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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Necesitamos que el Señor pose su mano sobre nuestra cabeza para resucitar lo muerto en nosotros; para darle paz, orden, belleza y esperanza a nuestros pensamientos.
Homilía o141009a, predicada en 20200706, con 5 min. y 15 seg. 
Transcripción:
¿Te has detenido alguna vez a reflexionar en los casi infinitos movimientos que tienen nuestras manos? Las manos son la expresión y el instrumento de la voluntad y del poder. Por eso con nuestras manos trabajamos, levantamos, sostenemos, acariciamos, pero también agredimos, golpeamos. Nuestras manos tienen una capacidad de lenguaje que los buenos actores y actrices saben aprovechar.
Una de las miradas posibles al Evangelio de hoy del Capítulo Noveno de San Mateo es precisamente las manos. En este caso las manos de nuestro Señor Jesucristo. Es notable que aquel hombre a quien se le había muerto su niña, le pide directamente algo a las manos de Jesús, le dice interrumpiendo el discurso de Cristo mi hija acaba de morir, pero ven, pon tu mano sobre su cabeza y vivirá. Pon tu mano sobre su cabeza y vivirá. Qué bueno esta súplica. Y qué bueno volver la oración para nosotros. Qué cosas están muertas en nosotros y cuánto necesitamos de la mano del Señor que posándose sobre nuestra frente, sobre nuestra cabeza, le dé paz, le dé orden, le dé belleza, le dé esperanza a nuestros pensamientos.
Pon tu mano sobre su cabeza y vivirá. Piensa en esta oración que la hizo un papá y piensa sobre todo si tú eres papá, si tú eres mamá. Piensa en esa oración para aplicarla en favor de tus hijos. Si tu hijo está muerto porque ha perdido la fe. Si tu hijo está muerto porque está hundido en el mundo de las adicciones. Si tu hija está muerta porque está al borde de la anorexia o en una depresión permanente. Si tantas cosas han muerto en nuestros pequeños, en nuestros hijos, en nuestros amigos, en nuestros discípulos, en todos aquellos que nos importan. Este es el momento para decirle a Jesús. Pon tu mano sobre su cabeza y vivirá.
Aquello que se ha muerto en mi amigo, en mi amiga, en ese hijo, en esa hija. Aquello que se ha muerto, revivirá. Además, es conmovedora la escena de la mano de Cristo sobre un cuerpo muerto. Porque según la hermosa simbología del Génesis, Dios tocó el barro muerto, le dio nueva forma y sopló y dio vida. Si nuestra vida es como barro muerto, este es el tiempo. Este es el momento para que sea la mano de Jesús, la mano misma de Dios, la que tocándonos nos restaure, tocándonos nos vuelva a hacer. Esa es otra oración que puedes tomar de este Evangelio. Tú que me hiciste rehazme, Señor, hazme de nuevo, Señor. Toca de nuevo mi vida, que no parece vida, sino muerte prolongada. Toca de nuevo mi vida. Y como a esa niña tómame después de la mano. Levántame para caminar junto a ti. Amén.

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