Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

El profeta tiene plena conciencia para relacionarse con Dios, hace lectura de los signos de los tiempos discerniendo el querer del Señor y sabe que al hablar de la verdad divina le trae consecuencias.

Homilía o132008a, predicada en 20160628, con 5 min. y 59 seg.

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Transcripción:

La primera lectura de hoy está tomada del Capítulo tercero del profeta Amós. Este, como otros profetas, yo diría como todos los profetas del pueblo de Dios, fue un hombre que mostró extraordinario valor en medio de dura oposición. Aprendamos hoy de Amós unas tres características de los verdaderos profetas. Porque hay que saber, según lo que enseña el apóstol San Pablo en un texto muy posterior en su primera Carta a los Corintios hay que saber que el don de profecía sigue siendo un don necesario en la Iglesia. Así que aprendamos por lo menos tres características esenciales de los verdaderos profetas.

Lo primero que destaca en el pasaje de hoy es que Amós tiene clara conciencia de que ese pueblo es el pueblo que Dios ha elegido. La conciencia de la elección divina. La conciencia de que somos el pueblo amado por Dios. El pueblo con el que Dios ha querido escribir una historia que es historia de gracia, de misericordia, de sabiduría y de poder. Esta conciencia de la historia que Dios ha hecho con su pueblo. Esta conciencia es indispensable porque es ella la que hace que tengamos ojos para apreciar las maravillas del Señor y tengamos también voz para reclamar la gratitud y la obediencia que el pueblo debe tener con el Señor.

Así que la primera característica del profeta es que tiene conciencia de su propia elección y conciencia de la elección divina. Y desde esa conciencia se abre a una relación de amor con Dios. Los profetas son amigos fuertes de Dios, por tomar prestada la expresión de Santa Teresa de Jesús, con una gran conciencia de la obra de la gracia, con una gran conciencia de la historia de las providencias de Dios, con una gran proximidad con la historia entonces, de toda esta obra de amor que Dios ha ido haciendo con su pueblo. Esa es la primera característica.

La segunda característica es lo que Cristo llamaba lectura de los signos de los tiempos. En esa larga serie de preguntas retóricas que hace el profeta Amós en el pasaje de hoy, nos damos cuenta que su mente busca relaciones. Su mente busca la conexión entre la causa y el efecto. Lo que sucede en la naturaleza, lo que sucede en la sociedad, lo que sucede en la historia, es objeto de búsqueda, de pregunta, de cuestionamiento para el profeta. El profeta no es la persona que se encierra lejos de las realidades del pueblo, como diciendo mientras yo me salve todo está bien. El profeta lee lo que está sucediendo en el mundo, en la historia, en el pueblo, en su entorno y en esa búsqueda de causa y efecto, como lo plantea Amós con su propio lenguaje, va aprendiendo a discernir el querer de Dios.

Jesucristo, varias veces en el Evangelio nos exhorta para que tengamos esta clase de mirada, para que descubramos en lo que está sucediendo ¿esto para dónde va?, ¿esto qué consecuencias tiene?, ¿estas causas a qué efectos nos están llevando? Qué interesante hacerse esa clase de preguntas. Cuando uno ve, por ejemplo, que en nuestros países cada vez se aprueban leyes que destruyen, que debilitan más y más. Por ejemplo, el matrimonio y la familia, la dignidad misma de la vida humana. ¿Para dónde va eso? ¿Estas causas, qué efectos traen? Eso es lectura de los signos de los tiempos.

La tercera característica que nos brinda Amós es la conciencia de que su propio ministerio va a traer consecuencias para él mismo. Fíjate cómo termina el pasaje de hoy. Prepárate, le dice al pueblo, prepárate para encararte con tu Dios. Es decir, el profeta que habla en el nombre del Señor y que tiene un mensaje sobre la verdad divina, sabe que eso traerá consecuencias, porque finalmente el llamado a la conversión que está haciendo. Pues si es aceptado bueno y santo, pero si no es aceptado, los mismos enemigos de Dios se volverán enemigos de los profetas que Dios envía. Por algo Jesucristo resume la historia de los profetas con estas palabras dramáticas en una discusión que tiene con las autoridades judías. Dice Jesús ¿Hubo acaso algún profeta a quienes vuestros padres, no persiguieran? De modo que hay como una especie de destino del profeta, y eso debe saberlo. Eso debe tenerlo bien claro. Si asumes el lado de Dios, los que odian a Dios te van a odiar a ti. Pero Dios, Dios es Señor, y la victoria es suya.

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