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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
El valiente sí siente miedo y pasa por la angustia, pero se vence porque sabe con Quién está, con Jesucristo Nuestro Señor.
Homilía o132012a, predicada en 20240702, con 7 min. y 17 seg. 
Transcripción:
Hoy vamos a hablar de la valentía. Y lo que me motiva para esta reflexión es lo que nos muestra el Evangelio de hoy. Porque en el Evangelio de hoy Cristo llama cobardes a sus discípulos. Es una escena que yo creo que todos recordamos muy bien. Está Cristo en la barca, dormido, agotado. Se levanta un temporal impresionante, una tormenta bárbara. Y en esas circunstancias, pues los discípulos lo despiertan. Ellos, llenos de angustia, le dicen ayúdanos. Le piden su ayuda y entonces Cristo los llama cobardes.
Pero uno puede hacerse esta pregunta ¿Cómo hay que entender eso? Es decir, que el cristiano nunca debe tener miedo. O sea, si se está hundiendo mi barco, yo no debo tener miedo, no me debo preocupar. ¿Un cristiano es alguien que nunca se afana, que nunca se angustia, que nada le preocupa? ¿Nosotros estamos por encima de todos esos temores y de todas esas angustias, y a nosotros eso no nos afecta? ¿Ese es el mensaje que debemos sacar de este Evangelio?
Recordemos que Cristo mismo, en su Pasión, experimentó toda la fuerza de su debilidad. Oyeme esa expresión. La fuerza de su debilidad. Ese temor, ese dolor de su corazón, esa tristeza, esa angustia. A ver, habrá alguna persona que diga que Cristo, cuando estaba orando en el huerto, no estaba preocupado, no tenía angustia. ¿Habrá alguna persona que diga eso? Y yo hago esta pregunta ¿Si Cristo en esas circunstancias estaba experimentando angustia, miedo, entonces qué queda para nosotros? Es decir, ¿es lícito entonces tener miedo? Pero por otra parte, vamos a decir que Cristo, sobre todo en esa escena del huerto de Getsemaní, ¿era un cobarde?. No, Cristo no era un cobarde.
Y ahí es donde vamos aprendiendo qué es lo que significa la verdadera valentía cristiana. Porque no cabe duda de que el tiempo en el que estamos requiere valentía. Valentía para plantarnos frente a muchas realidades de este mundo y decir no estoy de acuerdo. Valentía para plantarnos delante de los poderosos, para decir hay uno más fuerte que ustedes. Eso es valentía.
Me estoy acordando de cómo en la Copa de fútbol de la Unión Europea se presionó a los capitanes de las selecciones de fútbol para que todos llevaran el brazalete que le hace honor, que le hace, llamémoslo así, honra a la población LGBT. Y yo digo una cosa es respetar y otra cosa es honrar o celebrar. Por supuesto que respetamos a las personas, ¿Pero tengo yo que celebrar tu modo de vivir, aunque yo no esté de acuerdo? ¿Tengo yo que honrar tu modo de vivir, aunque yo no esté de acuerdo?. Y es interesante el ejemplo que nos dio el gran futbolista Cristiano Ronaldo, capitán de la selección de Portugal, porque él no se puso ese brazalete, él se puso un brazalete que habla de respeto. E
No cabe duda de que nuestro tiempo requiere valentía para muchas cosas. Valentía para frenar el poder de metástasis que tiene la corrupción en tantos lugares. Valentía para enseñar las exigencias del Evangelio en tiempos de mediocridad. Valentía dentro de la Iglesia, cuando tú te encuentras que algunos, toman una actitud tan supremamente cómoda para ellos mismos y para la gente a la que predican, porque básicamente le están diciendo tú sigue en tu adulterio, no hay ningún problema, te voy a bendecir. Estás en una relación homosexual, no hay ningún problema, yo les voy a bendecir esa unión. Eso es gravísimo y se necesita valentía para oponerse a eso.
Pero lo que nos estamos dando cuenta en este Evangelio es que la valentía no consiste en no sentir. Porque uno puede pensar que el valiente es que no siente miedo, que no ve el problema, que no pasa por la angustia. Y en el fondo el mensaje que queremos dar es que el valiente si siente miedo y si pasa por la angustia. Si pasa por angustia y tiene que vencerse. Valentía no es dejar de sentir, es ir más allá de lo que se siente. En nombre de lo que realmente vale la pena.
Y entonces, ¿cuál era el valor que quería Cristo que tuvieran sus discípulos en el episodio de la barca? Por supuesto que preocupan esas olas, pero si sabes con quién estás, tú no vas a dejar que la angustia hunda sus garras en ti hasta el punto de sentirte perecer, como si no supieras con quién estás. Cuando tú sabes con quién estás, cuando tú sabes quién es Cristo y quién es Cristo en tu vida, entonces no cabe esa angustia, ese tipo de angustia no cabe. Si sientes la presión del momento, sientes las amenazas, Puedes sentir miedo. ¿Por qué? Porque eres limitado, como la naturaleza humana de Cristo, limitada. Tú puedes sentir ese miedo, pero más allá de ese miedo, tú sabes con quién estás.
Resumámoslo en aquella frase de San Pablo. Es que yo sé en quién he puesto mi fe. Y por consiguiente, más allá de temores y de angustias y de miedos, yo sé de quién es la victoria. Y que para Él sea desde ya la gloria. Amén.

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