Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

La vida de un creyente es una sucesión de victorias improbables, que a menudo más parecen milagros.

Homilía o121006a, predicada en 20160620, con 8 min. y 21 seg.

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Transcripción:

Los libros primero y segundo de Samuel, primero y segundo de los reyes y primero y segundo de las crónicas cuentan la historia de la monarquía. El primer rey es Saúl. Viene después David, luego Salomón, el hijo de Salomón, es un desastre. Y en manos suyas el reino se divide. Una parte queda al norte con un rey llamado Jeroboam y otra parte queda al sur con el descendiente de Salomón, llamado Roboam. Quedan así dos casas, dos reinos, el del norte y el del sur. Si uno mira en un mapa el tamaño de Israel, se da cuenta de que todos sus vecinos eran grandes y poderosos. Pensemos en Egipto. Pensemos en Asiria, que se menciona en el texto de hoy. Pensemos en Caldea con su capital Babilonia. Pensemos en el imperio de los persas, los macedonios, los romanos. Todos eran grandes. Los únicos chiquitos eran los del pueblo elegido. Y siendo poquitos y pequeños, divididos además. El reino del Norte, el Reino del Sur.

El veredicto que nos presenta el texto de hoy es fuerte, dice con motivo de la deportación del Reino del Norte. Porque por supuesto, hubo dos deportaciones, una en el siglo octavo, la del Reino del Norte y otra en el siglo sexto antes de Cristo, en el Reino del Sur. El texto de la primera lectura se refiere a la primera deportación, la del reino del norte, llamado reino de Israel. El otro era el reino de Judá, y el veredicto es fuerte. Esto sucedió porque los hijos de Israel habían pecado contra el Señor, su Dios. Y dice aquí: Dieron culto a otros dioses. Siguieron las costumbres de aquellas naciones que el Señor había expulsado ante ellos. Es un veredicto fuerte, como digo, tajante, y digamos que con la distancia de los siglos, uno puede estar de acuerdo, claro con lo que ahí se dice si es una persona de fe. Pero la verdad es que si nos situamos en ese tiempo permanecer fieles a Dios, siendo tan supremamente pequeños y con unos vecinos tan agresivos, tan crueles, tan sanguinarios y tan fuertes, no era fácil, era muy difícil. Y esa pequeñez de su tamaño y de sus fuerzas, reclamaba una fe que viviera prácticamente de milagro en milagro.

Varias veces sucedió que Dios hizo milagros para librarlos de ataques que ya parecían inminentes. Así, por ejemplo, en el capítulo séptimo del libro de Isaías se cuenta cómo se aliaron Asiria y el reino de Israel para atacar a Judá y Egipto, también venía a la carga. Y el pobre rey de Judá, que se llamaba Ajaz, siente que su corazón tiembla como una hoja al viento. Ahí es donde el profeta Isaías le dice: La doncella está esperando y va a dar a luz un hijo que se llamará Emmanuel, porque tenemos a Dios con nosotros. Y Ajaz logró creerle a Isaías. Pero eran unos gigantes los que tenía al lado. O sea que vivir en la fe en ese tiempo, era como vivir de milagro en milagro, esperando. Ahora, ¿qué va a hacer Dios para sacarnos de esta? Y ahora, frente a esto ¿qué otro milagro? Era muy difícil. Sin embargo, si pensamos en lo que significa toda vida de fe es así parecido en el curso que estamos llevando con las Formandas he mencionado con mucha frecuencia a Santa Catalina de Siena y de la biografía de ella.

Recuerdo esta escena cómo él, el demonio, la atacaba como ella era tan joven en su consagración a Dios. El demonio la atacaba diciéndole: No vas a poder, no vas a alcanzar, no te van a dar las fuerzas, Te voy a perseguir hasta la muerte, te voy a acosar todos los días. Y esta Santa Virgen se refugia, se esconde en el corazón de Cristo, redobla su oración, insiste en su penitencia, se mantiene firme en la fe. Finalmente la victoria fue suya, pero realmente la vida de ella, como la vida de todos los santos, es como una sucesión de milagros, uno tras otro, tras otro, tras otro. Y no es fácil vivir así. Cuando yo me pongo a pensar en los ataques que tiene un cristiano hoy, cuando me pongo a pensar en el tamaño de los enemigos que tenemos hoy, es que uno dice bueno, los enemigos entran por todas partes. No es que uno sea paranoico, sino que de por Dios, encendamos un aparato de la televisión. ¿Y qué sale? ¿Qué torrente sale de esa pantalla? Un torrente de mentiras y de pornografía y de suciedad y de vulgaridad y de engaño y desinformación y ataque a la iglesia. Y calumnias y más calumnias, una tras otra.

Bueno, entonces apaguemos ese aparato. Lo encenderemos solo para uno que otro programa. Encendamos la radio. Vayamos a Internet por todas partes. No es fácil. No es fácil conservar el corazón limpio. No es fácil conservar el corazón puro y conservarlo a la vez humilde, alegre, generoso, capaz de amar y perdonar. Con esto estoy diciendo que el desafío nuestro no es menor que el desafío de esta gente en el Antiguo Testamento. También los vecinos, es decir, los que nos rodean hoy, las tecnologías que nos rodean, los partidos políticos que nos rodean. Yo no soy español, pero amo profundamente este país. Y cuando yo miro el futuro político de este país, yo digo ¿Qué vendrá, Dios mío? ¿Qué vendrá para acá? Es que es como hablar de Asiria y de Egipto. No sabe uno cuál de los dos va a terminar bramando por la presa. Y lo mismo en otros campos. No hagamos larga la lista.

Entonces somos llamados a la luz de esta palabra. Somos llamados a buscar como Catalina, como Domingo, como Tomás de Aquino. Somos llamados a refugiarnos en el Señor, adherirnos a Él y a tener una certeza. Si logramos salir vivos, es decir, con fe. Porque Cristo preguntó ¿Cuando el Hijo del Hombre habrá fe, habrá fe en España, habrá fe en Colombia? ¿Quedará fe en Brasil, en Paraguay? Hay que averiguarlo. El Hijo del Hombre vendrá, encontrará fe. Tenemos que pedir al Señor que nuestra vida, que nuestra vida sea como esa sucesión de sus victorias y que nuestra fe esté a la altura de las circunstancias. Este no es tiempo para achicarse. Pequeño somos y poco numerosos, pero hemos de ser grandes en la confianza en el Señor, grandes en la alabanza y grandes en la capacidad de combatir por su gloria.

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