Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Dios deja abiertas en nosotros inquietudes y preguntas, por donde Él quiere entrar con su gracia.

Homilía o132002a, predicada en 19980630, con 4 min. y 24 seg.

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Transcripción:

Viene nuestro Señor Jesucristo no solo para dar respuesta a las preguntas, sino también para darle preguntas a nuestras respuestas. Viene Jesucristo a traer paz y también a inquietar. Viene el Señor Jesucristo a poner orden en esta tierra y para eso a desarmar el orden que a veces creemos que tienen nuestras cosas en esta tierra.

Causa una profunda admiración entre sus discípulos calmando la tempestad. Pero como decíamos en otra ocasión este en realidad lo que logra es que la tempestad desconcierte a los discípulos. Ahora ya el temporal y las olas que suben y bajan, así como las aguas del mar suben y bajan, es el desconcierto de ellos. Y si antes era la barca la que estaba azotada quizás por vientos o por la lluvia ahora son los corazones de ellos los que se sienten azotados, golpeados por las preguntas. Importunado Jesús, no desapareció la tempestad, lo cambió de lugar para ofrecer una oportunidad a buscar las preguntas fundamentales. No afuera de sí mismos sino adentro. Y para que allá adentro puedan preguntarse ¿quién es este que hasta el viento y el agua lo obedecen? Y también encontraron respuesta en ese momento.

Jesús les da abiertas preguntas. Agrieta nuestra seguridades y no necesariamente las sana en ese mismo instante. Esas grietas, esas fracturas en el mundo que teníamos tan armado son útiles para que entren los ejércitos del Señor. Así como en las antiguas ciudades era necesario abrir una brecha, derribar una puerta para que pudiera entrar un ejército que estaba a la alzada. Así también Dios deja abierta sus preguntas, hay problemas que quedan sin solución quizás mucho tiempo. Y entonces uno se pregunta por sus preguntas. Y uno dice ¿por qué el Señor no me resuelve esta inquietud? ¿por qué no me resuelve este problema?. Sería una desgracia para ti quizás que se resolviera un problema antes de tiempo.

Santa Rosa de Lima habla de aquella herida que Dios mismo hace y que Dios no quiere sanar. Y que no conviene quedar uno sano. Porque hay ciertas heridas que causan mal, pero el bien también tiene sus heridas. El bien tiene también aberturas, llagas, brechas, fracturas por las cuales quieran entrar libremente. Y por eso nuestra mejor actitud, cuando las tienes que dejar abiertas, esas brechas. Esperando que sea Él el que entre. Así como los ejércitos en las ciudades antiguas, entraban y sacaban de la ciudad todo lo que les interesaba, todo lo que no debía estar en esa ciudad según el criterio de ellos. Así también entra Jesucristo con sus ejércitos de poder, de gracia, de bienes, de bendiciones y de ángeles, a quitar en nosotros lo que no debe estar en nosotros.

Entonces si es así bienvenidas esas heridas. Bienvenidas esas preguntas. Bienvenidas esas brechas. Así nos hagan sentir débiles, así nos hagan sentir frágiles. No somos frágiles si estamos apoyados en Él. No somos débiles si Él es nuestra fortaleza.

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