Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

¿En dónde se relacionan el amor a Dios y el amor al prójimo?

Homilía o121001a, predicada en 19980622, con 12 min. y 20 seg.

Click derecho para descargar versión MP3

Transcripción:

Con la medida con que midáis seréis medidos, dice el Señor Jesucristo. A mí me da la impresión de que esta palabra de Jesús, tiene algo profundo, maravilloso, sapientísimo, que no lo alcanzo. No alcanzo a ver qué es todo lo que Cristo nos quiere decir con esto. Se parece al Padre Nuestro: Perdónanos nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden. Se parece al comienzo de este Evangelio: No juzguéis para que no seáis juzgados. ¿Qué quiere decir esto? Que la manera como nosotros obremos con nuestros hermanos. Determina la manera como Dios obra con nosotros.

Y esto es precisamente lo que me parece misterioso. ¿Por qué es así? En efecto, recuerdo. Recuerdo que una señora amiga me preguntaba alguna vez, sabiendo del conocimiento rudimentario que yo tengo de la lengua griega, me preguntaba ella. Pero en la lengua original, en el texto original del Padre Nuestro ¿sí dice eso? Es que esa medida es muy dura. Si Dios nos va a perdonar como nosotros perdonamos. Pues entonces es una medida muy dura. Y si nos va a medir con la medida que usamos, es muy estrecha. Y si nos va a juzgar como nosotros juzgamos, es muy pesada. Y sin embargo, ahí está el Evangelio. Y efectivamente, si nosotros miramos, por ejemplo, para el Padre Nuestro, si miramos el texto crítico griego, lo que dice es eso. Hay un término de comparación con la conjunción jos que indica precisamente eso. De la misma manera. Del mismo modo. Así como. No hay nada que hacer, la Palabra de Dios dice eso. Y puesto que no podemos ablandarla, tratemos de entenderla. Tratemos de recibirla y de obedecerla para tener vida en ella.

En el fondo, todos estos mandatos del Señor, o estas advertencias del Señor, se relacionan con otro mandato: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. El amor que quieres para ti, dalo a tu prójimo. El perdón que quieres para ti dalo a tu hermano. La indulgencia y la paciencia que quieres para ti, tenlas para con tu prójimo, con tu hermano. Lo que hay aquí de fondo, hasta donde yo alcanzo a ver, es la relación que tiene el amor a Dios con el amor al prójimo. Esto también se parece a lo que dice el evangelista Juan en una de las cartas: El que no ama a su hermano, a quien ve, no puede decir que ama a Dios a quien no ve. Lo que está aquí de fondo es la relación querida por Dios entre el amor a Dios y el amor al prójimo. Y ese amor es de ida y vuelta.

El amor a Dios y el amor que espero de Dios, el amor al prójimo y lo que yo espero del prójimo, el amor que yo quiero esperar de Dios para mí es mi manera de amarme. Y ese es el amor que estoy llamado a dar al prójimo. El amor que yo quisiera para mí, no es menor que Dios, pues el amor que debe querer para mi prójimo no puede ser menor que el amor que yo quiero para mí. Y el perdón que yo quiero para mí no es menor que Dios. Pues el perdón que yo quiero para mi prójimo no puede ser menor que Dios. ¿Y esto cómo se puede practicar? ¿Esto cómo se puede vivir? ¿Cómo puede uno tener esa medida tan pequeña o tan indulgente o tan amorosa con el hermano? Pues ten siempre presente cuál es la medida que quieres para ti.

Como ustedes ven, yo cito con frecuencia a una doctora de la iglesia, Catalina de Siena, a la que le debo mucho. En donde se anudan el amor a Dios y el amor al prójimo en el corazón humano permanece en ese nudo, permanece en ese vínculo. Esto lo enseña Catalina de Siena diciendo: Permanece en el conocimiento de ti mismo. Permanece en la verdad de quien eres. Antes de emitir un juicio. Vuelve a tu verdad ¿Quién eres? Antes de lanzar una amenaza, una imprecación. Vuelve a tu verdad. ¿Quién eres? Parece que ese es el sentido de este evangelio. Parece. Las palabras de Jesús a mí no me parecen tan fáciles de agarrar. Son palabras infinitas, pero tal vez como que va por este lado. Permanece en la verdad de lo que tú eres. Serás más comprensivo, serás más misericordioso, serás más realista, serás más útil también.

¿Cómo puedes mirar la pequeña basura que hay en el ojo de tu hermano y no te fijas en la viga que hay en tu propio ojo? El ojo es el órgano del conocimiento en esta simbología bíblica. Quitar la viga del propio ojo es una imagen exagerada, como tantas imágenes semíticas. Una viga en un ojo. Quitar la viga del propio ojo es reconocerse uno. Darle luz al conocimiento de sí mismo. Reconoce lo que eres. Cuando reconozcas lo que eres, entonces podrás ayudar a tu hermano. Entonces le podrás dar luz a tu hermano. Reunámonos, pues, las enseñanzas que hemos querido tomar de este Evangelio.

Hemos dicho primero que estas expresiones se relacionan con el mandamiento del amor a Dios y al prójimo. Que así como estos dos mandamientos están unidos, así también Jesús nos dice aquí: con la medida con que midáis, seréis medidos. Hemos dicho también que estas palabras se relacionan con aquella oración suprema a la que nos dio Jesucristo con el perdón de nuestros pecados y el perdón para nuestros hermanos. Y hemos dicho finalmente que en ese nudo, que en ese lugar donde se anudan el amor a Dios y al prójimo. Es en el conocimiento de nosotros mismos y que quitar la viga del propio ojo es reconocer uno lo que uno es y llegar verdaderamente al conocimiento de sí mismo y tener la certeza de que desde ese conocimiento vamos a ser muy distintos con nuestros hermanos. Si permanecemos ahí, si permanecemos recibiendo de Dios el ser, porque Dios no nos hizo y nos echó a rodar, Dios nos está haciendo. Si permanecemos en el conocimiento de lo que somos y si permanecemos recibiendo de Dios el ser, entonces comprendemos esa donación fundamental por la que nosotros existimos.

Y toda pretensión y toda soberbia y toda dureza se deshacen como las tinieblas cuando llega la luz. Porque en el fondo la fuente de nuestras durezas con nuestros hermanos parece que están ahí, en que a nosotros se nos olvida que hemos llegado por regaló a la tierra de los vivos, que es un regalo existir cuando nos sentimos dueños de la vida.

En un segundo paso hacemos un imperio y en un tercer paso declaramos fronteras. Y en un cuarto paso excluimos a los que interfieren con nuestros intereses. Pero si desarmamos ese imperio, si nos quitamos esa idea, y si solamente recibimos el ser, si continuamente permanecemos mirando el milagro de existir, de nacer siempre de nuevo de las manos de Dios Creador, si permanecemos en esa donación continua, entonces también nosotros nos convertimos en regalo, nos convertimos en gracia y en don para nuestros hermanos, y entonces no tenemos necesidad de juzgarlos, ni de hundirlos, ni de criticarlos, sino simplemente somos ante ellos imagen viva de la donación de Dios, que es el camino más cierto para que ellos se corrijan de sus propios males. Jesús, que nos dijo estas palabras. Si este es el sentido que a él le gusta. Si esta es la interpretación que Él aprueba.

Jesús, tú que dijiste estas palabras, llévanos a esa experiencia maravillosa de recibir el ser, de ser donación, de percibirnos como regalo continuo salido de las manos del Padre. En ese conocimiento de nosotros mismos se quitará la viga de nuestros ojos y podremos ser verdaderamente útiles a nuestros hermanos.

Publícalo en Facebook! Cuéntalo en Twitter!

Derechos Reservados © 1997-2025

La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico,
está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente:
http://fraynelson.com/.

 

Volver a las homilías de hoy.

Página de entrada a FRAYNELSON.COM