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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
La interpretación corriente toma el "no juzgar" como "abstenerse de opinar sobre el comportamiento de otras personas;" pero esa interpretación puede ser cuestionada sobre si es lógica; si es saludable para la sociedad; y si corresponde a una recta comprensión de la Biblia en su conjunto.
Homilía o121008a, predicada en 20200622, con 32 min. y 15 seg. 
Transcripción:
Amigos. Como hemos comentado en otras ocasiones, este pasaje del Evangelio es uno de los que despierta más confusión, interpretaciones encontradas y según me parece, honestamente equivocadas. Pero no porque yo lo diga. Vamos a examinar el texto. Vamos a examinar lo que nos enseña la palabra en su conjunto y tratemos de llegar a una conclusión. La razón por la que este tema es polémico es porque muchos utilizan este texto, concretamente lo de no juzgar para detener cualquier opinión que uno pueda decir sobre el comportamiento de otra persona. Es decir, mucha gente interpreta este texto diciendo mira, no juzgues, si yo voy a opinar, yo, Nelson Medina, voy a opinar sobre el comportamiento de otra persona y voy a decir que algo es bueno o es malo. No falta el que diga no juzgues. El Evangelio dice que no juzgues. Esa interpretación de este versículo la vamos a llamar la interpretación corriente. Corriente en el sentido de que es la que corre hoy, es la más extendida hoy. La llamamos interpretación corriente. ¿Y en qué consiste esta interpretación? Consiste, en resumen, en que si cualquier persona va a hablar del comportamiento de otra persona, entonces inmediatamente se le cae duro con este versículo, No juzgues. Lo primero que vamos a hacer es una crítica de la interpretación corriente, es decir, nos vamos a preguntar si esa manera de interpretar las cosas es lógica, si esa manera de interpretar las cosas es saludable, es decir, qué fruto produce y si esa manera de interpretar las cosas es bíblica. Vamos a hacer una crítica a la interpretación corriente, que es la que quiere siempre amordazar a todo el que opine sobre un comportamiento. No te metas. No juzgues. Esa es la interpretación corriente. Entonces nosotros vamos a hacer una crítica a esa interpretación corriente desde tres puntos de vista. Es una interpretación lógica. Es una interpretación saludable. Es una interpretación bíblica. Te podrás imaginar, por el tono de mis palabras, que la conclusión a la que vamos a llegar en los tres casos es negativa. Es decir, la interpretación corriente, aunque sea la más difundida hoy, no es ni lógica, ni saludable, ni bíblica. Y eso significa que tenemos que quitar esa interpretación corriente y tenemos que llegar a una interpretación que me voy a atrever a llamar Interpretación genuina. Queremos quitar la interpretación corriente y queremos ver por qué si existe una interpretación genuina de este texto, que por supuesto es Palabra de Dios, todo el malentendido de la interpretación corriente empieza con que la gente interpreta perdón, la redundancia. Que juzgar es lo mismo que dar una opinión sobre un comportamiento. Esa es la especie de ecuación de igualdad que hay en la mente de incontables personas hoy. Juzgar significa opinar sobre un comportamiento. Como Cristo dice: No juzguéis. Eso quiere decir no opinéis sobre ningún comportamiento. Ahí empieza el malentendido. Pero miremos si esa manera de ver las cosas y si esa interpretación corriente es lógica. Supongamos que yo veo, por ejemplo, que una persona comete un robo. Es más, se trata de un robo de dineros públicos. El dinero que debía ser para el bien de una población, un cierto político se lo ha echado al bolsillo con mucha astucia. Y yo digo se robó la plata. Yo estoy opinando sobre un comportamiento de otra persona. Estoy dando una opinión. Alguien ve que yo digo esas palabras y me dice no juzgues. Vamos a ver si la interpretación corriente funciona o no. La persona que me dice No juzgues ¿qué está haciendo? Está dando una opinión sobre lo que yo acabo de hacer y lo que yo acabo de hacer, es decir que ese señor político no ha debido robarse ese dinero y así podría ser cualquier otra cosa. Podrían ser cosas de iglesia también. Yo podría decir ese sacerdote no ha debido hacer eso aquí. No importa el ejemplo. Si yo estoy opinando sobre ese comportamiento y alguien me dice no juzgues. Es evidente que la persona que me dice no juzgues está opinando sobre mi comportamiento. Entonces uno se da cuenta que la interpretación corriente es lo que solemos llamar autocontradictoria. Es una interpretación autocontradictoria porque si no, juzgar significa no opinar de lo que otro hace. Cada vez que yo digo no juzgues, en realidad estoy opinando sobre eso que yo veo en otra persona. Eso se llama una autocontradicción. Es lo mismo que sucede en muchos otros temas de moral. Por ejemplo, cuando una persona dice mira, es que todo es relativo. Esa es una afirmación autocontradictoria, porque el que dice que todo es relativo está poniendo esa frase como un absoluto porque se supone que se cumple siempre. Si una persona me dice todo es relativo y yo le digo esa frase tuya tiene alguna excepción. La persona, para ser lógica, tiene que decir no, no tiene ninguna excepción. Entonces tu frase de que todo es relativo no es relativa. Es una frase que es autocontradictoria. Lo mismo sucede con la interpretación corriente. Si tomamos como interpretación de no juzgar, que no se puede opinar sobre el comportamiento de otra persona, entonces nos damos cuenta que se da una contradicción, porque si yo digo que tal sacerdote jamás debió hacer tal cosa y otro me dice no juzgues, en ese momento esa persona está opinando sobre mí, se está contradiciendo ella misma. Entonces ahí vemos que la interpretación corriente es una interpretación autocontradictoria y por consiguiente no es una interpretación lógica. Pasemos al segundo punto. Entonces, ¿qué significa esta interpretación corriente en términos de si es o no es saludable lo que propone? Supongamos una sociedad en la cual todo el mundo, pero todo el mundo para todas las cosas, utiliza la interpretación corriente. Imaginémonos eso. Suponte si eso es bueno para la sociedad. En esa sociedad en la que todo el mundo tiene esa idea de que no se puede, no se puede opinar del comportamiento de nadie en esa sociedad imaginaria y gracias a Dios que es imaginaria, ¿qué pasaría? Supongamos, por ejemplo, que yo voy por la calle y veo que le caen tres personas armadas con cuchillos a una señora para atracarla. ¿Llamo a la policía o no llamo a la policía? Porque si yo llamo a la policía, tengo que decir que se está cometiendo un crimen. Y si estoy diciendo que se está cometiendo un crimen, entonces tengo que decir que hay unas personas que son los atracadores que le están haciendo daño a otra persona, entonces tengo que opinar de un comportamiento. Entonces, si yo vivo en esa sociedad imaginaria, sociedad en la cual uno nunca puede opinar de nada, en esa sociedad nada sería un crimen. O mejor dicho, si habría el crimen, pero no se podría curar, no se podría detener. ¿Y por qué no se podría detener? No se podría detener porque en esa sociedad no se podría denunciar ningún crimen. Observa que una denuncia supone decir: Esto está mal. Tú toma a la persona que sea más radical. Tal vez la conoces. Tal vez eres tú mismo o tú misma. Toma a la persona que sea más radical en el tema de que no hay que juzgar. Y suponte que tú estás hablando con esa persona y mientras estás hablando con ella, le arrebatas el celular. Celular recién comprado que vale no sé cuántos millones de pesos colombianos le quita su celular. Y entonces esa persona que es súper radical, con que no hay que juzgar, te dice ay, devuélvame el celular. Y yo le digo ¿por qué? ¿por qué? ¿él qué tiene que hacer? ¿qué tiene que hacer? Tiene que opinar sobre mi comportamiento, porque usted no es nadie para robarse mi celular. ¡Ah! ¡Estás opinando¡ ¿Estás opinando sobre mí? ¿Me estás juzgando? ¿Qué diría él? No, no te estoy juzgando. Es que tú te lo acabas de robar. Bueno, entonces si existen eventos, si existen hechos frente a los cuales tú si dices esto está mal, porque si no hay nada que está mal, yo me quedo con tu celular porque se me dio la gana. Te das cuenta que una sociedad en la que se pretendiera implantar la interpretación corriente es una sociedad inviable. Es más, es una sociedad inhumana, homicida, antihumana. La interpretación corriente supondría una especie de absoluta pasividad frente al mal. El mal campea en esa sociedad porque nadie puede decir que nada está mal. Nadie puede decirlo. No, porque si yo digo que algo está mal, ya estoy juzgando. Entonces es aquí donde uno se pregunta Oye, pero si esto es tan absurdo y tan poco saludable, ¿Por qué tantas personas consideran que la interpretación corriente es la interpretación correcta? Yo te voy a decir por qué. Porque la interpretación corriente sirve para unos comportamientos. Y si tú te pones a examinar en qué contexto las personas dicen no juzgues, no juzgues. Siempre o con muchísima frecuencia se trata de la pura subjetividad de otras personas y de sí mismos, especialmente en lo que tiene que ver con tres campos: la manera como manejan su dinero, las decisiones que ellos toman sobre sí mismos y sobre todo, sobre todo su afectividad y su sexualidad. La famosa interpretación corriente. Lo que intenta en el fondo es levantar una barrera que permita a la subjetividad obrar sin ninguna conexión, sin ninguna responsabilidad y por lo tanto, sin rendirle cuentas a nadie, en esos tres campos. Siempre que doy el ejemplo de la pobre señora que fue atracada en la calle por tres perversos, la gente dice no, no, no, espérate, no, es que no se trata de eso, no me malinterpretes. Y yo siempre respondo: Entonces dame la interpretación correcta. Dame la interpretación correcta. ¿Por qué eso que es llamar a la policía en la historia de esa mujer que fue atracada? ¿Por qué eso no cae dentro del no juzgar? Ah, porque ahí se trata de un crimen. Ok. Entonces. Sí, hay cosas que sí se pueden juzgar. Si hay comportamientos de los que se puede opinar, entonces me quieres decir ¿cuáles son los comportamientos de los que sí se puede opinar? y ¿cuáles son los comportamientos de los que no se puede opinar? Y cuando empiezas a hacer la lista de los comportamientos en los que se supone que no se puede opinar, encuentras, creo yo, lo mismo que yo he encontrado. Es decir, la manera como una persona maneja su propio dinero, las decisiones que toma sobre sí misma. Por ejemplo, si se suicidó, eso es perfectamente respetable. Si la persona se mutiló, eso es perfectamente respetable. Si se llenó el cuerpo con trescientos ochenta y cinco piercings, eso es perfectamente respetable. No debo meterme ahí. Si la persona duerme solo, o con hombre o con mujer, o con tres hombres, dos mujeres, o con dos perros y tres juguetes sexuales, esa es decisión de él. Entonces te das cuenta que lo del no juzgar realmente es una estrategia, una estrategia mental para marcar una diferencia sobre ciertas áreas de nuestra vida en las que queremos tener una autonomía que no le rinda cuentas a nadie. Si no me crees, por favor, haz tú tu propia lista de qué cosas sí se pueden juzgar y qué cosas no se pueden juzgar. Porque no me vengas con la historia de que tú crees que nada se puede juzgar si nada se puede juzgar. Tenemos que admitir la corrupción más rampante en la clase política o en la iglesia, o en la empresa, o donde sea. ¿Y tú no estás de acuerdo con eso? No me digas mentiras. Esto quiere decir que evidentemente, lo del no juzgar, que es la interpretación corriente, no produce una sociedad saludable, sino que produce una sociedad en la cual nosotros generamos una serie de límites para decir en este límite nadie se puede meter conmigo. ¿Y cuál es ese límite? Yo veré qué hago con mi plata, yo veré que hago con mi cuerpo, yo veré que hago con mi vida, yo veré que hago con mi sexo. Eso es lo que pretende la interpretación corriente y de aquí ya podemos presentir cuál va a ser la respuesta a la tercera pregunta. La interpretación corriente es bíblica. ¿Es que acaso la Biblia avala esa manera de ver las cosas? Si la interpretación corriente significa que no se puede opinar del comportamiento de otras personas. ¿Me quieres explicar qué era lo que hacían los profetas, entonces? Qué era lo que hacían los profetas cuando ellos hablaban en contra de la idolatría, cuando ellos hablaban en contra de la prostitución, tanto prostitución masculina como femenina. Cuando ellos hablaban en contra de la injusticia social, eso no era juzgar, eso no era opinar sobre el comportamiento de otros. Y te hago otra pregunta todavía más incómoda ¿se ponían un límite, el que fuera, se ponían un límite aquellos profetas cuando se trataba de denunciar el pecado? Por ejemplo voy a denunciar el pecado económico, social y político, pero yo no me voy a meter en la vida sexual de la gente. Era así como obraban los profetas. Te invito a que los leas. Te invito a que mires, por ejemplo, al profeta Jeremías, que para mí es un modelo de un profeta sufrido por la causa de Dios. Si tú miras las denuncias de Jeremías, encuentras por lo menos tres niveles de denuncia, en Jeremías. Encuentras una denuncia por idolatría e infidelidad a Dios. Encuentras otro tipo de denuncia, desigualdad social y opresión al pobre y encuentras otro tipo de denuncia desorden sexual, incluyendo en la familia. Jeremías no le pone límite a su profecía y la razón es muy sencilla. Si Dios es el Creador y es el Señor de toda nuestra existencia, no puede haber un límite para la denuncia que se hace en el nombre de Dios. No puede haber un límite, no lo hay. No hay un límite para la denuncia. Es así de sencillo. No hay campos de la vida humana que no necesiten, que no requieran de la purificación que solo trae la Palabra de Dios. No hay un área de la vida humana, ninguna. No existe un área privada. No es que es mi vida privada. Es que es mi criterio, es que es mi cuerpo, es que es mi futuro. Para la Biblia eso no existe. Tú, tu cuerpo, tu alma, tu futuro, tus proyectos, todo tiene su origen en un solo Dios creador, al cual tenemos que responder por todo lo que hacemos, desde los pensamientos más íntimos, desde los pensamientos más íntimos. Tú, allá en la soledad de la madrugada, encerrado en una pieza oscura, piensas cosas. Eso también está ante Dios. Nada se oculta a sus ojos. Entonces, la idea de que no se puede opinar del comportamiento de otras personas es una idea completamente contraria a la Biblia. Y si nos vamos al Nuevo Testamento. Porque no faltará el que diga no, eso era en el Antiguo Testamento, porque en el Antiguo Testamento todos eran unos amargados. Mira el Nuevo Testamento, mira a Jesús, mira a Pedro, mira a Santiago, mira a Pablo. Cada uno de los escritos del Nuevo Testamento lo muestra con perfecta claridad. Claro que hay que opinar del comportamiento de las demás personas, que hay que hacerlo con amor, de acuerdo. Que hay que hacerlo con justicia, de acuerdo. Que hay que hacerlo con prudencia, de acuerdo, pero hay que hacerlo. Y eso no se llama juzgar. Eso se llama corregir. Eso se llama educar. Eso se llama salvar. Clarísimamente se lo dijo Dios al profeta Ezequiel Si un hombre está en pecado y tú no le dices que está en pecado, él morirá por su pecado. Pero yo te pediré cuentas de su sangre. O sea que no solamente es un derecho, es un deber denunciar el pecado. Si hay que hacerlo con prudencia, con caridad, con justicia. Todo lo que tú quieras, pero hay que hacerlo. Esto nos lleva al último punto de nuestra reflexión, amados hermanos. Y entonces ¿qué sí es juzgar? Si todo esto que hemos dicho es la interpretación corriente y esa interpretación corriente no se sostiene, porque ya vemos que no es lógica, ni es saludable, ni es bíblica ninguna de las tres cosas. Entonces ahora preguntamos ¿cuál es la interpretación correcta? Si tú observas pasajes de la Biblia, como por ejemplo el primer libro de los Reyes, tú te encuentras en el primer libro de los Reyes que un rey llamado Salomón tiene que resolver un caso y tiene que resolverlo de parte de Dios. Ojo con lo que te estoy diciendo. Un caso y tiene que resolverlo de parte de Dios y tiene que tomar una decisión, una decisión que marcará para siempre la vida de las personas implicadas. Esa historia tú la puedes buscar. Está ahí la historia del rey Salomón, cuando dos mujeres que habían tenido sus respectivos bebés casi al mismo tiempo discutían porque uno de los bebés murió y el bebé vivo, lo reclamaban ambas. Entonces viene la discusión entre ellas. Y el caso fue tan grave que se lo llevaron al rey. Y el rey no da simplemente una opinión. Ahí empiezan los cambios. El rey da una sentencia y esa sentencia es completa, es definitiva sobre esas personas. Juzgar es emitir sentencia completa y sobre todo, definitiva. Nosotros, amados hermanos, vivimos en un sistema judicial que es completamente diferente al de la Biblia, para bien o para mal. En nuestro sistema judicial siempre existe, siempre existen unos criterios y unos procedimientos, y uno de los procedimientos que existe de manera universal es el recurso a un tribunal superior. Una lo que se llama segunda instancia, segunda instancia. Siempre que se produce una sentencia en un tribunal se puede apelar a un tribunal superior, ese tribunal Superior puede confirmar la sentencia y en la inmensa mayoría de los países hay una tercera y última instancia que se llama el Tribunal Supremo o se llama la Corte Suprema de Justicia. Y cuando la cosa llega a la Corte Suprema de Justicia, ahí si hay sentencia que se llama en firme sentencia completa y definitiva. Entonces nosotros estamos acostumbrados a ver en el verbo juzgar un proceso que pasa por primera instancia, que puede subir a una segunda instancia y que puede llegar a una Corte Suprema o a un Tribunal Supremo. Eso es lo que tenemos en nuestra cabeza, porque eso es lo que hemos visto desde nuestra infancia. En la Biblia no es así. En la Biblia solo existe una instancia, y esa única instancia, ese único tribunal, es el tribunal de Dios. Y en el caso de los reyes, es el rey el que tenía, como hizo Salomón, el que tenía que obrar de parte de Dios, pronunciando sentencia completa y definitiva. Completa quiere decir que tiene en cuenta todos los factores y circunstancias. Definitiva quiere decir que es irreversible. Así de sencillo. Desde el libro de los jueces, pasando por los profetas y los reyes hasta las palabras de nuestro Señor Jesucristo. La correcta interpretación bíblica del verbo juzgar significa pronunciar sentencia completa y definitiva sobre un caso y todavía, para ser más precisos, sobre una persona, la sentencia completa y definitiva que marca el destino de una persona. Eso es juzgar en la Biblia. Entonces, cuando Cristo dice: No juzguéis. ¿Qué es lo que está diciendo? No tomes el lugar de Dios pronunciando, pretendiendo pronunciar sentencia completa y definitiva sobre una persona. Eso es lo que significa no juzgar. Entonces, si yo veo que tres criminales están atracando a una señora y yo llamo a la policía para que defiendan a esa mujer, porque yo mismo no podría hacerlo. Y llega la policía y esos tipos acaban en la cárcel. Eso que yo estoy haciendo es una sentencia completa y definitiva, no. Esas personas pueden tener conversiones. Esas personas pueden llegar un día mucho más cerca de Dios que aquella señora, o que yo, o que cualquiera. Yo no estoy pronunciando sentencia completa y definitiva sobre nadie. Estoy diciendo: Atracar a una señora está mal. Eso es lo que yo estoy diciendo. Y tengo el derecho de decirlo. Y tengo el deber, incluso el deber ciudadano, de decirlo. Entonces date cuenta amado hermano, date cuenta amada hermanita, date cuenta que es indispensable tomar en serio la Biblia. Cuando Cristo dice: No juzguéis, lo que está diciendo es no pretendas emitir una sentencia completa y definitiva sobre nadie, sobre nadie. ¿Y la Iglesia ha cumplido eso? Claro que lo ha cumplido. Entre otras cosas, esa es la razón por la que la Iglesia jamás ha declarado la condenación de nadie, de nadie, ni siquiera de Judas Iscariote, ni siquiera del emperador Nerón, ni siquiera de Adolfo Hitler. De nadie. ¡Pero si es tan evidente la perversión, la crueldad, la depravación de Nerón! Sí, es tan evidente el sadismo, la insensibilidad de Hitler. La Iglesia no pronuncia sentencia completa y definitiva porque sabe que eso solo le pertenece a Dios. Entonces no tomes el lugar de Dios pretendiendo pronunciar sentencia completa y definitiva. Esa es la interpretación bíblica, como acabo de demostrar. Por supuesto, yo puedo recibir argumentos, pero por favor argumente desde la Biblia, desde una teología sana, arguméntame ¿qué significa esto? Entonces, lo que Cristo nos está diciendo con no juzgar es se traduce de esta manera No pretendas ocupar el lugar de Dios pronunciando sentencia completa y definitiva sobre nadie. Eso es lo que significa. Y ahora, si tiene sentido lo que sigue en el texto, porque fíjate lo que dice, lo que dice Cristo: os van a juzgar como juzguéis vosotros. Cuando Él dice: os van a juzgar, ¿a qué se refiere? A que la gente va a opinar sobre mí? No se refiere al juicio de Dios, porque es prerrogativa de Dios juzgar, es decir, pronunciar sentencia completa y definitiva sobre alguien. Y cuando Cristo dice: la medida que uséis, la usarán con vosotros. Eso se llama en lingüística pasivo teológico. Ese es el modo de hablar pasivo teológico. Voz pasiva, teológica. Es decir, que que cuando dice os van a juzgar o cuando se dice os van a medir con la medida que uséis. Os van, lo que significa es Dios te va a juzgar de esa manera. No podemos entrar en más detalles lingüísticos en este momento, pero te repito, esto es sobre la base de un estudio bíblico. Seamos serios de por Dios. Entonces yo les invito, mis hermanos muy amados, yo les invito a que paremos ya esa historia de que con cualquier cosa no juzgues, no juzgues. Sobre todo porque como creo haber demostrado lo del no juzgues, siempre se refiere a lo mismo. La manera como una persona maneja su dinero, la manera como una persona toma sus decisiones que le afectan a él y la manera como una persona maneja sus afectos y su sexo. Ahí es donde no queremos que nos juzguen. En lo demás, se supone que sí. Es absurdo. Ya dijimos, no es lógico, no es saludable. Y sobre todo, que es lo que más nos importa. No es bíblico, no es bíblico. Sigamos esta celebración eucarística. ¿Qué queda para nosotros? Quedan dos cosas. Primero, que si es nuestro deber, como fue el deber de Ezequiel denunciar el comportamiento perverso en cualquier área de la vida humana, cualquiera. Pero ya se sabe, con prudencia, con sabiduría, con caridad, con justicia. Pero hay que hacerlo, hay que hacerlo. Si no, la Iglesia es infiel a su propio ser. Esa es la primera conclusión. Y la segunda conclusión. ¿Cuál es la segunda conclusión? Es la sentencia completa y definitiva. Le pertenece solo a Dios y por eso nosotros procuraremos servir a nuestros hermanos, procuraremos servirlos y buscaremos por todos los medios posibles, empezando por nuestra intercesión, buscaremos su salvación. Y si vemos que alguien no responde a nada, ni siquiera por eso lo condenaremos, dejaremos a Dios el destino de esa persona. Que Dios el Señor nos haga conscientes de que toda nuestra vida está ante sus ojos y que toda nuestra vida está para su servicio en el bien de nuestros hermanos. Amén.

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