Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Jesús nos advierte de tener cuidado de la comodidad del pecado, de la pereza y de las malas amistades porque pueden arruinar nuestras vidas, pueden acabar en perdición.

Homilía o122012a, predicada en 20240625, con 8 min. y 15 seg.

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Transcripción:

En el Evangelio según San Mateo encontramos una colección de frases, dichos, predicaciones de Cristo que se han puesto juntas en los Capítulos Cinco, Seis y Siete de este evangelista. Y a ese conjunto se le suele llamar Sermón de la Montaña, porque al comienzo de esas palabras se dice que Cristo subió una montaña y ahí fue donde pronunció aquel precioso mensaje de las Bienaventuranzas. Ese es el Sermón de la Montaña, esa colección que repito, ocupa cinco, seis y siete de San Mateo, los capítulos. Y hemos venido escuchando fragmentos de ese Sermón de la Montaña.

Hoy particularmente el texto que tenemos deja ver claramente que son como frases tomadas así de distintos puntos, muy seguramente en distintos lugares, muy seguramente en distintos tiempos, porque uno se da cuenta que no hay como una continuidad. Cristo dice por ejemplo traten a los demás como quieren que los traten a ustedes. Luego dice que hay que entrar por la puerta estrecha, no por la puerta ancha. Es decir, no hay una unidad temática que nos haga pensar que realmente se trata de lo que solemos llamar un discurso como una cosa continua. Pero lo realmente valioso está en que en esa diversidad destella el Evangelio.

Te voy a dar una comparación. Imagínate que tú tomas el más hermoso de los diamantes, un diamante inmenso, hermoso. Y tú le vas dando vueltas y te vas deleitando con el brillo, con los reflejos de esa piedra preciosa. Evidentemente, cada faceta, cada pequeña superficie de ese diamante tiene su propia luz, tiene su propio resplandor. Pero el conjunto es lo que te fascina. Ese es el Sermón de la Montaña. Es como un diamante. Y no voy a decir un diamante en bruto porque no es un diamante en bruto. Es un diamante delicadamente pulido por el Espíritu Santo. Un diamante tan hermosamente pulido que cada frase es como una faceta que suelta, un brillo que deja ver otro aspecto del Evangelio.

Por ejemplo, fijémonos hoy en una sola de esas facetas una sola. Porque en el texto de hoy, que no es muy largo, ya aparecen varias, varias enseñanzas, varias luces, varios destellos. Es el brillo de Dios, porque en Cristo tenemos todo el brillo de Dios. Entonces, fijémonos especialmente en esta frase. Cristo nos dice que entremos por la puerta estrecha. Y nos enseña así a desconfiar del camino ancho. La puerta estrecha, el camino exigente, la subida ardua. Es una invitación de Cristo a desconfiar de un Evangelio o de un mensaje o de una filosofía de vida demasiado cómoda. Ese es el mensaje esencial. Desconfía de eso que parece demasiado cómodo.

Y voy a dar aquí tres ejemplos rápidos. Piensa, por ejemplo, en aquella persona que te dice mira, pues tú estás viviendo en pecado, o mejor dicho, tú estás viviendo en lo que la Iglesia antes llamaba pecado. No te preocupes por eso. No sufras por eso. Vamos, no te preocupes por eso. Tú puedes seguir viviendo. Dios te acepta así. Tú naciste así. Sigue así. La vida fue muy dura para ti. Sigue en lo que estás. ¿Eso es cómodo, verdad? Es cómodo porque si hay algo que es duro para el corazón humano es esto que se llama conversión.

La conversión es dura para el corazón humano porque muchas veces supone contradecir cosas que son deleitables. Y te cuento que si el pecado no tuviera algo de deleitable, ninguno de nosotros pecaría. Entonces ahí tienes un ejemplo de cómo lo cómodo lleva a la perdición, nos dice Cristo. Es muy cómodo, pero muy cómodo esto de que yo sigo en mi pecado, yo sigo en lo que he estado haciendo. Yo sigo, yo sigo en lo mío. No me cuesta mucho. El que te ofrezca un Evangelio demasiado cómodo, de pronto te está estafando.

Veamos otro ejemplo: la pereza. ¡Ay la pereza de tantos católicos! Como tengo ocasión por mi servicio misionero de ir a tantas parroquias. Yo veo cómo en muchos lugares, por ejemplo, mis hermanos sacerdotes, se esfuerzan ofreciendo distintos caminos alternativas, que este movimiento, que este grupo. Ahora vamos con este retiro, vamos con unas jornadas, vamos con unas catequesis, vamos a una peregrinación. Y cuántas veces he visto con mis propios ojos que esas ofertas, que en el fondo son ofertas de amor, ofertas de gracia, caen en el vacío. ¿Y sabes por qué? Porque la gente está muy cómoda. Estamos muy cómodos. Ah, pero es que yo trabajo muy duro y yo necesito un fin de semana para mí. Y es que tú crees que si tú vas un fin de semana a un retiro es un fin de semana para quién. El gran beneficiado vas a ser tú. Lo que Dios tiene para ti, no te lo imaginas. Es un regalo para ti. Pero tu pereza, tu comodidad, no te deja. Eso es cómodo.

Tercer ejemplo: las amistades. ¿Cómo hemos formado nosotros la mayor parte de nuestros grupos de amigos? Es la gente con la que nos sentimos cómodos, nos sentimos bien con los amigos y son los amigos de juegos, son los amigos de tragos, son los amigos de vicios, son los amigos, pero son mis amigos. Me siento bien con ellos. Y no es fácil, no es nada fácil cambiar de amigos. No es nada fácil dar el paso y decir o yo los atraigo a ellos hacia Cristo o lo que va a terminar pasando es que ellos me sacan de Cristo. Eso no es fácil, tomar esa decisión.

Pero a veces uno se queda en su comodidad, en la comodidad de sus amigos. ¿Y qué es lo que nos está diciendo el Evangelio de hoy? Cuidado con esas comodidades, esas comodidades que pueden arruinar tu vida, esas comodidades que pueden acabar en perdición. Cuidado con eso. Es un mensaje muy claro. Es Dios mismo quien nos está hablando ahí.

Pues pidamos al Señor que nosotros tomemos en serio su palabra y que no nos dejemos abrazar y arropar por la comodidad, la comodidad del pecado, la comodidad de la pereza, la comodidad de las malas amistades. Ya Cristo nos lo advirtió, por algo nos lo advirtió, porque nos ama mucho.

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