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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Las lecciones que nos deja un acto de humildad, oración y confianza.
Homilía o141005a, predicada en 20140707, con 5 min. y 31 seg. 
Transcripción:
El Evangelio del día de hoy está tomado del Capítulo número Nueve de San Mateo. Yo quiero destacar la actitud de ese personaje que le pide un milagro a Cristo. Aquel hombre que ha tenido que presenciar la muerte de su pequeña hija y que va donde Jesús. Hay tres elementos que quiero destacar. Nos dice el evangelista Mateo que Cristo está predicando y mientras Cristo predica, este hombre se acerca y se arrodilla. Podemos decir que su petición es una interrupción. Este hombre está interrumpiendo la predicación de Cristo.
Y aquí viene la primera lección porque no es la única vez en los Evangelios en que la predicación de Cristo se ve exigida o se ve cuestionada por una demanda de acción. Recordemos, por ejemplo, en el Capítulo Primero de San Marcos, cómo Cristo, después de una larga predicación, se encuentra inmediatamente con un leproso que le dice si quieres, puedes limpiarme. En ese caso del leproso, es bastante evidente que la petición corresponde a algo como esto. Muy bonitas tus palabras, muy bella la teoría, pero necesito que hagas algo en mi vida. Es decir, pasemos de la teoría a la práctica. Jesús, no nos quedemos solo con la teoría. Vamos a la práctica. Brillan tus palabras, queremos ver que brillen tus acciones. Tanto en el caso del leproso como en el Evangelio de hoy. Efectivamente, brillan las acciones de Cristo, y ahí está, como una primera joya para nosotros en Cristo, la más pura sabiduría, la más dulce caridad y la más potente transformación. Son una sola cosa. Su amor es dulce, su poder es inmenso, su sabiduría es altísima. Y en este sentido, Cristo es una respuesta integral para el ser humano, porque ilumina la mente, calienta el corazón, lo hace arder, como en los discípulos de Emaús y sobre todo, transforma la vida.
Un segundo elemento que hay que destacar aquí es que este hombre no se resigna ante la muerte de la hija. Incluso le dice a Jesús la clase de milagro quiere. Pon tu mano sobre su cabeza para que viva. Manos benditas de Cristo que vienen a renovar en el ser humano el drama. El hermoso drama, la hermosa narración del Génesis, así como de una manera tan gráfica, el libro del Génesis nos describe la manera como Dios moldea el barro de la tierra y de ahí sale el hombre. Así también Jesús tocando a los enfermos, incluso tocando este cadáver, es capaz de infundir vida, es capaz de dar vida. Manos de Cristo, que son manos de Dios. Y este hombre lo sabe. Este hombre lo presiente. Es hermoso eso. Eso también significa que nosotros, al acercarnos a Cristo, no le debemos pedir menos. No debemos esperar menos que una nueva creación. Eso es lo que Cristo quiere traer a nuestra vida. Eso es lo que Él es capaz de hacer por nosotros, y eso es lo que va a hacer si se lo permitimos.
En tercer lugar, el gesto mismo de arrodillarse es el gesto de aquel que ha llegado a su propio límite. Es decir, todo lo que este hombre podía hacer por su hijita lo había hecho. Y es importante reconocer que llegar al límite no es malo, no es un desastre, porque más allá de nuestro límite, la última palabra no la tiene la enfermedad. La última palabra no la tiene la muerte, la última palabra no la tiene el enemigo. La última palabra la tiene Jesús. En muchas narraciones de testimonios de conversión, la gente dice llegué a mi límite, toqué fondo. Es hermosísimo descubrir que ese fondo al que llegamos no es todavía el límite de Dios. Es nuestro límite. Pero si sabemos como este hombre, postrarnos, el Señor sabe, a partir de ese límite, iniciar una nueva y más preciosa historia.

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