Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Dios nos lleva al desierto cuando aquello en lo que hemos puesto nuestra confianza no funciona. Lee la Palabra de Dios que te habla al corazón y cambia tu vida.

Homilía o141012a, predicada en 20240708, con 7 min. y 10 seg.

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Transcripción:

La primera lectura de hoy está tomada del profeta Oseas y creo que es bueno recordar el drama personal que vivió Oseas y que nos da el contexto perfecto para entender mucho de su lenguaje. Oseas fue un hombre que estaba profundamente enamorado de una mujer llamada Gomer, y todo indica que esta mujer o había estado en el mundo de la prostitución, o era una mujer que tenía gran dificultad para ser auténticamente fiel a su esposo. De manera que Oseas, por una parte, deseaba, amaba a Gomer y por otra parte, sufría porque no era correspondido en términos de fidelidad, no era correspondido por ella. Pero la amaba tanto que no podía dejar de pretenderla y de tratar de alguna manera de arreglar las cosas.

Ese drama personal de Oseas luego se refleja en el modo de como él habla de la relación entre Dios y su pueblo. Podríamos decir que el pueblo corresponde en este caso a la amada. Y Dios es como Oseas en el sentido de que Dios nos ama, Dios nos busca. Dios tiene detalles preciosos de ternura para con nosotros. Y nosotros, todos nosotros somos como una mujer infiel, como una mujer ingrata, que no aprecia, que no valora el detalle, el cariño y todo lo que Dios ha hecho por nosotros. Así que no fue solamente la palabra de Oseas, sino su misma vida la que se convirtió en un gran mensaje.

El texto de hoy fue tomado del Capítulo Segundo de este gran profeta, y hay tres expresiones, tres verbos que aparecen al principio del texto que escuchamos y que describen muy bien cómo el celo de Dios, el amor apasionado y perseverante de Dios hace tantas cosas por nosotros. ¿A qué me refiero? Dice Yo la cortejaré. Acuérdate que aquí la imagen es que el pueblo como tal es femenino, como que es la asamblea de Israel. El pueblo es femenino y Dios es el novio, Dios es el esposo, el esposo enamorado. Entonces por eso, por supuesto, utiliza un lenguaje femenino, yo la cortejaré, la llevaré al desierto y le hablaré al corazón.

Estas tres expresiones son muy importantes para descubrir la manera como Dios nos trata a nosotros. Acuérdate que nosotros somos como la parte femenina y Dios es el gran enamorado. Entonces los tres verbos son: Yo, la cortejaré, esos son los detalles de amor. Yo la llevaré al desierto, eso es liberarnos de la presión, las voces, podríamos decir los ruidos que el mundo quiere meter en nuestro corazón. Y luego dice y le hablaré al corazón. Así que ahí están tres, digamos tres rasgos, tres expresiones del amor de Dios. Que estoy seguro que si tú miras en tu historia las vas a encontrar ¿o no? Dios ha tenido detalles de amor desde el día cero de tu existencia, desde el comienzo mismo de tu existencia. Dios ha tenido detalles preciosos de amor contigo que a veces somos sordos y ciegos, es un hecho. Pero eso no quita que el amor de Dios ha sido generoso y que el amor de Dios quiere llegar a lo profundo de nuestras vidas. Ahí está la parte de la cortejaré. Recuerda lo que ya hemos dicho nosotros somos la parte femenina.

Y luego dice, la llevaré al desierto. ¿Y cuando nos lleva Dios al desierto? Pues Dios nos lleva al desierto cuando, por ejemplo, resulta que aquello en lo que nosotros hemos puesto nuestra confianza no funciona. Las decepciones, los fracasos, las ruinas, las fragilidades que pueden venir de muchas formas. Por ejemplo, un accidente, un mal negocio, una condición crítica en la salud se convierte en oportunidad para que uno diga, yo qué estoy haciendo con mi vida ¿Qué es realmente lo que yo estoy haciendo con mi vida? Y esa sensación, esa especie de desconcierto que uno experimenta, es supremamente valioso. ¿Sabes por qué? Porque ahí está Dios llevándote al desierto. Y si Dios te está llevando al desierto, te está desprendiendo y liberando de todas esas voces, de voces, de todos esos ídolos, de todas esas influencias que básicamente son los que te mantienen atrapada o te mantienen atrapado en el pecado. Mientras uno está fascinado por el pecado, mientras a uno el pecado, entre comillas le funciona, uno sigue pecando. Es muy triste decirlo, pero es una realidad. Entonces, ¿qué viene a suceder? que Dios tiene que llevarnos al desierto.

Cuando Dios nos ha dado los detalles de su amor y nos ha llevado al desierto, hay un momento, un momento maravilloso de sensatez, en el que uno dice ¿Qué estoy haciendo con mi vida? Yo realmente para ¿Dónde voy? Y como uno en ese momento ya se ha decepcionado de los ídolos. Por ejemplo, malas amistades, que tiene demasiada confianza en el dinero, maneras absurdas que tenemos los seres humanos de perseguir el poder o perseguir el placer. Como ya me decepcioné de todo eso. Entonces mi corazón deja abierto un espacio para que entre como una ráfaga de luz, entre esa preciosa palabra del Señor que me habla al corazón. Y esa palabra preciosa es la que cambia mi vida. O sea que fíjate que este mensaje de Oseas tiene un alcance inmenso. Es un alcance que realmente cada uno de nosotros puede aplicar a su propia vida. Con esa alegría, con esa confianza en el poder de la compasión de Dios. Sigamos adelante en nuestro camino. Pero solo te digo una cosa y por favor, recíbela. Haz memoria de todos los gestos de amor de Dios. Haz memoria. No pierdas ese tesoro, porque cuanto más pronto brote tu gratitud, más pronto también vendrá la abundancia de su bendición sobre ti. Amén.

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