Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Es indispensable llegar a la experiencia viva, mas allá de las palabras, del poder del amor de Dios que derrumba las murallas que nos separan de los demás.

Homilía o141003a, predicada en 20100705, con 13 min. y 11 seg.

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Transcripción:

En los santos Evangelios los detalles suelen ser preciosos. Por ejemplo, hoy vemos que Jesús estaba predicando y le interrumpieron la predicación. Estaba Jesús hablando y llegó este hombre con una necesidad inmediata, urgente, punzante. Mi hija acaba de morir. Yo creo que es lo que puede sentir mucha gente que ya no quiere más palabras, sino que necesita una experiencia del poder de Dios. Yo creo que muchas personas quisieran decirle a Cristo, quisieran decirle a la Iglesia ya no quiero más palabras. Necesito ver el poder de Dios. Y Jesús suspende su discurso. Podemos decir por un momento deja de ser maestro y se convierte en médico. O podemos decir también cuando era maestro, ya era médico de nuestra ignorancia. Y cuando se vuelve médico ya es maestro de la caridad. Porque las dos cosas están unidas en él. O sea que esto nos da esperanza. Una súplica humilde, una súplica creyente atrae la acción, el poder de Dios.

Hoy el Señor te da permiso. Hoy el Señor te autoriza para que tú le pidas que brille su poder. Si tú eres de aquellos que siente que ya ha conocido demasiado, ya ha oído demasiado. Si sientes que lo que necesitas es experiencia del poder de Dios, suplícale con confianza. Ya ves que el Señor es manso, es humilde, se deja llevar por su corazón compasivo y atiende a sus intenciones. Así que una de las cosas que tenemos que hacer hoy es pedirle al Padre Celestial que nos regale la experiencia de Jesucristo, la experiencia del poder del Señor. Que nuestra fe no sea simplemente una fe de palabritas. Hay personas que parece que creen simplemente porque, bueno, en la familia todo el mundo ha sido católico. Eso puede sostener por un tiempo, pero es indispensable llegar a la experiencia viva. La experiencia inmediata del poder y del amor de Dios.

Jesús, entonces, sale atendiendo esta petición del hombre cuya hija ha muerto. Pero por el camino la caridad de Cristo es requerida en otra dirección. Se trata de una mujer a la que se llama algunas veces hemorroísa. Ese no es un nombre propio. Dios nos libre. Eso indica por la raíz hemo, que es la raíz de hemorragia, hemoglobina. Es la raíz de la sangre. Una mujer que tiene una pérdida continua de sangre. Aparte de la incomodidad, por supuesto. Hay dos cosas que destacar en esta enfermedad. Primero, que por supuesto, eso la hace estéril. Y segundo. Que según la ley de Moisés, mientras la mujer se encuentra en sus periodos, se supone que tiene que apartarse de la sociedad. Así lo mandaba la ley de Moisés. Por supuesto que a uno le parece como injusto, pero es que hay muchas cosas sobre la pureza ritual en la ley de Moisés que realmente parecen injustas. Acuérdate lo que decía de los leprosos. Según la ley de Moisés, el leproso tiene que quedar excluido de la sociedad humana. El leproso tiene que quedar lejos. Pues lo mismo le sucede a la mujer durante su periodo. Entonces una mujer que se encuentra en esta condición es como una persona leprosa. O sea que realmente lo que tiene esta mujer no es simplemente un problema en su cuerpo, sino que de acuerdo con la ley ella es estéril, es maldita y debe quedar aparte. Es la persona excluida y es la persona estéril. Podemos decir que lo que está viviendo esta mujer es una experiencia de muerte. Muerte en vida, porque ella, mientras padece esa enfermedad, tiene que estar excluida y permanece estéril. Y esa también es la experiencia que algunas o muchas personas pueden tener. Se sienten aislados, solos, en medio de la multitud.

¿Cuántas personas sienten que aunque están rodeados de gente, nadie realmente los comprende? No pueden conectar con nadie. Esto se parece a la situación de la mujer. Y cuántas personas sienten que sus esfuerzos son vanos, que la vida es como un mal chiste, que los esfuerzos no valen la pena. Eso explica, la condición de esta mujer explica por qué ella busca el milagro como lo busca. No es solamente vergüenza por el tipo de enfermedad, sino porque ella se siente excluida. Podríamos decir autoexcluida y por eso quiere sacar el milagro. Quiere solucionar el problema sin que nadie se dé cuenta. Es muy humano. Es muy comprensible. Pero Jesús la lleva a un encuentro más personal. Jesús se da cuenta de que el milagro ha sucedido y entonces se voltea hacia ella y le dice: Ánimo, hija, tu fe te ha curado. Qué palabras tan sencillas, tan precisas, tan preciosas. Ánimo, hija. Y esto yo creo que lo repite Jesús a los que se sienten excluidos, a los que sienten que no cuentan y a los que sienten que su vida no tiene un propósito verdadero ni real. El Señor dice a cada uno de los que así se siente. ¡Ánimo! Pero también muestra el camino para salir de ese calabozo, que puede ser de depresión, de aislamiento, de absurdo. Tu fe te ha salvado.

Si acaso alguno de quien recibe estas palabras, de quienes reciben estas palabras, se encuentra en esa situación que suplica el don de la fe. La fe será como esa cuerda que se le echa a la persona que se estaba ahogando. La fe será ese salvavidas, la fe será aquello que abrirá una etapa nueva en tu vida. El Señor te dice hoy: Ánimo, es la fe quien te salva, es la fe la que puede rescatarte, pero no es la fe así en general, en abstracto. No es creer en el movimiento de las estrellas o en el color de las velas, o en los perfumes que hay que llevar a la casa, los inciensos. No es cualquier fe, es la fe en Jesús. Pon tu fe en Jesucristo. Mira a Jesús. Fíate de Él. Y esa fe te va a sacar de esa prisión en la que te encuentras. Esa fe le va a dar fecundidad a tu vida que tú sentías estéril. Esa fe te va a sacar de ese aislamiento, de esa especie de prisión en que te encontrabas. Y llega Jesús a la casa donde estaba la niña que había muerto. Y antes dijimos que Jesús es médico y es maestro. Y aquí se ve, Jesús hace el milagro de tal manera que no es solamente una curación, sino que es una cátedra, es una enseñanza. Y entra Jesús sanando y enseñando a la vez.

Lo primero que dice es la niña no está muerta, está dormida. Jesús hubiera podido llegar perfectamente; permiso, permiso. Abran campo. Abran campo. Llegar donde la niña. Resucitarla. Permiso, ahí les quedo la niña. Pero Jesús no quiere que el milagro sea solamente milagro. Jesús quiere que el milagro sea, parábola, enseñanza. Jesús quiere que el milagro no sea solo milagro del cuerpo de una niña, sino milagro de la ignorancia de todo un pueblo. Y curar la ignorancia de todo un pueblo es ser maestro. Y por eso el Médico Divino es también el Divino Maestro. Así que llega Jesús y empieza enseñando. La niña no está muerta, está dormida. ¿Qué clase de enseñanza es esa? Si hay algo duro, es la muerte, porque Jesús dice como quitando importancia a la muerte, que está dormida, seguramente para que aprendamos Que hay algo mucho peor que la muerte que ven nuestros ojos. Y para eso ¿que es lo realmente grave? Para eso otro Jesús reserva la palabra muerte. La muerte del cuerpo es nada en comparación con la muerte eterna. Eso es lo que Jesús nos está enseñando.

Parece que para este hombre, el que fue a pedirle el milagro a Cristo, no había ninguna cosa peor que lo que le acababa de suceder la muerte de su niña. Pero Jesús, siendo caritativo, es al mismo tiempo Maestro. Y lo que le está diciendo a este señor es lo mismo que le está diciendo a todo ese pueblo y también a nosotros. Si te parece grave esta muerte, piensa que esta muerte es apenas una siesta, es un sueñecito Comparado con la otra muerte. Es toda una catequesis, una catequesis que tenemos que recibir con amor y con temblor.

Sigamos esta celebración después de haber espigado algunas de las enseñanzas que nos ha dado Cristo. ¿Cuáles fueron? Primera Si estás cansado de solo palabras, pídele al Señor que obre con poder en tu vida. Segunda Si sientes que tu vida es estéril o sientes aislamiento y que no puedes conectar como con nadie, mira hacia Jesucristo, pon tu fe en Él. Descubrirás que Él te habla. Descubrirás que la fuerza de su Palabra te rescata. Ánimo, te va a decir. Y en tercer lugar, descubrir la gravedad de la muerte eterna para reajustar nuestra escala de valores y para saber cuánto le debemos al Hijo de Dios en nuestra carne.

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