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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Por el fruto se conoce al árbol, pero ¿cómo se reconoce el buen fruto?

Homilía o123005a, predicada en 20140625, con 5 min. y 35 seg.

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Transcripción:

«Por sus frutos los conoceréis», una de las frases más conocidas del Evangelio aparece en el pasaje de hoy para la santa Misa, ese versículo se encuentra en el capítulo séptimo de San Mateo. Por sus frutos los conoceréis, es un criterio de discernimiento que nos da Cristo para ayudarnos a distinguir entre la apariencia y la realidad, porque la verdad es que hay muchos que son lobos, pero se visten con piel de oveja. Hay muchos engaños en esta tierra y como dijo el profeta Samuel, la mirada de Dios no es como la mirada del hombre, es el Señor quien logra distinguir lo que hay en el corazón humano. Y por eso, necesitamos criterios para no dejarnos llevar simplemente por las apariencias.

Es un criterio muy sano, un criterio que puede aplicarse a la vida personal, a la vida de familia, a la vida de la sociedad. Por ejemplo, refiriéndose a ciertas experiencias espirituales, dice Santa Catalina de Siena: El demonio puede producir una cierta alegría con su engaño. Pero muy pronto esa alegría, por ejemplo, la de una falsa aparición, la de una falsa visión, esa alegría muy pronto queda empañada por sentimientos de confusión, de rabia, de envidia, de división, de desolación. Es decir, es algo que deslumbra, pero que, en realidad, no ilumina.

En cambio, cuando las cosas vienen de Dios, aquella iluminación, aquella gracia que se recibe va dejando un fruto de paz, de humildad, de conversión, de amor. Ahí tenemos una aplicación de las palabras de Cristo para las experiencias espirituales. Si una persona dice que ha recibido grandes dones del Espíritu, o que ha tenido apariciones, o que ha recibido mensajes, pues eso tiene que notarse, tiene que dar frutos de conversión. Nos dice la primera carta de Juan: El que dice que está con él tiene que andar como él anduvo.

Y esos frutos serán frutos de humildad, de caridad, de sabiduría, perseverancia, virtud, obediencia, unidad. Este es el tipo de frutos que interesan. Y aquí quiero destacar algo, observa que los frutos son múltiples. Decir que porque una persona, por ejemplo, tiene mucho conocimiento, ya ese es un fruto. Pero es que Jesús dice los frutos y por eso no hay que mirar solamente un fruto, que se ha logrado, por ejemplo, reunir miles y miles de jóvenes en una gran celebración. Eso puede ser muy bueno, pero el solo número es solamente un fruto.

Hay que mirar si esos miles de jóvenes crecieron en la conversión de sus pecados, si se desprendieron de sus vicios, si aprendieron a pedir perdón, si se pusieron a órdenes con gran disponibilidad, a órdenes de sus legítimos pastores, es decir, los obispos, los párrocos, los sacerdotes, hay que ver el conjunto de los frutos. Y otra cosa para tener en cuenta es cómo se distingue el fruto bueno del malo, porque uno puede ver un fruto hermoso, pero resulta que al comerlo ya estaba dañado. O uno puede ver una fruta muy bella pero no tiene semilla, es decir, de ahí no va a salir nada más.

Por eso, el criterio de los frutos también hay que saber aplicarlo, no es algo instantáneo, no podemos concentrarnos en una sola cosa, sino en el conjunto de las consecuencias. Y no podemos quedarnos simplemente en la apariencia del fruto, porque ese sería un nuevo error, sino hay que ver qué sucede en aquellos que se comen ese fruto y qué sucede en aquellos que quieren prolongar esa experiencia. La experiencia es fecunda, la experiencia trae salud, es permanente.

Yo he venido para que deis fruto, dice Jesús en el capítulo 15 de San Juan, un fruto que permanezca. Por eso, necesitamos saber aplicar este criterio, porque es una luz muy grande que nos ha dado Jesús. Pero, como todo lo que viene de su Evangelio, ciertamente requiere sabiduría si queremos aprovecharlo a fondo.

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