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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
La altanería de Senaquerib y la poderosa fe de Ezequías
Homilía o122007a, predicada en 20160621, con 12 min. y 33 seg. 
Transcripción:
Una de las maneras de leer los textos del Antiguo Testamento es descubriendo en ellos figuras o comparaciones que luego se relacionan con el Nuevo Testamento o que también podemos aplicar a nuestra vida. Hagamos hoy ese ejercicio con la primera lectura que fue tomada del segundo libro de los Reyes. Lo que nos cuenta es la amenaza de un rey muy poderoso. Senaquerib era su nombre y era el rey del imperio grande de ese tiempo. Asiria, la capital de Asiria, era Nínive. Y para que nos hagamos una idea, la biblioteca que había en Nínive era la más grande que había en el mundo entero y fue solo superada siglos después por la Biblioteca de Alejandría. Así que Asiria era un imperio muy fuerte. Senaquerib le envía una amenaza al rey de Judá que se llama Ezequías, y los términos de esa amenaza están en tres puntos. Primero le dice: Yo soy fuerte, yo soy muy poderoso. Y en eso tenía razón. La manera como se lo dice es esta: Tú has oído cómo han tratado los reyes de Asiria a todos los países entregándolos a la destrucción. Yo, Senaquerib, Mi imperio, el imperio asirio es muy grande y tú eres muy chiquito. Tú eres muy pequeño frente a mí. Tengo cómo aplastarte. Ese es el primer argumento. El segundo argumento que le presenta es: Tú tienes un Dios. Pues todas las naciones tienen sus dioses. ¿Y de qué valen los dioses? ¿Y de qué vale la religión? Tú tienes tu confianza en tu Dios. Y los otros pusieron su confianza en sus dioses, y ellos fueron aplastados por nosotros, que somos los fuertes. Así que tú no te creas distinto a nadie. Ese es el segundo argumento. Y el tercer argumento es: No solamente tu Dios es como los demás dioses, sino que tú mismo eres como los demás pueblos. Por eso le pregunta ¿Vas a librarte tú solo? La carta de Senaquerib es una carta verdaderamente amenazante que tenía por propósito infundir terror. Era costumbre entre los pueblos antiguos antes de invadir un país o de tomarse una ciudad, intentar que no hubiera combate para economizar fuerzas y muertos. Si miramos historias antiguas de romanos, cartagineses, asirios, persas, macedonios, siempre hacían esto, que hoy vemos que Senaquerib. Es como una manera de decirle mire, ríndase por las buenas, pierde menos usted y me hace perder menos tiempo a mí. Esa es la carta amenazante de Senaquerib. La respuesta de Ezequías es maravillosa. Ezequías no se encierra en su miedo, no se queda mirando su pequeñez, sino que eleva sus ojos a la grandeza de Dios. Y es así como encuentra una respuesta en la oración. Senaquerib le había dicho Mi imperio es muy fuerte. La respuesta que encuentra Ezequías en la oración es Dios es más fuerte, Dios es más grande. Por eso dice Ezequías en su oración: Señor, Dios de Israel, entronizado sobre los querubines, tú solo eres el Dios para todos los reinos de la tierra. Frente al alegato de Senaquerib sobre la grandeza de su imperio, Ezequías contrapone la grandeza de Dios que está por encima de todo imperio. Lo segundo que hace Senaquerib es igualar todos los dioses. Que tú tienes tu religión, el otro tiene otra religión, cada uno tiene su religión, eso no importa. Los demás pueblos han caído. Tu pueblo también será derribado. Pero Ezequías en la oración encuentra una respuesta para ese lenguaje altivo de Senaquerib. Resulta que dice, dice aquí no eran dioses refiriéndose a las otras religiones no eran dioses, sino hechura de mano humana, de piedra o de madera. No son iguales todas las religiones. La religión no es un hecho solamente cultural. La religión no es un contentillo psicológico. La religión no es un simple recurso infantil de una mente que se ve desvalida, según decía, por ejemplo, Sigmund Freud. Esos no eran dioses. Entonces, no igualemos todas las religiones. No, no son iguales. No son iguales todos los dioses, porque esos no son dioses, son hechura de mano humana. La tercera amenaza de Senaquerib, o el tercer argumento es: Tú eres como los demás. Y como eres como los demás, pues te va a pasar lo mismo que los demás. Pero Ezequías se da cuenta que no es como los demás. ¿Por qué? Porque él está unido en la fe y en alianza al Dios verdadero. Por eso le dice: Inclina tu oído, Señor, escucha, abre tus ojos, Señor, y mira. Esta es una gran enseñanza para nosotros. En alguna ocasión, pocas veces eso le sucede a uno en la vida. Tuvimos que atender en mi convento de Bogotá a una persona que parece que estaba padeciendo una posesión diabólica. En eso uno no debe ser histérico, pero tampoco debe ser incrédulo. Uno no debe ser histérico y ver el demonio en todas partes, pero tampoco hay que ser incrédulo y negar que esas cosas pueden llegar a suceder. Bueno, tuve yo que entrevistar a esta persona y el proceso se me queda mirando y me dice yo soy más fuerte que usted. Eso dice como Senaquerib le habló a Ezequías y vino del Espíritu Santo una fuerza tan bella a mi corazón, y le respondí, pero así como si hubiera estado esperando esa pregunta. Le dije: Tú puedes ser más fuerte que yo, pero no eres más fuerte que el Dios en el que creo. Impresionante la perplejidad del poseso frente a esa respuesta. Porque claro, lo que el demonio quiere, así como quería Senaquerib aquí verdadero mensajero de Satanás, lo que el demonio quiere es que uno se quede mirando sus reducidas fuerzas, o su salud enclenque, o sus emociones confusas, o su historia de pecado, que uno se quede mirándose a sí mismo solamente para que entonces se agriete y caiga como quería Senaquerib, que Ezequías y el reino de Judá cayeran. Pero en cuanto nosotros, como hizo Ezequías, nos levantamos en oración y en cuanto nos apegamos al Dios de la Alianza, la victoria está segura, como también aparece en ese texto. Senaquerib ha seguido apareciendo en la historia de la humanidad muchas veces, muchas veces. En cada una de las antiguas persecuciones del Imperio Romano. Ahí estaba Senaquerib, siempre con la misma altivez, con esa espantosa altanería presentándose como vamos a erradicar el cristianismo en el siglo diecinueve, uno de los siglos más vanidosos en cuanto al racionalismo y el ateísmo. Este hombre, Augusto Comte, el fundador del positivismo, anunciaba: De aquí a pocos años estaré predicando el positivismo en Notre Dame, la Catedral de París, por supuesto. Él daba por hecho que el cristianismo ya iba a desaparecer. Ya quedaba poco, ya no había nada. De modo que en pocos años ese edificio grande y bonito no lo vamos a echar al suelo. Va a servir de cátedra para que yo, yo, Augusto Comte, predique lo que estoy diciendo. Ese es Senaquerib otra vez. Y Senaquerib vuelve a aparecer en la furia de muchos anticlericales que creen que atacando, insultando, profanando, amenazando con denuncias. Me he enterado que, por ejemplo, aquí hay todo un movimiento en España. Y las amenazas, vamos a encarcelar al cardenal Cañizares. Vamos a meterlo a la cárcel. Puede ser todo lo cardenal que quiera, pero lo vamos a meter a la cárcel para que sepan esos puercos católicos que esto se acabó. Que frente a las leyes de un Estado laico nada pueden sus rezos. Ese es Senaquerib, ese es Senaquerib y Senaquerib sigue atacando por una y otra parte. Senaquerib sigue diciendo a las comunidades religiosas os vais a quedar sin nadie, esto se va a extinguir, esto es un desierto, vuestra hora ya pasó esto, se acabó ese Senaquerib. Y es necesario que nosotros no nos encerremos en nuestros miedos y en mirarnos los unos a los otros. No debemos caer en la tentación de simplemente mirar el uno al otro y decir ¿será que sí se acabó? ¿será que ya no hay nada que hacer? Este es el momento para hacer como Ezequías, verdaderos orantes y para ver cómo Ezequías el triunfo de Dios. Amén.

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