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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Homilía o122001a, predicada en 19980623, con 14 min. y 36 seg. 
Transcripción:
Habíamos escuchado en la primera lectura del día de ayer. Cómo los asirios, según el designio de Dios, se abalanzan sobre el reino del norte, es decir, el reino de Israel, y se llevan todo deportan sin más a los israelitas. Orgullosos por este resultado. Ahora quieren dar un paso más y borrar de la faz de la tierra al Reino de Judá, el Reino del Sur. En este reino del Sur. Era rey Ezequías, descendiente de David, porque una de las diferencias que hubo entre estos dos reinos es que mientras en el del norte varias pequeñas dinastías se dieron a manera de golpes de estado, usurpaciones de poder. En el reino del Sur, en el reino de Judá, siempre estuvo al frente un descendiente del gran rey David. De manera que Ezequías es el rey por ahora. Y le llega Ezequías la palabra altanera y amenazante de Senaquerib. Bien has oído lo que los reyes de Asiria han hecho a todos los países entregándolos al anatema, y tú te vas a librar. Senaquerib, lleno de orgullo, no solo por sus éxitos militares, sino por los de sus antepasados. Levanta la mano amenazando a Jerusalén. La actitud del piadoso rey Ezequías es un ejemplo para nosotros. Ezequías tomó la carta de manos del mensajero y la leyó. Luego subió a la casa del Señor y la desenrolló ante el Señor. Esta es la manera de hacer realidad la última petición del Padre Nuestro; No nos dejes caer en tentación. La palabra de Senaquerib podía asustar a los hombres, pero no podía nada contra el Dios verdadero. Ezequías no se las da de valiente, tampoco de cobarde. No presume de sus fuerzas. Ni tampoco desespera. No reniega de su suerte. Tampoco cree que es un gran valiente y que puede contra cualquiera. Esto de Ezequías. Esta es la manera de no caer en tentación. Nada pudo la carta de Senaquerib ahí, ante los ojos del Dios vivo. Y si nosotros hacemos lo mismo, obtenemos el mismo resultado. Debemos saber que sin Dios cualquier viento de tentación puede derribarnos. Yo he visto personas llenas de gran celo apostólico que se frenan por una mala mirada. Es que me miraron mal. ¡Qué debilidad de misioneros! Qué pobreza de apóstoles, que pueden ser frenados por una mala mirada. Es que hay como un mal ambiente. Bastó esto para frenar a grandes apóstoles. Una mala mirada, un mal ambiente. Es que me sentí como mal. Es que no sé, ni yo mismo sé lo que me pasa, pero como que no es. Vasta la sombra del presentimiento, ancho como un pelo de la cabeza para frenar al ser humano. Porque el ser humano, cuando se fía de sus fuerzas, cuando piensa solo en lo que es por sus virtudes, se asustará. Y no solo por Senaquerib, que amenazaba con grandes ejércitos y terrible desolación. El ser humano se asustará hasta de su propia sombra, porque no pudiendo cargar su propia vida, qué va a poder hacer por su Señor. Pero la respuesta de Ezequías es la respuesta de un santo. Es la respuesta del que sabe en quién confiar. Fíjate lo que sucedió. Hay que saber leer la Palabra. Senaquerib envió mensajeros para decir a Ezequías. O sea que primero fue un mensajero el que le llegó al rey. Un mensajero le leyó al rey Ezequías. ¿Y qué fue lo que hizo Ezequías? Dice tomó la carta de manos del mensajero y la leyó y fue a la casa del Señor. Es decir, un mensajero le leyó al rey. Ezequías, que era el rey, se convierte en mensajero para leerle la carta al verdadero rey. Tú ves lo que hizo Ezequías. Si Ezequías se hubiera puesto a pensar Yo soy el rey, soy el que manda aquí y a ver cómo vamos a hacerle frente a este Senaquerib, a ver con qué fuerzas contamos, qué es lo que vamos a hacer. Si hubiera llenado de angustia y de preocupación, cómo se llena de angustia, de preocupación y finalmente de desesperación el corazón humano cuando pretende salir así, mostrando el pecho a la tentación. Me llegan unos pensamientos absurdos y locos, y entonces salgo yo a mostrar el pecho. Aquí está el rey. Pues esos reyes de pacotilla mueren y morimos y caemos. Y Senaquerib se ríe a carcajadas. Pero qué fue lo que hizo Ezequías cuando le llegó el ataque, no se sintió rey. Él mismo hizo de mensajero para ser mensajero del Rey Altísimo. Y así como a él le había traído la carta un mensajero, él, que era otro mensajero, se fue donde Dios el Rey, y le dijo: Aquí está la carta. Usted es el verdadero rey. Eso es ser rey. Esa es la manera de responder verdaderamente a la tentación. Y de paso, esta es una preciosa enseñanza para todos aquellos que tienen o tenemos alguna responsabilidad en la Iglesia. La primera respuesta ante las amenazas del enemigo y la Iglesia siempre tiene enemigos. La primera respuesta es: Yo no soy el superior. Yo tengo un superior. Voy donde mi superior. Yo no soy el rey. Hay una plegaria tan bella, una súplica tan bella de la liturgia de las horas, en la que se habla de Cristo como el pastor y obispo de nuestras vidas. Si cuando llegan los problemas de la Iglesia, el obispo dice Bueno, ahora sí, ahora sí ¿qué voy a hacer? Yo soy el obispo, ¿qué voy a hacer? Muy poco van a poder preparar sus fuerzas. Pero si él recuerda que él tiene su propio obispo, que Cristo es el pastor y obispo de su vida y de todas las vidas, entonces Él hará lo de Ezequías, le mostrará la carta altanera al rey, y el rey les responderá. Ezequías oró Su oración es un modelo para nosotros. Señor, Dios de Israel, que está sobre los querubines, tú solo eres Dios en todos los reinos de la tierra. Tú, el que has hecho los cielos y la tierra. Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón. Un solo Dios. Yo digo estas palabras casi con rabia, porque yo que las predicó, debería vivirlas, y si yo las viviera, yo no debería cometer. Nunca debía haber cometido pecado, porque esta es la fórmula para no pecar. Tener un solo Dios, un solo Señor y toda la confianza en Él. Es imposible que peque una persona, mientras tiene la carta de Senaquerib ante los ojos de Yahvé. Así no se puede pecar, porque esa guerra la gana Dios necesariamente la gana Dios. Si uno permanece con un solo Dios, con el corazón entero, con una sola voluntad, con una sola confianza, en una sola providencia de una sola gracia y de un solo amor, si uno permanece así, uno es indestructible. Esta es la fuerza de los mártires. Esta es la pureza de las vírgenes. Esta es la luz de los doctores de la Iglesia. Este es el celo de los grandes pastores del pueblo de Dios. Esto tener un solo Dios. Y le dice Ezequías a su Dios y su rey oye las palabras con que los reyes de Asiria oye las palabras con que Senaquerib ha enviado a insultar al Dios vivo. Esta es la manera de ser rey. Esta es la manera de ser superior, de ser provincial, de ser obispo. Esta es la manera también de ser dueños de nuestra propia vida. Ser transparentes. Senaquerib había mandado a insultar a Ezequías. Y es que tú te vas a librar, Ezequías. ¿Qué hizo? Se hizo transparente. Y si uno es transparente, las flechas pasan. Se hizo delgado. Una vez San Antonio Abad tuvo una visión. Vio hordas de demonios que preparaban redes para atrapar las almas. Lleno de tristeza y de dolor, clamó a Dios y le dijo: Pero cómo se van a librar los corazones humanos si aquí hay redes para atrapar a todos? Y veía Antonio cómo perder sus demonios, tejían y preparaban redes para agarrar a todos los corazones. Y una voz vino del cielo. Una voz que dijo: La humildad de quién es pequeño escapa de todas las redes. Cuanto más grande uno, más fácil de caer en la red. El que es pequeño se sale. La trampa se rompió y escapamos. El que es pequeño se sale. Senaquerib le manda una terrible red a Ezequías. Intenta despertarle el orgullo es que tú te vas a librar. Mídete conmigo. Ezequías hizo como que no oyera. No se quiso sentir grande. No se quiso presentar como grande ni como importante. Mira lo que dice en su oración. Oye las palabras con que Senaquerib ha enviado a insultar al Dios vivo. Cómo si no fueran para él. Él se volvió delgadito, se volvió pequeñito, dejó pasar las flechas. Señor, Mira, te están atacando. Yo no sé. Te están atacando. Es verdad, Señor, que los reyes de Asiria han exterminado naciones. Porque los dioses de esas naciones no son dioses, sino hechura de mano de hombre. Sálvanos de su mano. ¿Y a qué apela Ezequías? A que tiene miedo? ¿A que va a salvar el pellejo? ¿A que cómo va a quedar? No. ¿A qué apela él? Sabrán todos los reinos de la de la tierra, que solo tú eres Dios, Señor. ¿A qué apela Ezequías? Apela a la gloria de Dios. El mismo esquema de intercesión de Moisés: Tú eres el único Dios. Tengo toda mi confianza puesta en ti. Son tus intereses los que están en juego y yo quiero que tú te glorifiques. Y Dios se glorifica por medio del profeta Isaías. El Señor declara que esa oración es aceptada, que esa es la oración que le pide a Dios, que esa es la oración que le gana a Dios, que esa es la oración con que nosotros podremos tener la fortaleza de Dios para nunca más dudar, para nunca más pecar y sobre todo para en todo amarle mejor, para en todo, servirle mejor y darle honor y gloria. Amén.

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