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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
El tesoro recibido de Dios es inmenso por lo que hay que cuidarlo, hay que lucharlo y está destinado para todos que son de nuestro mismo barro, de nuestra misma naturaleza.
Homilía o122008a, predicada en 20180626, con 4 min. y 57 seg. 
Transcripción:
El Evangelio del día de hoy está tomado del capítulo séptimo de San Mateo. Pertenece a esa grande y hermosa colección de las palabras de Cristo que llamamos el Sermón de la Montaña. Y sabemos bien que el Sermón de la Montaña es fundamentalmente lo que acabamos de decir. Una colección de dichos, de palabras, de ejemplos que tienen su fuente en Jesucristo y que han sido recopilados finalmente en esos capítulos cinco, seis y siete de San Mateo. Como se trata de una colección de palabras del Señor, no necesariamente hay un hilo perfectamente definido que lleva de un pensamiento a otro o de una frase a otra. Es como cuando una persona está escribiendo en su diario o en un cuaderno, está escribiendo pensamientos que le que les llaman la atención. Y no necesariamente hay un hilo que lleva perfectamente de un pensamiento a otro. Eso es así, pero con bastante frecuencia, incluso cuando los temas parecen distintos. Uno se da cuenta de que sí hay conexiones muy profundas. Por ejemplo, en el día de hoy hay tres ideas fundamentales. Primero, no echar lo santo a los perros. Segundo, tratar a los demás como nosotros queremos que nos traten. Y tercero, el hecho de que nosotros debemos entrar por la puerta estrecha. ¿Cuál podría decirse que es el tema común? ¿Qué tienen en común estos tres elementos? ¿Qué es lo que tienen en común? Pues si nosotros pensamos lo de no echar lo santo a los perros tiene que ver con la conciencia del don que hemos recibido, del regalo que hemos recibido. Nosotros, decía en otro lugar San Pablo: Llevamos un tesoro en vasos de barro. Y hay que tomar conciencia de que es un tesoro. Nuestra fe es un tesoro, nuestra liturgia es un tesoro. La moral que hemos recibido, la educación moral que hemos recibido, es un tesoro y no puede ser maltratado, ni ensuciado ni desperdiciado. Hay que saber cuidarlo y cultivarlo. Entonces aparece por una parte, lo que nosotros somos y por otra parte, el tesoro que hemos recibido. Lo segundo, nosotros hablamos de tratar a los demás como ellos nos tratan. Esto supone la conciencia de que ellos y nosotros somos en el fondo de la misma naturaleza. Es decir, aunque hemos recibido un tesoro precioso, nosotros por nosotros mismos, no somos sino seres humanos. Y por eso es necesario descubrir en el hermano una persona que también está abierta a recibir un día los dones que nosotros hemos recibido. Eso es lo que queremos decir. Y en tercer lugar, la puerta estrecha que indica indica que nosotros estamos llamados a bienes que nos superan. Lo que hemos recibido es mayor que nosotros y lo que esperamos recibir es todavía mayor que nosotros. Entonces, fíjate cómo hay una relación entre el tesoro recibido y la persona que lo recibe. Y parece que esto es lo que conecta estos tres pensamientos. Básicamente, de lo que se trata es de tomar conciencia de la grandeza que Dios nos ha dado y de la grandeza que Dios quiere darnos y tomar conciencia de que nosotros recibimos esos tesoros y nosotros queremos compartirlos con los demás. Que en el fondo son tan necesitados como lo somos nosotros mismos. Mensaje, el tesoro recibido es inmenso, ese tesoro hay que cuidarlo, ese tesoro hay que lucharlo. Y ese tesoro está finalmente destinado a todos, que son de nuestro mismo barro y de nuestra misma naturaleza.

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