Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Cuando descubres los bienes que tu alma anhela, descubres también que el camino es arduo y que necesitamos de Cristo para ser verdaderamente humanos.

Homilía o122009a, predicada en 20200623, con 7 min. y 51 seg.

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Transcripción:

Hay un contraste grande y fuerte en el breve texto del Evangelio de hoy, que ha sido tomado del capítulo séptimo de San Mateo. ¿A qué contraste me refiero? Al principio del texto de hoy, que repito, es muy breve. Jesús dice: La ley y los profetas se resumen en una frase muy sencilla Trata a los demás como quieres que te traten a ti. En eso se resume la ley. Ahí están los profetas. Eso no parece tan complicado. De hecho, como lo han subrayado varios autores, esa frase, esa frase que es conocida como la regla de oro, aparece de distintas formas en distintos credos religiosos, corrientes filosóficas. O sea, parece que es algo bastante universal, sumamente sensato y hasta cierto punto sencillo. ¿Cómo debo tratar a los demás? Pues como yo quiero que me traten. Fácil.

Pero después de decir esa frase que repito parece obvia, parece como sencilla y fácil. Cristo suelta otra frase: Entren por la puerta angosta. Y dice que la puerta ancha, el camino ancho, es el que lleva a la perdición, mientras que el camino angosto es el que lleva a la salvación. Y pocos, dice, pocos son los que dan con él. Entonces, ¿cómo podemos relacionar estas dos cosas? Lo primero parecía sensato y lo otro parece muy exagerado. Lo primero parecía muy universal. Y ahora Cristo dice que son pocos los que dan con la puerta angosta. Se queda uno un poco extrañado. ¿Qué es lo que Cristo nos quiere decir con esta manera de hablar? Es decir, la vida cristiana al fin es sencilla y descomplicada, como aquello de voy a tratar a los demás de la misma forma que quiero que me traten.

O la vida cristiana es ardua y casi que reservada a unos poquitos porque somos llamados a entrar por una puerta angosta. Al fin, ¿Cómo es la vida cristiana? Y la respuesta asombrosa es que la vida cristiana tiene de ambas cosas. La vida cristiana tiene de lo sencillo, de lo fácil. Pero cuando vas a practicar lo fácil y lo sencillo, empiezas a descubrir que no es tan sencillo y no es tan fácil. Me hace acordar una comparación que aparece tanto en el profeta Ezequiel como en el libro del Apocalipsis cuando se habla de un librito que cuando lo comes es dulce, pero cuando llega a tus entrañas es como si fuera amargo. Entonces, ¿cómo es la vida cristiana? Quedémonos con la primera afirmación por ahora tratar a los demás como yo quiero que me traten.

Realmente lo que dice Cristo es hagan el bien a los otros que ustedes quisieran recibir de ellos. Porque tratar a los demás como yo quiero que me traten, significa eso. El bien que yo quiero recibir es el bien que yo también debo dar. ¿Y cuál es el bien que yo quiero recibir? Pues quiero ser tratado de una manera justa con algo de comprensión, quiero recibir ayuda. Y aquí es donde empieza a darse uno cuenta que esa frase, aunque sea tan universal como para aparecer en muchas religiones, en realidad tiene un matiz único en las palabras de Cristo. ¿Sabes por qué? Porque todo depende del bien que tú quieres recibir.

Pensemos este caso. Pensemos una persona que dice: Yo voy a tratar a los demás como quiero que me traten y lo único que yo quiero para la manera como me traten, lo único que yo quiero para mí es simplemente que me traten con justicia, que me den lo que a mí me corresponde, que me paguen lo que yo he trabajado, que es decir, una persona que limita la interacción con los demás prácticamente a lo material y a lo monetario. Esa persona estaría cumpliendo la regla de oro. Esa persona estaría cumpliendo aquello de que yo quiero que me traten así y entonces como quiero que me traten así, pues yo también trato así. Entonces yo no trato de ser simpático con nadie porque no me importa si son simpáticos conmigo. Yo no trato de ser misericordioso con nadie, porque yo creo que yo no necesito misericordia, sino que me traten con la justicia de lo que yo trabajo y de lo que yo logro y de lo que yo hago. Y hay gente así, por supuesto que hay gente así.

Entonces la pregunta es espérate un momento, tú puedes cumplir la regla de oro de muchas maneras. Esto de traten a los demás como ustedes quieren que los traten. Tú la puedes cumplir de muchas, muchas maneras. Tú podrías ser una persona seca, indiferente, fría, incluso egoísta. ¿Por qué? Porque a ti no te importa que te traten con frialdad y que los otros son unos egoístas. Pues eso lo han dicho los existencialistas, como el ateo Jean-Paul Sartre. Para Sartre la cosa estaba clara. Claro, para Sartre la regla de oro valía. Para Sartre la regla de oro era esa. Los demás son unos miserables. Yo soy un miserable. Nos tratamos los unos para los otros. Somos el infierno. La frase de Sartre es esa: El infierno son los otros. Entonces, ¿en qué momento Cristo da un matiz especial? En el momento en el que tú empiezas a descubrir cuáles son los bienes que realmente necesitas y cuáles son los bienes que realmente quisieras.

Cuando tú empiezas a descubrir que en el profundo ser de tu alma, que en lo más profundo de tu corazón tú no quieres solamente que te paguen un sueldo justo. Tú no quieres solamente que te traten con justicia, sino que tú esperas amor y esperas compasión, y esperas felicidad eterna. Cuando tú empiezas a descubrir eso, ahí empiezas a descubrir que el camino es arduo. Entonces la regla de oro es un buen comienzo. Es un buen comienzo y bueno, era lo que teníamos en el Antiguo Testamento. Es un buen comienzo. La regla de oro sirve como para poner unas condiciones mínimas. Pero cuando empieces a descubrir cuáles son los bienes que de verdad anhela tu alma, ahí, ahí vas a descubrir que el camino es arduo y vas a descubrir cómo necesitamos de Cristo para ser verdaderamente humanos y para alcanzar nuestra plenitud humana.

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