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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

"Si se nos pierde la noción de pecado, se nos pierde la noción de la gracia".

Homilía o133002a, predicada en 19980701, con 6 min. y 29 seg.

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Transcripción:

Este pasaje del Evangelio parece como turbio, un camino intransitable, unos endemoniados, una cantidad de cerdos, suicidio masivo de cerdos. Y de la gente que tampoco entendió lo que estaba pasando y que le dice a Jesús que se vaya. Es como una cadena de cosas feas, es un cuadro, es un cuadro tenebroso, no es un cuadro atrayente. Esta escena repugnante, como ver a un cerdo suicidado, debe quedar bien grabado en nuestro corazón, porque es la imagen de lo que es el mundo sin Jesús. Un mundo que se vuelve un camino intransitable, un camino que no se puede recorrer, es una barrera, es un obstáculo. Un mundo que se vuelve lugar de terror, de miedo, lugar de confusión y de odio, finalmente, lugar de muerte, de suicidio.

De manera que una de las lecturas que podemos hacer de este pasaje, es que esto es lo que va a pasar con el mundo si no acepta a Jesús, miedos, barreras, odio, confusión, suciedad y finalmente, suicidio. Y hay que tener clara la imagen del pecado para que pueda parecer la imagen de la gracia. El Papa Juan Pablo ha insistido mucho en ese pensamiento. Si se pierde la noción de pecado, se pierde la noción de la gracia. Si se nos olvida de dónde hemos sido rescatados, se nos olvida a qué precio fuimos rescatados y con cuánto amor fuimos rescatados y hasta se nos puede olvidar que fuimos rescatados. Y sobre la base de esa ingratitud, pues entonces no hay religión, no hay alabanza. Y desde luego, tampoco se puede predicar el Evangelio.

Estos cuadros tan oscuros sirven para que aparezca, por contraste, la luz, el ejemplo que viene a la mente de uno es el cuadro del Cristo de Velázquez, negro, noche negra, oscura y en ella, como hecho de mármol y luz, el cuerpo de Jesucristo. Hay que saber mirar estos cuadros oscuros no para fascinarnos de ellos, sino para saber de dónde hemos sido rescatados, en primer lugar. Para saber qué peligros acechan al mundo, en segundo lugar, y para tener el alma dispuesta para la noticia de la gracia, en tercer lugar. Ellos, los gadarenos, estos gerasenos, dice el Evangelio de Marcos, le pidieron a Jesús que se fuera. Eso debe tener algún misterio, era un camino intransitable, pero prefirieron el mal conocido al bueno por conocer. Prefirieron el estado de cosas anterior, los males que ya sabían tratar y no este bien tan extraño y como tan caro. Además, parece que les pareció, parece que para ellos fue demasiado precio una piara por salvar a uno o dos seres humanos. Han perdido el sentido del valor y de las proporciones, es mucha pérdida, es mucho miedo, mejor que se vaya ese, así rechazaron así a Jesús.

Bueno, que nuestra oración acompañe a Jesús en su obra de liberación, para que allí donde Él hoy realiza estas obras, piérdase lo que se pierda, el ser humano tan amado de Dios, imagen de Dios, se pueda salvar, así el resto se pierda. Nuestra súplica es corta y acompaña a Jesucristo para que esta obra de redención pueda llegar hasta los confines. Está gerasa, esta región de los gadarenos, estaban los confines de la tierra de judíos. Pues así también que hasta los confines, más allá de los límites de la Iglesia, de la cultura cristiana, de la religión católica, fuera de todo límite, Jesús pueda hacer su obra y pueda ser acogido y recibido, piérdase lo que se pierda.

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