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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
La falta de fe de los discípulos no está en que hayan invocado a Cristo sino en que no les bastó saber que Él estaba presente.
Homilía o132006a, predicada en 20140701, con 4 min. y 47 seg. 
Transcripción:
A veces es provechoso hacer preguntas a la Biblia, es decir, tratarla como lo que es un libro vivo, un lugar de encuentro con una persona viva, fundamentalmente la persona de nuestro Señor Jesucristo y por consiguiente, un libro con el que es posible conversar. Esa conversación tiene que estar marcada por la humildad, por la fe, por la oración, por la obediencia. Obediencia al Espíritu Santo y obediencia a nuestra Madre, la Iglesia. Pero todas estas condiciones no deben hacernos perder de vista que es posible entrar en un coloquio de amor, en una conversación de luz y de amor. Con esta Palabra que ha llegado a nosotros como mensaje de Dios y también como puerta que se abre para que descubramos su amor y para que entremos en comunión con Él.
Hoy, por ejemplo, en el conocido pasaje de aquella barca en que van los discípulos, Cristo duerme y se desata una terrible tormenta. En ese pasaje hay una pregunta que puede hacerse. Cuando finalmente despiertan a Cristo y Cristo con su Palabra, calma las olas y el viento, regaña a los apóstoles, los llama hombres de poca fe. Y uno podría preguntarse ¿por qué los llama de poca fe, si ellos lo que estaban haciendo era llamándolo a Él? ¿Qué es exactamente lo que se supone que uno tiene que hacer? Se supone que lo que uno debe hacer es llamar a Cristo, y ellos lo estaban llamando a Él. Estaban acudiendo a Él ¿En dónde estuvo exactamente la falta de fe de ellos? En el momento de necesidad estaban buscando a Cristo. En el momento de necesidad estaban invocando a Cristo. Entonces, ¿por qué Cristo dice que son hombres de poca fe?
La única respuesta posible es porque Cristo ya estaba con ellos. No estaba de la manera que ellos deseaban. Lo que ellos deseaban fue lo que sucedió finalmente. Cristo se despertó en medio de su agotamiento en que debía estar. Cristo se despertó y Cristo aquietó las aguas y los vientos. Es decir, ellos querían esa respuesta de Cristo, pero Cristo ya estaba con ellos, era un Cristo durmiente, era un Cristo en silencio, pero era Cristo.
Y es ahí donde está la gran lección para nosotros. A veces no nos basta el Cristo que está con nosotros, en el silencio de su presencia y exigirle a Cristo que obre como a nosotros nos gustaría, exigirle a Cristo, por ejemplo, que tiene que hacer visible su acción, que tiene que mostrar tal o cual señal de su poder. Eso, en el fondo, es una falta de fe. Basta con que Él esté. Si Él está en nuestra vida, con eso basta. No hay que pedir más. La fe perfecta no necesita una acción en una o en otra dirección. La fe perfecta se basta, se sacia y se goza simplemente con la certeza de la presencia, porque la presencia está indicando aquí está sucediendo el plan de Dios en mi vida. Qué llamado el que nos hace este Evangelio para crecer en la fe.

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