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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Como evangelizador debo apreciar la fe que he recibido y revisar a quienes voy a compartirla; teniendo en cuenta mis posibilidades y limitaciones.
Homilía o122006a, predicada en 20160621, con 5 min. y 19 seg. 
Transcripción:
El Evangelio de hoy está tomado del capítulo séptimo de San Mateo. Tres son las recomendaciones que se destacan en el breve texto, que sin embargo, tiene tanta enseñanza. Primero, no dar lo santo a los perros, nos dice Cristo, segundo, tratar a los demás como queremos que nos traten y tercero, entrar por la puerta angosta. No resulta tan sencillo relacionar estos tres consejos o mandatos de Cristo. Y yo voy a ofrecer una interpretación que me parece muy bella, porque relaciona este pasaje con la obra de la evangelización. Al fin y al cabo, cuando Cristo nos habla de no dar lo santo a los que son indignos de recibirlo, pues está aludiendo, aunque sea indirectamente, al hecho mismo de compartir nuestra fe y compartir nuestras verdades. Así pues, ¿cómo podemos relacionar esas tres partes del Evangelio de hoy? Yo propongo de este modo cuando Cristo nos dice que no demos lo santo a los que son indignos de ello, nos está invitando a que tomemos conciencia de lo que hemos recibido. San Pablo dijo una vez: Llevamos un tesoro en vasos de barro. Y aunque es importante darse cuenta de que somos vasos de barro frágiles y en cierto sentido indignos, también es importante, y no menos, darnos cuenta de que es un tesoro lo que tenemos para compartir. No tenemos que acomplejarnos de nuestra fe. No tenemos que avergonzarnos de ser católicos. No tenemos que avergonzarnos de levantar la cruz. No tenemos que avergonzarnos de postrarnos y adorar la Eucaristía o de gozarnos en la santidad que Dios le dio a la Virgen. Así que yo interpreto la primera frase en clave misionera de la siguiente forma. Aprecia lo que has recibido. Date cuenta lo que tienes para dar. Cristo habla de lo santo cuando estás compartiendo tu fe o cuando estamos dando los sacramentos. Incluso nuestro propio tiempo ha adquirido un valor sublime por nuestra unión con Cristo. Así que date cuenta de lo que tienes para dar. Segundo, date cuenta de a quién se lo das. Por eso dice Cristo que tenemos que amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos. Cuando nosotros reconocemos al hermano verdaderamente como hermano, tan necesitado como yo, tan amado por Dios como yo, tan digno de las promesas celestiales como yo, tan perdonado como yo, porque eso es lo que quiere decir amar al prójimo como a uno mismo y hacer a los demás como queremos que ellos actúen con nosotros. Cuando todo ese descubrimiento se hace, en realidad estamos descubriendo quién es ese prójimo, quién es el destinatario de ese tesoro que yo llevo. Y la última pregunta es. ¿Bueno, y quién soy yo? O sea que las tres preguntas son. ¿Qué es lo que he recibido? ¿A quién voy a compartirlo? ¿Y quién soy yo? Y esa es la pregunta que yo relaciono con el consejo que nos da Jesucristo. Aquello de entrar por la puerta estrecha. Y aquello de evitar la puerta ancha cambia según cada persona. Porque lo que es cómodo y por lo tanto tentado de mediocridad, para mí, quizás puede ser arduo para ti. Lo que yo veo como gozoso porque me fascina porque me gusta. Quizás otro lo considera difícil. O sea que cada uno tiene que descubrir cuál es su puerta estrecha, es decir, en dónde está mi área de renuncia. Muchas veces los psicólogos nos han hablado de que todos tenemos áreas de confort, pero Cristo le da la vuelta al tema y nos invita a que cada uno de nosotros, especialmente en cuanto testigos del evangelio, descubramos cuáles son nuestras áreas de renuncia. ¿Conoces bien cuál es tu área de renuncia? ¿Conoces bien en dónde está tu puerta angosta? ¿Conoces bien qué es aquello que de verdad? ¿de verdad? ¿en serio te cuesta bastante? ¿lo conoces? ¿lo tienes bien identificado? Así que esas son las tres preguntas de hoy. ¿Qué es lo que he recibido? ¿A quiénes lo voy a compartir? ¿Y quién soy yo con mis posibilidades y limitaciones para dar esos tesoros a mis hermanos?

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