Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

El encuentro con Jesús transforma vidas.

Homilía o141006a, predicada en 20140707, con 15 min. y 35 seg.

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Transcripción:

Queridos hermanos. Cada pasaje del Evangelio que escuchamos es como una mirada a la persona de Jesucristo. Jesucristo merece nuestra mirada. Jesucristo merece que tú lo mires, que tú lo conozcas. Hay en Jesucristo una abundancia de bondad, de sabiduría, de misericordia y de poder. Y esa abundancia se la pierden los que no miran a Jesucristo. Esa es la abundancia que reciben los que lo contemplan, los que lo escuchan, los que lo conocen. Qué bueno acercarnos a la casa de Dios. Abrir los oídos del corazón y recibir esta palabra que nos ayuda a reconocer a nuestro Salvador. Y qué hermosa es la figura de Jesús.

Mientras nuestro hermano proclamaba el Evangelio. Yo pensaba en lo hermoso que es Jesucristo. Hermoso porque la gente sabía, este es de los que ayudan. Este es de los que apoyan, de los que sanan. Este es de los buenos. Hay personas a las que les gusta que otros les tengan miedo. Personas que les gusta ser reconocidas como agresivas, violentas. Quizás algunos matones o narcotraficantes o mafiosos gustan mucho de cultivar esa imagen. La imagen de la persona que merece que le tengan miedo. Y cuando uno de esos, uno de esos duros, va por la calle, la gente siente miedo, toma distancia. Cuidado con ese, es peligroso. Exactamente lo contrario es Jesús. Hay que ver pasar a Jesús por la calle y sentir que bueno que ha llegado. Hay que ver a Jesús por la calle, hay que reconocerlo en el templo, hay que reconocerlo en la Escritura y hay que sentir gozo. Este es el que puede ayudar, el que sabe ayudar, el que quiere ayudar.

Por eso, en el Evangelio de hoy aparecen dos situaciones muy diferentes, pero que tienen algo en común, personas que necesitan ayuda, personas que ya no tienen a dónde ir. Esa pobre mujer, por ejemplo, llevaba doce años sufriendo con su enfermedad. Un pasaje paralelo en otro Evangelio nos dice, había gastado todo su dinerito esta mujer, tratando de que la curaran, pero cuantos más médicos la veían, peor se ponía, no encontraba solución. Qué consuelo para ella y qué alegría cuando ve a Jesús. Y ella pone su esperanza en Jesucristo y se acerca tímidamente, se acerca a Jesús. Tiene una necesidad muy grande y no tiene a dónde más acudir. Lo mismo le sucede al papá de esa niña que estaba muerta. Dice aquí un personaje se arrodilló ante Él y le dijo mi hija acaba de morir. Este hombre no tiene a dónde ir. La muerte ha extendido su zarpa y ha caído sobre esa chiquita inocente. Y este papá está destrozado. No tiene a dónde ir. Tiene una necesidad muy grande y no tiene a dónde ir. Pero si encontró a quien acercarse, si encontró a quien ir. Se acercó a Jesucristo.

Por eso el mensaje que nos dan estos personajes es que también nosotros tenemos a dónde ir. También nosotros tenemos a quién ir. Y por eso hay que conocer a Jesucristo y amarlo y poner la esperanza en Él. Y saber que sus obras son incluso superiores a su fama. Grande es Jesús, grande su poder, grande su amor. Si nosotros estamos en una necesidad muy grande, creo yo que todos siempre tenemos alguna necesidad grande, si no nosotros mismos, seguramente alguien en la familia, algún amigo, algún vecino. Tenemos que aprender a acercarnos a Jesús.

Pero todavía hay otra cosa que nos enseña el pasaje del Evangelio de hoy. Esta mujer se acercó tímidamente. ¿Por qué? Porque la ley de Moisés tenía un mandato muy claro con respecto a la mujer cuando se encuentra en su periodo según la ley de Moisés. Durante esos días, la mujer debe retirarse, debe permanecer en casa. Así mandaba la ley de Moisés. Eso era lo que regía en esa época. Entonces esta mujer se daba cuenta que al tratar de acercarse a Jesús, en cierto sentido estaba desobedeciendo la ley de Moisés. Por eso ella va un poco tímida. Sin embargo, la confianza le gana la timidez y ella obtiene el milagro que esperaba. Y aquí viene un punto importante que es una enseñanza adicional. Jesús no deja que ella se quede simplemente con la curación. No quiere que ella se quede solamente con algo. Jesús quiere que se encuentre con alguien. A veces vamos donde Jesucristo. A veces oramos a Dios nuestro Padre. A veces pedimos la intercesión de la Virgen, pero solamente ¿para qué? para pedir algo, para que se me solucione algo.

Por ejemplo, estoy enfermo, entonces quiero algo, será la salud. Necesito mejorar mi empleo, busco algo. Pido la intercesión de la Virgen para conseguir algo. Dios nos ama. Dios entiende que tenemos necesidades. Pero fíjate la ternura y la pedagogía de Cristo. No deja esta mujer con algo, sino quiere que se encuentre con alguien. Por eso Jesús se vuelve hacia ella, no la deja sola con un milagro, la quiere dejar con un rostro, con una presencia, con una mirada, con una sonrisa, con una palabra. Dicho de otra manera, Jesús no es simplemente el resuelve problemas de tu vida. Jesús no quiere simplemente resolverte un problema. Jesús quiere que te encuentres con Él. Que tus ojos se encuentren con su mirada, que tú le veas su sonrisa, que tú sientas el amor que Él te tiene. De manera que no nos quedemos con los milagros del Señor, sino que lleguemos hasta el Señor, que hace los milagros. Esto es muy importante. Tenemos que dar un paso más, no quedarnos solamente pidiendo cosas. No te quedes en algo, hay que llegar a alguien y ese alguien no es otro, sino el bendito Hijo de Dios, el Santísimo, el Nazareno, el profeta que tenía que venir, el que vive resucitado de entre los muertos. Cuántos nombres hermosos y títulos preciosos tiene este Señor nuestro. Ahí hay una lección adicional y viene otra lección que es la última que quiero compartirles el día de hoy.

Observemos que cuando Jesús llega a la casa de esa niña que había muerto, había una cantidad de gente que estaba haciendo duelo de una manera ruidosa, escandalosa. En la época de Jesús, incluso había personas que las contrataban en los funerales para que lloraran a gritos. Les pagaban para eso, eran lloronas a sueldo, le pagaban y entonces estas mujeres reunían alguna plática llorando con ese llanto falso que a veces tienen, por ejemplo, los niños. Usted no le ha pasado que a veces los niños están incómodos o quieren un regalo o están fastidiados y entonces como que llora, pero en realidad no está llorando porque no le salen ni lágrimas, sino que es pura cantaleta y pura pose. Así eran estas mujeres. A estas mujeres les pagaban para que hicieran mucho escándalo. Aaaaaaaaaa, aaaaaaaaaa. Pero todo ese escándalo que ya le salía más bien como un grito de cuervo herido, todo ese escándalo era ¿Para qué? Para mostrar supuestamente que era una persona muy querida y que era muy importante.

Fíjate la actitud de Jesús. Jesús manda a callar a toda esa gente. Callense, la niña no está muerta, está dormida, dice Jesús. Y ahí nos está enseñando dos cosas. Primero, nos está enseñando que la palabra muerte hay que reservarla para el momento en el que una persona se aparta de Dios. Cuando una persona se aparta de Dios y empieza a tomar un camino de tinieblas, esa persona si va a la muerte, esa sí es la muerte. Lo demás, que alguien tenga que fallecer, como le pasó a mi mamita hace cuatro años, pues eso le pasó a mi mamita y eso me va a pasar a mí y eso le va a pasar a usted. Y por ahí tenemos que pasar todos. Por eso Jesús llama a eso, está dormida. Esta enseñanza nos da Cristo. No le demos más drama de la cuenta a la muerte natural, porque es la puerta que tenemos que pasar para entrar en la vida verdadera. Entonces no le demos demasiado drama a esa muerte natural. Es un paso que hay que dar junto. Es una enseñanza muy buena. Pero además, Jesús también nos enseña que allí donde los sentimientos son exagerados, o son falsos o son pura fachada, ahí no quiere obrar Él. Cristo quiere obrar en la sencillez, en la sinceridad, en la verdad de lo que nosotros somos.

Repasemos las enseñanzas del Evangelio de hoy. Primero, hay que mirar a Cristo porque Cristo quiere que lo conozcamos y que sepamos que en Él está nuestro bien. Segundo, si tienes una gran necesidad y si a veces sientes que no hay a dónde acudir, acuérdate que veinticuatro horas al día, siete días a la semana, todos los días del año, Jesús está dispuesto para ti. Tercero, Cristo no quiere que te quedes simplemente recibiendo cosas. No quiere que tú recibas algo, sino que tú lo recibas a Él, que es alguien. Cuarto, Cristo el Señor nos enseña que la muerte es un paso necesario, doloroso, pero no es lo peor. De hecho, hay un salmo que dice Señor, tu gracia vale más que la vida, te alabarán mis labios. Y Quinto punto que nos enseñan las lecturas de hoy. Que entendamos que el ambiente, la atmósfera donde Cristo prefiere hacer sus obras, es la sencillez, la verdad de lo que somos, la transparencia de lo que somos ante Él. Y no es necesario fingir, ni agrandar, ni achicar los problemas. Él es la verdad y Él se goza en la verdad. Con estas enseñanzas y sobre todo, con un amor más grande hacia Jesús. Sigamos esta Celebración.

Objetivo primordial de cada Eucaristía. Que tú, cuando salgas por esa puerta, tú sientas, ahora amo más a Cristo, ahora lo siento más vivo en mi vida y lo quiero proclamar con más fuerza a mis hermanos. Amén.

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