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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
La procrastinación espiritual retrasa la obra de Dios en nosotros. La conversión no debe esperar; no sigas el consejo del demonio: tu vida es breve y cada día es una oportunidad para volver al Señor.
Homilía o133010a, predicada en 20260701, con 6 min. y 26 seg. 
Transcripción:
Una de esas palabras que se ha puesto de moda últimamente y creo que alude a algo muy real y muy serio, es la palabra procrastinación. Debo confesar aquí en público, que durante mucho tiempo yo pronunciaba mal esa palabra, entre otras cosas porque es raro encontrar esas eres tan seguidas. La pronunciación correcta, ahora lo sé, es procrastinación. Y bueno, no era tan difícil saber qué tenía que pronunciarse así, porque es que resulta que en latín, la palabra para decir el día de mañana es la palabra cras.
Otra cosa es decir la mañana, como decir tiempo durante un día, pero cuando te vas a referir al día posterior al día actual, eso se llama cras, esa es la palabra que se utiliza. Entonces, la procrastinación es algo así como enviar al otro día, enviar al mañana lo que seguramente tenía que hacer yo el día de hoy. Por curiosidad, para quienes gustan del latín, hoy se dice hodie, hodie se dice en latín y mañana es cras.
Bueno, ¿por qué estoy hablando de la procrastinación? Porque recuerdo que un antiguo predicador de hace ya bastantes años, decía que el hombre o mujer, claro, el hombre o mujer que aplaza su conversión, está siguiendo el consejo del cuervo. Porque muchos cuervos producen un sonido que es muy parecido a la palabra que ya he mencionado en latín, cras. Entonces, algunos cuervos por lo menos se les escucha como una especie de sonido, como una especie de voz que dice cras, cras, cras. Y este predicador decía que nosotros estamos continuamente aplazando, aplazando lo que deberíamos hacer, aplazando lo que deberíamos hacer.
Por ejemplo, yo no debería seguir en esta relación. Yo debería soltar este vicio. Yo debería confesarme. Hace rato que no hago un buen retiro espiritual. Hace rato que no hablo con mi director espiritual, pero estamos procrastinando, estamos enviando al cras, estamos siguiendo la voz del cuervo. Y vuelvo a preguntar ¿por qué estoy hablando de esto? Pues la razón está en el Evangelio de hoy, es que el Evangelio de hoy nos cuenta cómo los demonios intentan comprar tiempo, le dicen a Cristo: ¿Has venido a atormentarnos antes de tiempo?
Esa expresión, por supuesto irreverente, como es propio de los demonios, esa expresión está indicando como una especie de compra de tiempo, es como que queremos comprar tiempo. Entonces, danos un poquito más de tiempo, no llegues ahora. Y esa es la voz ya no de un cuervo, esa es la voz del demonio. Es la voz del demonio que nos está diciendo: Después te conviertes, después arreglas tu matrimonio, después te casas por la Iglesia, después dejas ese vicio. Y ese después, ese aplazar lo que en realidad tendríamos que hacer es no solo, repito, la voz de un cuervo, es la voz del demonio.
Es la voz del demonio que no quiere nuestra conversión, es la voz del demonio que está comprando tiempo porque sabe que cada día que nosotros permanezcamos en el pecado nos hace más firmes, hace que se hundan más las raíces del pecado en nuestro corazón. Y por supuesto, es un día que le robamos a la gloria de Dios, es un día que le robamos al crecimiento que Dios quisiera para nosotros. El apóstol San Pedro decía tan claramente: Creced en la gracia y el conocimiento del Señor. Nosotros somos invitados a crecer, pero el día perdido, ese día que como dice el refrán, lo lloran los santos, el día perdido es un día donde no ha habido crecimiento.
Entonces, el demonio sabe que gana muchísimo, gana muchísimo y cuanto más afianzados estemos en el pecado y cuanto más firmes estemos en el pecado, pues más nos enamoramos de nuestros ídolos y más hundimos nuestras raíces en el mal, y más aplazamos la gloria de Dios, y más le robamos al único que merece nuestro tiempo. Por eso, en el Evangelio de hoy, los demonios a través de una persona que estaba posesa, los demonios están haciendo eso, los demonios están comprando tiempo.
Y ahora yo termino preguntándote ¿qué tienes aplazado? en tu vida de fe, en tu vida con Cristo, en tu vida de amor al Señor, en tu vida como católico, qué tienes aplazado, qué tienes pendiente que tú sabes, yo tengo que hacer esto, pero no lo has hecho. ¿Qué te hace falta? Cuál es ese paso que tú sabes que tienes que dar, pero lo estás aplazando, siguiendo el consejo de los cuervos y si digo peor, siguiendo el consejo de los demonios. No más aplazar nuestro tiempo. Nuestra vida es para Dios.
Quiero terminar recordando a un gran predicador, un sacerdote ejemplar de muchas maneras que tuvimos aquí en Colombia, el padre Rafael García Herreros, Y decía este bendito sacerdote, decía: Nuestra vida es breve, nuestra vida es como un minuto, y si es como un minuto, pues que sea un minuto de Dios. De ahí viene esa expresión que inmediatamente reconocemos los católicos en Colombia y que le ha dado nombre a tantas obras y a tanta espiritualidad: El minuto de Dios. Esa expresión proviene de la meditación de este sacerdote que no quería aplazar la obra de Cristo ni quería aplazar la hora de Cristo. Sigamos sus huellas, que Dios lo tenga en su gloria y que el mismo Dios nos bendiga. Amén.

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