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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
El camino más seguro es el que más se asemeja al camino estrecho que anuncia Cristo en el Evangelio. Necesitamos una dosis de contradicción, humillación y dolor para purificarnos.
Homilía o122003a, predicada en 20020625, con 11 min. y 54 seg. 
Transcripción:
Con esta manera tan bella, tan sencilla y tan profunda de hablar que tiene Jesucristo. Es muy fácil que a uno le queden grabadas las enseñanzas. Y eso era lo que él quería. Adaptándose a la capacidad de sus oyentes. De aquel tiempo y de todos los tiempos, Jesús utilizaba estas imágenes como la de los dos caminos para que nos quedara bien grabado en el corazón ese mensaje, esa enseñanza que quería darnos. Dos caminos; uno ancho, espacioso, que lleva a la perdición, otro angosto, una puerta estrecha que, sin embargo, lleva a la salvación. Por el camino ancho, mucha gente; por el camino estrecho, muy poca. Esto lo vemos cumplirse prácticamente todos los días. Si nos damos cuenta, esta misma iglesia. Pensemos ¿Cuántas personas tiene esta parroquia? ¿Cuántas personas no están trabajando en este momento y podrían estar aquí? pero no están. ¿Están haciendo cosas mejores? ¿Están haciendo obras mejores? Tal vez algunos, pero mucho me temo que la mayor parte están en otras ocupaciones que no son mejores, sino que son más cómodas. Pensemos en los grupos de oración. Pensemos en las comunidades de evangelización. Pensemos en los grupos parroquiales. Pensemos en las actividades de espiritualidad, de conversión y una y otra vez vemos que se cumplen las palabras de Jesús El camino es estrecho. Y hay que saberlo para no desesperarse y para no desanimarse. El camino es estrecho y va a haber poca gente en ese camino. Siempre seremos, o por lo menos pareceremos minoría. Siempre seremos, o por lo menos pareceremos, los locos o los aduladores, o los desocupados o lo que sea. Cuando ya uno tiene bien claro en su mente que siempre vamos a hacer o siempre vamos a parecer poquitos. Uno deja de sufrir por eso y sobre todo, deja de desanimarse por eso. A ver, el sufrimiento no se le debe quitar por completo al corazón de un verdadero amigo de Cristo. El sufrimiento está viendo que se desperdicia la Palabra de Dios y que las ofertas de amor caen en el vacío. Eso, evidentemente causa dolor. Dolor. Pero aunque haya ese dolor, no hay que dejar espacio para el desánimo, porque ya Jesús nos advirtió y parece que esa fue una razón por la que Cristo dijo esto a los discípulos, para que no se desanimaran. Que llegó poquita gente que hubiera podido llegar más. No lo miremos pensando que tonto soy de haber venido. Más bien mirémoslo pensando qué amor de Dios, haberme elegido es muy distinto. Otra enseñanza que podemos tomar de esta Palabra de Cristo es que nos da una orientación sobre por dónde va la voluntad de Dios. Una santa muy querida de nuestra familia dominicana, Santa, llamada Catalina de Siena, que vivió en el siglo catorce, tuvo una vez una experiencia mística. Cristo mismo se le aparece y le ofrece dos coronas. Una corona de rosas. Solo rosas y una corona de espinas. Solo espinas. Y le pregunta a Santa Catalina ¿Cuál escoges? La respuesta de Catalina, que era muy jovencita en esa época, muestra una sabiduría del Espíritu Santo, dice Catalina en todo sea servida tu santa voluntad. Pero si me permites escoger, a mí me parece más segura la de las espinas. Esa sabiduría viene del Espíritu. Me parece más segura la de las espinas, me parece más seguro el camino que más se asemeja a lo que tú dijiste en el Evangelio. Si tú dijiste en el Evangelio que el camino era angosto y que la puerta era estrecha. Con esas palabras me diste una señal para buscar tu Divina Voluntad. Parece que es más fácil encontrar la Divina Voluntad allí donde voy a tener menos aplausos, de pronto más humillaciones de pronto más dolor. Eso se me parece más a tu cruz. Eso se me parece más a tu corazón. Eso se me parece más a tus palabras. Eso me parece más seguro. Así piensan los santos. Me parece más seguro eso. Dios puede llevarse al cielo a una persona sin ningún sufrimiento, ni en esta vida ni en la otra. Pues claro que eso es posible. Pero si uno se conoce a sí mismo, si uno sabe lo mediocre que uno se puede volver, lo vanidoso, lo orgulloso, si uno ya ha comprobado cuánto se puede apegar a los placeres de esta tierra, entonces uno dice lo de Santa Catalina. Me parece más seguro el camino estrecho. Eso con tanto aplauso, sin problemas. Y entre cojines y perfumes, difícil que yo pueda verdaderamente unirme a ti. El alma que se conoce a sí misma sabe por experiencia que lo que dijo Cristo es cierto. Que uno necesita una dosis de contradicción y uno necesita una dosis de humillación y uno necesita una dosis de dolor. No tengamos miedo de decirlo, pero no una humillación que me destruya, no una contradicción que me enloquezca, no un dolor que me descorazone, sino que necesito humillaciones, problemas, dolores, sufrimientos, en la medida del corazón de Jesucristo y de la sabiduría de Cristo. Por eso hay corazones audaces que se atreven a hacer súplicas como la siguiente: Señor, solo tú sabes qué necesita mi alma. Te doy permiso a que según tu Divina Sabiduría y tu Divina Misericordia, le des a mi vida el sufrimiento, la humillación y la contradicción que Tú veas que son necesarias para mí. Por ejemplo, San Luis Bertrán, que fue un gran santo, sumamente penitente, sumamente humilde, sumamente enamorado de la cruz de Cristo, rezaba con palabras parecidas a las que yo he dicho: Tú sabes, Señor, qué es lo que tiene que ser quemado. Qué es lo que tiene que ser cicatrizado. Qué es lo que tiene que ser cortado de mi vida. Te doy permiso de que lo quites ya. Un corazón que está así resuelto le deja a Dios las manos desatadas para que Dios pueda hacer lo que quiera. Y cuando le dejamos a Dios hacer lo que quiera. Dios hace maravillas. Este santo recientemente canonizado, el Padre Pío, fue un sacerdote enamorado de este evangelio que hemos oído hoy, un sacerdote que conocía las virtudes del camino estrecho y que en cambio, miraba con mucha distancia y con mucho recelo el camino ancho. Cuando en un apostolado no hay problemas, cuando en un grupo no hay tensiones, cuando en una vida no hay tentaciones, cuando en una historia no aparece la cruz. Cuidado, puede ser trampa del demonio. Es más seguro, como dijo Catalina, es más seguro el camino de la tribulación. Pero no cualquier tribulación, sino solo la tribulación que esté en la sabiduría de Dios y en la providencia de Dios y en el amor mismo de Dios. Por ese camino vamos más seguros. Claro, parece locura. Lo que estoy diciendo, no es otra cosa sino ensalzar y exaltar la cruz, y eso siempre parecerá una locura, pero yo sé que en este recinto hay almas que tienen el Espíritu Santo en el corazón y hay almas que entienden por qué hay que predicar estas cosas hoy. Démosle gracias al Señor que nos invita a unirnos al mismo camino que siguió Cristo, para que según la sabiduría de Dios, nosotros seamos purificados, iluminados en esta tierra y gocemos de Dios en esta tierra y en el cielo. Amén.

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