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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
La fe no niega la dureza del dolor y la pérdida; la grandeza de la fe está en reconocer que Cristo es quien puede vencer toda derrota.
Homilía o141007a, predicada en 20160704, con 4 min. y 27 seg. 
Transcripción:
El Evangelio de hoy está tomado del Capítulo Noveno de San Mateo. Tiene un cierto paralelo con el Capítulo Once de San Juan. En ambos casos se trata de personas que han fallecido. En esta oportunidad, en el Evangelio de hoy es una niña. En el Capítulo Once de San Juan es un hombre adulto llamado Lázaro. El nombre de esta niña no aparece en el texto de hoy, pero quizás no es lo más importante. Lo que quiero destacar es la súplica que hace el papá de la niña. Mi hija acaba de morir, dice. Se postra ante Cristo. Mi hija acaba de morir. Pero ven, pon tu mano sobre ella y vivirá. Palabras semejantes encontramos en el Capítulo Once de San Juan. En aquella ocasión es Marta, la hermana de Lázaro, la que dice si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto. Pero aún ahora sé que lo que le pidas a Dios te lo va a conceder.
La muerte es por excelencia el final. El final de las esperanzas, el final del combate. La muerte parece aquella palabra que se impone con fría dureza. No hay nada que hacer. Y lo que me llama la atención es la fe. La fe de Marta, hermana de Lázaro, la fe del papá de esta chica que ha fallecido. Porque esa fe va más allá de lo que parece posible. Es una fe que se atreve a chocar contra lo irreversible. Es una fe que no se resigna frente a la muerte. Aún ahora sé que lo que le pidas a Dios te lo va a conceder, dice Marta. Mi hija ha muerto, ese es el hecho, dice el hombre del Evangelio de hoy. Pero pon tu mano sobre ella y vivirá. Vivirá. Esa es la fe. Eso es tener fe.
Fe es creer que Cristo es más grande, más grande incluso que el poder de la muerte, más grande. Dios es más grande y una canción carismática, muy bella, que lo dice con mucha fuerza y en muchos tonos. Dios es más grande. Atención, la fe no niega la dureza del dolor, de la pérdida. La fe no lo niega. La fe reconoce, la niña está muerta. La fe reconoce, Lázaro apesta, ya hiede en la tumba. La fe no es negación de la realidad. La fe no es escape hacia la fantasía. La fe no es huída hacia nuestros simples deseos. Eso no es la fe. La fe reconoce la verdad del golpe recibido, pero reconoce también la verdad del que puede vencer por encima de esa derrota. Esa es la grandeza de la fe. Y esa fe es la que lleva a la victoria. ¿Cómo está tu fe? ¿Cómo vas en tu fe? ¿Crees en un Dios grande, en un Dios que es más grande? Esa es la pregunta. La hermosa pregunta que nos deja el Evangelio de hoy.

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