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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
La otra tormenta que produce un gran fruto.
Homilía o132005a, predicada en 20020702, con 9 min. y 52 seg. 
Transcripción:
Amados hermanos, miremos qué es lo que hicieron estos discípulos para descubrir de qué los corrige Cristo y corregirnos también nosotros. El temporal. La tormenta era fuerte, Jesús dormía. Humanamente es explicable este sueño de Jesús, consecuencia de su extremo agotamiento. La vida de Jesús. Una vida generosa, una vida gastada. Una vida entregada sin reservas en favor de los pobres, de los pequeños. En favor de los posesos. En favor de los humildes. Jesús, agotado duerme. Los discípulos se acercan y le dicen Señor, sálvanos, que nos hundimos.
Y aquí viene lo interesante. Si buscaban su salvación en Jesucristo y si sabían que Jesucristo podía salvarlos, ¿por qué creían que les podía pasar algo malo si estaban con Él? Dice ahí que fueron donde Él y le pidieron que los salvara. Eso significa que creían que Jesús los podía salvar. La pregunta entonces es ¿si ellos creían que Jesús era su salvación, por qué tenían que dudar si estaban ahí con Jesús? Ese es el regaño que les da Cristo y por eso les dice qué poca fe. Estaban con Él y estando con Él nada podía sucederles. En el fondo, los discípulos creían esto. Creían que la salvación estaba en Jesús y por eso fueron donde Jesús a pedirle que los salvara. Ellos en el fondo sabían que ahí estaba la salvación, pero solo cuando el miedo tuvo poder en ellos, solo en ese momento se acercaron a Jesús.
Repasemos esa frase. Ellos sabían que su salvación estaba en Jesús, pero solo cuando los problemas estuvieron demasiado graves acudieron a Jesús. No será eso lo mismo que nos sucede a nosotros. Sabemos que la salvación está en Jesús pero solo vamos a Jesús cuando los problemas ya realmente nos asustan. Ahí sí lo buscamos. Y en ese sentido encontramos un primer parecido entre lo que hicieron los discípulos y lo que hacemos nosotros. Fueron a Jesús porque sabían que ahí estaba su salvación, pero fueron solo cuando el miedo ya tuvo poder en ellos. Fueron sólo cuando los problemas ya les parecieron demasiado grandes. Jesús los llama cobardes, porque lo que tuvo poder en ellos fue el miedo. Y los critica por la falta de fe.
Usualmente se dice que Jesús calmó la tempestad, pero hace un tiempo se me ocurrió que se podría decir de otra manera. Jesús no simplemente calmó la tempestad. Jesús les metió la tempestad ahora en el corazón a ellos. Porque ahora ellos empiezan a preguntarse ¿pero y este quién es? Cuando ya todo se calmó afuera, entonces la pregunta y la inquietud que quedó fue adentro. ¿Y entonces este quién es? Hasta el viento y el mar le obedecen. La tormenta de afuera no había producido frutos, sino solo miedo. Esa tormenta de adentro, esa inquietud. ¿Pero quién es este Jesucristo? Esa otra tormenta, esa sí produce un gran fruto. Y lo mejor que le puede pasar a uno en la vida es quedarse con esa inquietud. Hay una canción que lo dice. Jesucristo me dejó inquieto. Es lo mejor que le puede pasar a uno que Jesús nos deje en tormenta por dentro. Es decir, es un modo figurado de hablar. Que nos dejen quietos, que nos deje cuestionados, que nos deje preguntados. ¿Pero quién es este Jesús? ¿Quién es este hombre maravilloso? ¿Quién es Él ante el cual el viento y el mar tienen que obedecer? ¿Quién es este, Jesús? Esa tormenta trae bendición.
Y este es el otro punto en el que nosotros nos parecemos a los discípulos, porque seguramente hemos pasado muchos años desinteresados de Dios. Pero cuando nos llega esta tormenta, cuando se aplica la canción, cuando Jesús nos deja inquietos, entonces empezamos a averiguar ¿pero quién es Él? ¿pero cómo es Él? Y esta búsqueda es una cosa maravillosa, porque Jesús mismo dice en el Evangelio Nadie viene a mí si el Padre no le atrae. Fíjate esto. Los discípulos primero empezaron a buscar a Jesús por el miedo de las olas. La barca desaparecía entre las olas. Esa manera de buscar a Jesús. Porque uno está en problema, porque uno está asustado, porque el agua le llegó al cuello, como se dice. Esa manera no le gusta tanto a Jesús, la recibe, pero no es la que más le gusta. La que Él quiere producir en nosotros. Es la otra manera, la inquietud interior, ir a Jesús por una inquietud interior. ¿Pero quién es este?
Los discípulos primero buscaron a Jesús por un miedo que venía de las circunstancias exteriores. Luego se preguntaron quién era Jesús por una admiración que provenía de su corazón, que provenía de adentro. Son dos maneras de buscar a Jesús. Y esta segunda manera es preciosa, porque esa viene del Padre celestial. Jesús dice Es que nadie viene a mí si el Padre no le atrae. ¿Qué conclusión sacamos? Que cuando uno busca a Jesús solamente porque está en problemas es una búsqueda muy imperfecta. Jesús la recibe como tanta gente que llegó cargada de enfermedades, cargada de dolencias, y Jesús recibe. Al fin y al cabo Él es amoroso, es misericordioso y Él recibe. Pero la manera como Cristo quiere ser buscado es sobre todo a partir de esa inquietud interior. Porque en esa inquietud interior Papá Dios. Dios, tu Padre y mi Padre te está moviendo. Te está poniendo en camino.
¿Para qué digo esto? Digo esto porque quizá algunos de ustedes, mis hermanos, sientan en su corazón que empieza a arder una inquietud. Ya no solamente vienen a buscar la Palabra porque tuvieron un problema. Quizá dentro de tu corazón ha empezado una inquietud, ha empezado una llamada, ha empezado como una vocecita que te atrae suavemente hacia Jesucristo. No desprecies esa vocecita. Ahí está Dios. Dios nuestro Padre, está empujándote. Está moviéndote hacia la salvación. Está atrayéndote hacia el Salvador que es nuestro Señor Jesucristo. Cuando uno tiene esa inquietud, cuando uno tiene esa hambre, ¿quién es este? quiero conocer más de Él. ¿cómo es Él? ¿por qué Él es así? Ahí está Dios nuestro Padre obrando. Y es una cosa maravillosa, porque esa búsqueda va a dar un fruto muy grande.
Qué hemos aprendido. En resumen. Que nosotros nos parecemos a estos discípulos. Es decir, en el fondo sabemos que la solución está en Cristo, pero solo lo buscamos cuando estamos en problemas. Nos parecemos a los discípulos porque creemos que Dios es muy poderoso, pero cuando los problemas son grandes, nos asustamos y dudamos de Dios, sí será capaz con ese problema. Nos parecemos a los discípulos también, porque Dios de vez en cuando nos mete una tormenta en el corazón, una tormenta que es saludable porque nos deja inquietos y nos mueve a preguntarnos ¿quién es este? Esa tormenta es saludable.
Y estamos diciendo finalmente que es mucho mejor llegar a Jesús por esa inquietud interior, no solamente porque uno tiene un problema. Y si Dios te ha regalado esa inquietud, si Dios te ha regalado esa vocecita, ese deseo de saber más de Jesucristo, de estar más con Jesucristo, alégrate. Tu salvación está muy cercana, tu vida está muy próxima a cambiar.

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