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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
En medio de las dificultades mantén una fe profunda, acude prontamente a Cristo dándole plena autoridad sobre tu vida y sobre tus problemas.
Homilía o141013a, predicada en 20260702, con 7 min. y 26 seg. 
Transcripción:
En el Evangelio de hoy, mis hermanos, hay un detalle pequeño, uno podría decir casi muy pequeño, y que sin embargo es profundamente revelador. Muchas veces hemos dicho que reflexionar en la Sagrada Escritura es como encontrar tesoros, tesoros pequeños y grandes que los dejó ahí el Espíritu Santo. El Evangelio de hoy nos habla de dos milagros, ambos profundamente bellos y significativos. Uno es el milagro de aquella mujer que tenía un flujo de sangre. Y sobre este milagro en particular, creo que hemos reflexionado varias veces. El otro milagro, que es el que hoy nos va a llamar la atención, es la versión que presenta San Mateo de la curación de una niña. ¡Una niña! Esta niña la describe el Evangelio con estas palabras. Acaba de morir. Dice el papá acaba de morir, y el mismo papá le dice a Cristo: Pero ven, pon tu mano en su cabeza y vivirá. Nosotros no sabemos qué enfermedad tenía la niña. Nosotros no sabemos cómo llegó a esa situación. Solo sabemos que acaba de morir y que acabando de morir el papá va donde Cristo y le pide un favor muy específico. Por qué le dice: Pon tu mano en su cabeza y vivirá. Pon tu mano en su cabeza. Ese es el pequeñito detalle que quiero destacar en esta oportunidad. ¿Por qué le da como esa instrucción específica a Cristo? La niña acaba de morir. El papá va y le dice a Cristo: Pon tu mano en su cabeza y vivirá. Por lo pronto, nos llama la atención la fe de ese papá. Él afirma: Mi hija vivirá. Lo afirma. Él está convencido. Eso es grande. Esa es una fe grande. Pon tu mano en su cabeza y vivirá. Qué bello. Ahora bien. Debemos destacar que son en total tres los elementos de este papá. Tiene una fe grande. Acude a Jesús tan pronto se ha presentado el problema y le dice a Jesús: Pon tu mano en la cabeza y vivirá. En la Biblia y la verdad en el lenguaje común, cuando nosotros utilizamos la palabra cabeza, estamos hablando de lo más importante. Por ejemplo, Cristo es cabeza de la iglesia. Hay una expresión que se utiliza en latín la expresión capo. Capo viene del latín caput, que significa cabeza. Y decir que alguien es el capo, es decir, que es la cabeza. Hoy se utiliza con mucha frecuencia para referirse a situaciones negativas, por ejemplo, del mundo de la mafia, un capo. Pero originalmente la palabra capo quiere decir el que es cabeza, el que es cabeza, el que es jefe, el que dirige. Es lo principal. De ahí viene también la costumbre que tienen los judíos, los más practicantes hasta el día de hoy, de ponerse una especie de gorrito, ese gorrito que no se debe llamar solideo, sino que se llama la kipá, normalmente de color negro. Se lo ponen sobre la cabeza. No es para el frío, no es decorativo. Tiene un sentido religioso. Porque el sentido de la kipá de los judíos es enviar este mensaje. Por encima de mis pensamientos está la Palabra de Dios. Por encima de mis proyectos está el proyecto de Dios. Por encima de mis sueños está el deseo de Dios. Eso es lo que significa la kipá. Y la kipá no se pone encima de la mano, no se pone en el pecho, se pone encima de la cabeza, por encima de mí, de tal manera que la cabeza está indicando lo que es principal, está indicando lo que es más importante. Por encima de. Ahora bien, juntemos o mejor, recordemos los tres elementos que dice o que muestra este papá. Primero, una fe sin grietas. Mi hija vivirá, tiene esa certeza. No en sí mismo. No en sus palabras, sino en Dios. Mi hija vivirá. Segundo, este papá acude a Cristo en cuanto sucede el problema, en cuanto sucede la tragedia. Y tercero, este papá le dice a Cristo: Muestra tu autoridad sobre este problema. Muestra que tú eres el jefe. Muestra que por encima del problema estás tú. Esas tres lecciones las podemos aplicar todos. ¿Cómo se aplican estas lecciones? Pues mira, algo me ha sucedido. Yo puedo quedarme dando vueltas sobre mí mismo. No lo hagas. No lo hagas. No vale la pena. Más bien sigue el camino de este papá. Fe profunda. Tú tienes algo bueno para mí, Señor. Segundo, acudo prontamente a Cristo. Acuérdate, no me quedo dando vueltas. Acudo a Cristo. Y tercero, muy importante, le doy a Cristo plena autoridad sobre mi vida y sobre este problema. Eso es lo que significa; pon tu mano sobre la cabeza. ¡Qué gran ejemplo nos da este papá! Ahora solo hace falta que nosotros lo sigamos.

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