Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Las amenazas del demonio, del mundo y de la carne tienen una dimensión espiritual que toca la gloria de Dios. Unidos a Cristo, enfrentamos estos combates con la certeza de que en Él está la verdadera victoria.

Homilía o122013a, predicada en 20260623, con 7 min. y 26 seg.

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Transcripción:

El Imperio asirio fue uno de los más poderosos, pero sobre todo de los más crueles de la antigüedad. Ese imperio tuvo un rey llamado Salmanasar, que, como escuchábamos en la lectura de ayer, fue capaz de derrotar al rey de Israel. Acuérdate que el pueblo de Dios estaba dividido Reino del Norte que se llamaba Israel, Reino del Sur que se llamaba Judá. Pues Salmanasar venció al rey del reino del Norte, invadió, arrasó, se adueñó de todo lo que era el reino de Israel. Un sucesor de Salmanasar llamado Senaquerib aparece en la primera lectura de hoy, tomada también como la de ayer del segundo libro de los Reyes.

El reino de los asirios era un reino muy poderoso y muy arrogante, un reino lleno de soberbia Y con esa gran soberbia le escribe Senaquerib al rey de Judá. Ya los asirios se habían adueñado de la parte norte y ahora venían por la parte del sur. La parte del norte fue conquistada por Salmanasar y ahora Senaquerib venía por la parte del sur. Venía a atacar, a adueñarse de la parte del sur, es decir, el reino de Judá. En ese momento era rey un hombre llamado Ezequías, y este rey Ezequías recibe las amenazas de Senaquerib, que era el rey asirio, lleno de prepotencia, lleno de suficiencia. Senaquerib le escribe a Ezequías y le dice básicamente ríndete, no tienes ninguna esperanza, no te imagines que tu Dios te va a proteger, porque mira, yo ya derroté a estos y a estos y a estos otros. Es decir, mi vida es una cadena de victorias. Tú no vas a poder nada contra mí. Ese es el mensaje de Senaquerib.

Y entonces Ezequías recibe el mensaje de Senaquerib y hace lo que también nosotros tenemos que hacer. Cuando vienen las amenazas del demonio o del mundo, o de la carne. ¿Qué fue lo que hizo Ezequías? Ezequías tomó esa carta y se dio cuenta de que no era simplemente una amenaza contra él, que no era simplemente una amenaza contra su reino, el reino de Judá, el Reino del Sur. No, no era solamente eso, era un insulto contra Dios. Y aquí hay un parecido muy grande entre Ezequías y David. Tú recuerdas que en la época de David. Pues un hombre arrogante, un gigante de los filisteos llamado Goliat. También habló con soberbia contra Dios y también insultó y blasfemó y se creía muy poderoso. Y ese gigante amenazante, por supuesto Goliat, pues había retado a los ejércitos de Israel y les había dicho: Mire: es muy sencillo que cualquiera de ustedes venga y pelee conmigo. Ya está. Si cualquiera de ustedes me vence a mí, entonces nosotros, los filisteos, seremos siervos de ustedes. Pero si yo venzo al que ustedes envíen, entonces ustedes van a ser siervos nuestros. Ese es el negocio que propone Goliat. Y David se da cuenta de que Goliat no está insultando solamente al pueblo. No está despreciando al pueblo. David se da cuenta de que las palabras blasfemas de Goliat son ante todo un insulto contra Dios, y como son un insulto contra Dios, David sale a luchar contra Goliat, pero no como un hombre lucha contra otro hombre, sino como un testigo de Yahvé, lucha contra un blasfemo en contra de Yahvé. Es decir, David entiende que el combate no es simplemente militar, sino que es un combate espiritual.

Y eso es lo que nosotros tenemos que entender también que muchos de los combates que tal vez nos parece que son simplemente militares, culturales, políticos, electorales, son en el fondo combates espirituales. Y por eso Ezequías cuando recibe la carta llena de amenazas de Senaquerib, el rey de Asiria. Ezequías va al templo y le muestra al Señor. Mira lo que están diciendo, porque Ezequías era consciente de que la batalla no era simplemente contra él. No era una batalla simplemente contra los hombres. No es un problema simplemente militar. Aquí hay algo más. Eso nos lo dice también el apóstol San Pablo ya en el Nuevo Testamento, en el capítulo sexto de la Carta a los Efesios. Dices que nuestro combate no es contra la carne y la sangre. Nuestro combate no es contra los hombres, nuestro combate es contra los espíritus del mal. Entonces Ezequías se da cuenta este es un combate espiritual. Esto no es solamente que yo tenga buenos ejércitos o que yo entrené mucho a mi gente. Eso puede ayudar, pero lo fundamental no es eso. Lo fundamental es entender que esta es una lucha que involucra la gloria de Dios.

Y es eso lo que debemos tener presente. Y ya sabes cuál es el desenlace. Ezequías triunfa, Ezequías triunfa. ¿Y sabes por qué? Porque Dios triunfa. Nosotros, unidos al Señor, podemos repetir con San Pablo: Todo lo puedo en Cristo que me fortalece. O como dice otro refrán muy conocido Dios y yo somos mayoría. Pero para poder decir uno Dios y yo, no es que Dios tenga que ponerse de mi parte, sino que primero yo me pongo de parte del Señor. Primero, yo reconozco su señorío. Primero quiero que Él reine en mi vida. Y cuando Él reina en mi vida, entonces las cosas cambian. Porque ahí somos mayoría y ahí somos más que vencedores. Que Dios te bendiga.

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