen. Él es el dueño. Con él no se juega. Entonces hay que ofrecerle sacrificios. Y esos sacrificios pueden llegar a ser bastante pesados, bastante onerosos. Pero no solo eso, también el culto de los baales o a los baales se corrompió de otra manera. El culto a los baales se corrompió también con prácticas sexuales. Entonces, en varios puntos de esa tierra de Canaán había cultos que incluían la prostitución sagrada. Ellos asociaban la fecundidad de la tierra con la fecundidad propia del acto sexual, y entonces había tanto sacerdotisas como hieródulos, se les llama a los varones que practicaban la prostitución masculina. Y la idea era pues lo mismo vamos a lograr la fecundidad. Ese culto a los baales se fue corrompiendo de muchas maneras. Y si ustedes miran, por ejemplo, en el primer libro de los Reyes. Ahí aparece la lucha que tuvo el profeta Elías con los baales, con los sacerdotes de Baal. Lo que ellos prometían los sacerdotes de Baal y los profetas de Baal, lo que ellos prometían era seguridad, fecundidad, abundancia, prosperidad y los cultos, pues cada vez se iban degenerando más. Por ejemplo, en tiempo de Elías se cuenta que ellos acostumbraban a hacerse cortadas, se cortaban el cuerpo y manaban mucha sangre. Era como una especie de autosacrificio. Bueno, ya tenemos un poco más claro qué son los baales. Fíjate que lo que hizo Jefté, ese que mató a la hija, fue tratar a Yahvé como un Baal. Ahí está la síntesis de esta homilía. Lo que hizo Jefté fue tratar a Yahvé, al Dios verdadero, como se trata a un ídolo, como se trataba a esos ídolos que de alguna manera no han muerto, porque la idolatría del corazón humano los mantiene vivos. Como bien explica San Pablo, el ídolo no es nada, pero el corazón humano sigue creando ídolos, sigue creando baales y esos baales siguen necesitando sangre humana. Y cuando una persona, por ejemplo, entra en un negocio bárbaro como es el narcotráfico, sabe que está destruyendo la vida de la gente. Esa destrucción de esas vidas es un culto a Baal. El aborto voluntario es un culto a Baal. La muerte es celebrada y aplaudida porque se aprobó la eutanasia, es un culto a Baal. Los baales no se han acabado, nunca tuvieron vida, pero nosotros los revivimos con la idolatría de nuestro corazón. Pero la clave en esta, en este texto de Oseas. Y estamos meditando un solo versículo porque la Biblia es inagotable. La clave está en que Dios no quiere que lo traten como un Baal. Y para terminar esta reflexión, pues hay que llegar a esa respuesta. ¿A cuál respuesta? La respuesta a la pregunta ¿Por qué Dios no quiere que lo tratemos como un Baal? ¿Qué es tratar a un Baal? Es establecer un negocio, una transacción en la cual hay una proporcionalidad entre mi ofrenda y mi expectativa. Eso es un mal. El Baal es el Dios falso con el que yo establezco un negocio. De manera que mi ofrenda es proporcional a mi expectativa. Voy a fundar una ciudad. Es muy difícil. Es una empresa muy difícil por todos los riesgos que ya dijimos. Las fieras, los ladrones, las malas cosechas, las pestes. Como quiero algo muy grande, como mi expectativa es muy grande, mi sacrificio también debe ser muy grande. Tráiganme ahí al hijo mayor. ¿Qué pasó, papá? Que usted se muere. Usted se muere porque necesitamos un sacrificio muy grande. Entonces ¿dónde está? ¿Dónde está el error? El verdadero error está en creer que se puede tratar a Dios con una lógica de transacción. Los profetas rompieron esa lógica muchas veces. Así, por ejemplo, encontramos un texto muy elocuente donde Dios dice: Beberé yo sangre de toros. Comeré carne de cabritos. ¿Qué quiere decir eso? Quiere decir que el sacrificio no es algo que Dios necesite. No hagas negocios conmigo. Ese es el mensaje. No me trates como un negociante. Como si yo necesitara. No me trates como un negociante, como si la medida de amor que yo te tengo estuviera determinada por la medida del amor que tú me tienes. No me midas con tu corazón mezquino. No me midas con tus miedos. No me midas con tu egoísmo. No me midas con tu pequeñez. Yo soy grande. No me midas con una escala tan pequeña. Este texto, que es de Oseas, por supuesto, Antiguo Testamento, prepara el mensaje potentísimo que llena todo el Nuevo Testamento. Y ese es el mensaje de la gracia. No me midas con tu tamaño. Por eso nos vamos a encontrar en otro texto de Oseas que se lee esta semana. Yo me voy a compadecer. Yo soy Dios y no soy hombre. Yo no pago con la misma moneda. Como dice el Salmo ciento tres: No nos trata según nuestras culpas, según nuestros delitos. Entonces la frase: No me llamaras Baal mío, no me llamarás mi amo significa, yo no soy como los dioses falsos. Y no pretendas medir mi amor con tus necesidades o con tus expectativas. Y no creas que tu sacrificio o tu esfuerzo tiene una proporcionalidad con mi generosidad y con el don que quiero darte. Yo soy mucho más. Yo doy mucho más. Estoy más allá de tu pensamiento. Estoy más allá de tus expectativas. Estoy más allá de lo que tú pudieras darme. Pero así, sin necesitar nada de ti, sin que tú puedas nunca compensar ni equipararte al amor que yo te tengo, es necesario que sepas que yo te amo y que te amo como el esposo más fiel y más enamorado, ama a su esposa. Mensaje potente de Oseas. No me midas con tus miedos. No me midas con tus necesidades. No pretendas compararme con tus esfuerzos. Yo soy tu esposo. Yo no soy tu Baal. Yo no estoy para hacer negocios contigo. El único negocio lo dirá San Pablo claramente en Gálatas y en Romanos, el único negocio, el único negocio con Dios es: Cree. Cree somos salvos por gracia y mediante la fe. Lo dice San Pablo. El único negocio que tienes que hacer conmigo es lo que ya había dicho el Salmo: Abre tu boca y yo la saciaré. Cree que yo te amo así, sin condiciones, sin límites. Cree que conmigo no se hacen negocios. Simplemente te amo. Quédate con eso. Simplemente te amo y te amaré para siempre. Y te quiero conmigo para siempre. No me compares con los dioses que hay que comprar dándoles sacrificios o matando gente. No me compares. Yo soy el incomparable. Yo soy el Santo de los santos. Soy tu Dios y soy tu esposo.

Derechos Reservados © 1997-2025
La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico, está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente: http://fraynelson.com/.
|