Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

El mensaje del Evangelio sobre el cielo no es un escapismo sino la fuerza para que no dependas de ningún pago, aplauso o elogio sino que quien trabaja para el cielo tiene libertad para servir a sus hermanos en esta tierra.

Homilía o115007a, predicada en 20220617, con 7 min. y 2 seg.

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Transcripción:

Podemos decir que uno de los desastres de nuestro tiempo es el intento de construir un cristianismo sin cielo. ¿A qué me refiero? Bueno, aquí hay que empezar por recordar la famosa frase del filósofo anticristiano Federico Nietzsche cuando él le decía a sus seguidores: "Permanezcan fieles a la tierra". Esa es una frase de Nietzsche, un enemigo de la fe cristiana, enemigo declarado. Tiene una obra que se llama El Anticristo. O sea, para que no quede duda: permanecer fieles a la tierra.

Pero además de esa tentación anticristiana de Nietzsche, hay muchas maneras de traicionar el precioso mensaje del Evangelio sobre el cielo. Ya he comentado en otras oportunidades cómo, por ejemplo, en mi época de formación para el sacerdocio, lo que usualmente se llama el seminario. Había una versión del Padrenuestro que se cantaba mucho y que decía: "Padre nuestro, tú que estás en los que amas la verdad, en los que aman la verdad". Y también había "Padre nuestro que estás en los pobres", "Padrenuestro que estás en el campesino" "Padrenuestro que estás...".

Pero se evitaba a toda costa la palabra cielo. Y para muchas personas, especialmente las formadas en la teología de la Liberación, hablar del cielo: era algo así como escaparse de los problemas de la tierra, y por eso se consideraba que el verdadero cristianismo, un auténtico cristianismo, necesariamente tenía que permanecer fiel a la tierra, aunque no se citara a Nietzsche.

¿Y qué quiere decir un cristianismo fiel a la tierra? Pues quiere decir que es un cristianismo que tiene que acreditarse, un cristianismo que tiene que validarse o que tiene que mostrarse. ¿A partir de qué? A partir de: nosotros somos capaces de producir un cambio en esta tierra. Si nosotros demostramos que podemos cambiar esta tierra, entonces nosotros somos una fe. Somos una religión válida. Si nosotros no podemos demostrar que somos fieles a la tierra y que podemos producir un cambio en esta tierra, entonces nuestra religión se convierte en lo que aquella gente llamaba una especie de espiritualismo; es decir, una forma de escape. Como que nosotros estamos escapando de la realidad; porque no se nos olvide que la realidad para la lógica marxista es fundamentalmente la realidad económica.

Para Marx, la realidad, la que de veras es realidad, es la realidad económica. Y lo que no sea realidad económica, entonces es la superestructura que luego sirve para justificar de manera ideológica las prácticas económicas de un determinado grupo de poder. Esa es la teoría de Marx, por ejemplo, sobre la religión y sobre otras cosas. Entonces, según ese pensamiento, lo auténtico, lo que tiene que lograr la religión a toda costa es básicamente transformar esta tierra.

Y por eso, por ejemplo, una comunidad religiosa lo que tiene que hacer es mostrar que puede cambiar las estructuras de injusticia, produciendo justicia, cambiar la condición de ignorancia, produciendo conocimiento o educación, cambiar la condición de los migrantes, dándoles alimento, dándoles refugio, dándoles oportunidades. Y por supuesto que todas estas cosas son obras de misericordia y son obras de misericordia plenamente válidas. Nadie lo duda. Pero la pregunta es: ¿Si ese es el mensaje cristiano, si esa es una traducción completa, una traducción adecuada y completa del mensaje cristiano?

Esa es la gran pregunta. Y por supuesto, estoy refiriéndome a todo esto, pues porque el evangelio de hoy nos dice en palabras de Cristo: "Atesoren tesoros en el cielo". Y yo quisiera saber, mis antiguos amigos, que no sé si me quedan muchos. Mis antiguos amigos de la Teología de la Liberación, ¿Qué dirían ellos sobre un pasaje como el de hoy?, donde es Cristo el que está diciendo: "Atesoren tesoros en el cielo". No atesoren en la tierra, sino atesoren en el cielo. ¿Qué dirían ellos al respecto?

Me muero de curiosidad por saber: ¿qué dirían ellos al respecto?, porque esa frase nos está diciendo dos cosas: Primero, que el cielo no es algo accidental ni superpuesto al mensaje cristiano. Y segundo, que tampoco es ningún escapismo.

De hecho, aquella persona que tiene claro que está trabajando para el cielo es la persona que tiene más libertad para servir a sus hermanos en esta tierra. Es decir, el mensaje, el verdadero, el mensaje evangélico, el mensaje del Evangelio sobre el cielo no es un escapismo, sino es más bien la fuerza que hace que tú no dependas de ningún pago, de ningún aplauso, de ningún reconocimiento, de ningún elogio. El que está trabajando para el cielo, no está haciendo negocios con el Evangelio en esta tierra. El que está trabajando para el cielo, no depende ni de que le reconozcan, ni de que le aplaudan, ni de que le agradezcan, ni de que le paguen. Ese es el que verdaderamente puede vivir el Evangelio. Ese es el que puede vivir el Evangelio a fondo porque no depende de ningún pago.

Entonces, por favor, salir de ese espejismo, salir de ese engaño de que el cristianismo se acredita simplemente por aquellas y aquellos cambios que pueda producir en términos económicos. Hay que ocuparse de los cuerpos, del hambre, del sufrimiento, de la enfermedad y de los migrantes. Sí, claro que sí. Esas son expresiones de misericordia, expresiones de misericordia que nos acercan al modelo de misericordia, que es Cristo, que también atendió a los enfermos y a los pobres y a los leprosos. ¿Para qué? Para mostrar el camino hacia el Reino de Dios que empieza en esta tierra, pero que tiene su plenitud mucho más allá de esta tierra. Es el poder del Evangelio lo que está en juego.

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