Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

A medida que vives el Evangelio, que descubres que es real se consolida en ti la paz, la alegría y la confianza. La experiencia de la Buena Noticia te lleva a vivir sobre roca.

Homilía o123009a, predicada en 20240626, con 6 min. y 28 seg.

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Transcripción:

Hoy en día, si un médico te va a recetar un remedio, un medicamento seguramente te va a dar ciertas advertencias sobre lo que se conocen como efectos secundarios. ¿Qué es un efecto secundario? Pues es lo que puede producir ese medicamento y que no tiene que ver con tu curación, con tu sanación, sino más bien con la manera como tu organismo procesa esas sustancias que contiene el medicamento y normalmente se trata en los efectos secundarios de cosas que son desagradables o que pueden ser incluso preocupantes.

Por ejemplo, te dicen: este medicamento le puede producir a usted náuseas o le dicen a la persona, este medicamento le puede producir alteración en el ritmo cardíaco. Esté atento si usted tiene una taquicardia, esté atento porque eso puede indicar algo grave. Eso se llaman efectos secundarios y creo que muchos estamos familiarizados con esa expresión. ¿Por qué hablo de efectos secundarios? Porque el Evangelio de hoy nos habla de los frutos, nos habla de los frutos y dice Nuestro Señor Jesucristo: «Por sus frutos los conoceréis». Y ¿por qué estoy hablando de efectos secundarios con el tema de los frutos?

Porque mira, por ejemplo esto. Resulta que había un grupo, un grupo de evangelización en una parroquia y ese grupo de evangelización, un grupo católico que tenía oración, que tenía canto, que tenía cosas muy bonitas, pues gracias a Dios produjo algunos frutos buenos, por ejemplo, un par de matrimonios que estaban a punto de separarse, pues gracias a ese grupo no se separaron. Ese es un fruto bueno, podríamos decir que ese es el propósito para el que se hizo ese medicamento. El propósito del medicamento es precisamente ese, que no se dé esa separación, que los matrimonios se reconstruyan, que los jóvenes encuentren su camino en Cristo, en fin, ese es el efecto positivo.

Pero como Cristo dice por sus frutos los conoceréis, nosotros tenemos que estar atentos también a los efectos secundarios. Y ¿cuáles pueden ser los efectos secundarios en el caso de un grupo? Imaginémonos que en ese grupo, sí está muy bien que hubo unos matrimonios que se recuperaron, eso está excelente, pero resulta que en ese grupo entraron algunas personas, como era un grupo grande y había gente más o menos adinerada, entraron algunas personas a hacer unos préstamos de dinero y a estafar a la gente.

O imaginémonos que en ese grupo, en cierto momento llegaron algunos muchachitos, algunas muchachitas, que al principio parecía que se estaban tomando en serio las cosas, pero después resulta que, en realidad, estaban simplemente tratando de iniciar noviazgos y no eran noviazgos en Dios, porque resulta que ya van tres muchachitas embarazadas en ese grupo de oración o en ese grupo católico. Te das cuenta de ¿para dónde va mi reflexión? Lo que quiero decir es que cuando Cristo nos habla de que miremos los frutos, no es solo miremos los frutos buenos, sino que miremos también los efectos secundarios.

Miremos también las cositas que están pasando por el lado, miremos también las cositas a las que no se les pone mucha atención, pero que en el fondo están destruyendo porque es muy posible que esos efectos secundarios sean peores que el efecto principal. Imaginémonos, por ejemplo, que tenemos un determinado medicamento que es para tratar un problema de los riñones, magnífico, pero ese medicamento tiene entre sus efectos secundarios que puede producir taquicardia. Imaginémonos que una persona se toma ese medicamento y nota que sí le da un poquito de aceleración en el corazón y siente un poco de taquicardia, pero sigue tomando el medicamento.

Y cada vez es más fuerte el efecto taquicardia y un día se muere, un día se muere. Entonces ¿qué? Ese medicamento le estaba curando el riñón, pero lo mató, por eso hay que estar muy atentos a los efectos secundarios. Lo mismo pasa en la espiritualidad, lo mismo pasa en la fe, lo mismo pasa en la Iglesia. Nosotros no podemos quedarnos simplemente con que este es un grupo muy bueno porque hay gente que se está convirtiendo, este es un grupo muy bueno porque hay gente que está muy feliz. Sí, ese puede ser un efecto bueno y los efectos secundarios ¿cuáles son? ¿Qué más está sucediendo, cuáles son las otras cosas que están pasando?

Algunas de las cuales pueden ser desastrosas, como un ataque cardíaco. Entonces, es una idea que ya comentaba en otra oportunidad, cuando nosotros hablemos de los frutos de un movimiento, los frutos de un grupo, los frutos de un estilo de evangelización, tenemos que pensar no solo en los frutos buenos, sino también en el conjunto de los efectos secundarios, porque es ahí donde podremos percibir plenamente la verdad de lo que se está haciendo. Y ahí entonces, podremos aplicar plenamente la frase de Cristo: Por los frutos se les conoce, y así será.

Ese es todo el mensaje que quería compartirte hoy, que estemos atentos no solo a los resultados buenos que seguramente aparecen en todos o casi todos los movimientos, sino que estemos atentos también a los efectos secundarios y tengamos una mirada apropiada, una mirada 360 grados para ver qué es lo que está sucediendo. Que Dios nos ilumine, nos guíe, nos corrija y podamos darle pleno honor y gloria. Amén.

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