Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Supliquemos al Señor que renueve y sane nuestra vista para que podamos descubrir desde su verdad quién es Él y quienes somos nosotros.

Homilía o115004a, predicada en 20160617, con 5 min. y 38 seg.

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Transcripción:

Dos palabras sobresalen particularmente en el Evangelio de hoy: el tesoro y la lámpara. Cristo nos invita a no acumular tesoros en esta tierra, sino en el cielo. Y Cristo nos invita a preguntarnos: ¿Qué tal está esa luz que Dios nos ha dado? Es decir, ¿qué capacidad de ver tenemos? La lámpara de tu cuerpo es tu ojo. Pero si tu ojo está a oscuras, ¿cuánta será tu oscuridad? Me parece muy interesante este segundo punto y quisiera que reflexionáramos un poco más. El planteamiento de Cristo, lo que Cristo dice sobre el ojo, realmente es más profundo de lo que uno piensa.

La lámpara de tu cuerpo es tu ojo. Pero si tu ojo está a oscuras. ¿Cómo puede uno darse cuenta de que está a oscuras? Si el detector de oscuridad está dañado y el detector de oscuridad es el ojo. Es decir, que Cristo nos está invitando a cuestionarnos sobre nuestra propia capacidad de ver. ¿Ves bien? ¿Estás viendo bien? Recuerdo algo que me sucedió en mi propia infancia cuando yo era un adolescente. Diría mejor -un niño de unos doce o trece años-. Alguna vez tenía que tomar un bus para ir a mi casa después de estudiar con unos compañeros del colegio, pero mis ojos no funcionaban bien.

Es decir, yo soy miope y resulta que solamente ese día me di cuenta que era miope. ¿Por qué? Porque tomé un bus equivocado. Yo no pude ver bien el aviso que traía el bus, tomé el bus que no era, me extravié. Incluso tuvo que ir mi mamá a rescatarme porque resulté en un rincón para mí completamente desconocido de esta ciudad de Bogotá. Así que ese día me di cuenta que yo no estaba viendo bien.

Como yo había crecido siendo miope, como yo no veía bien, como nunca había visto bien, como para mí era normal que las cosas se fueran volviendo borrosas a medida que uno encuentra distancia. Pues yo no sabía que tenía un problema en la vista. Algo así es lo que nos está diciendo Cristo. Imaginémonos un país, una cultura donde todo el mundo es miope, desde los pequeños hasta los adultos y ancianos. Todos son miopes en ese país, en ese ambiente donde todos están sufriendo la misma carencia. ¿Cómo podría alguien saber que no está viendo bien? puesto que no tiene un punto de comparación con su propia historia. Porque no fue que tuviera bien la vista y de repente la hubiera perdido o se le hubiera dañado, sino que siempre tuvo una vista, digamos, defectuosa, como me pasaba a mí con la miopía, puesto que esa era la condición de esa persona y de todas las personas; como no puede comparar con otro punto en su historia y como no puede comparar con la visión de otra persona.

Esa gente, cada persona en ese lugar podría vivir y morir sin darse cuenta del error, sin darse cuenta de la imperfección o defecto visual que tiene. Y ese es el cuestionamiento que da Cristo. En cierto sentido, Cristo en esta tierra, es como una persona que tiene una vista perfecta. Los optómetras llaman a eso veinte veinte. Una persona que tiene una vista perfecta y que se da cuenta precisamente porque su visión es completa y perfecta, se da cuenta que los demás no están viendo, pero los demás no le creen lo que éste dice y no le creen porque ellos siempre han visto las cosas de la misma manera. Eso tiene que hacernos pensar. Ese fue indudablemente un sufrimiento de Cristo. Cristo a veces decía casi con angustia: "Pero ¿cómo es que ustedes no pueden ver los signos de los tiempos? ¿Cómo es que ustedes no se dan cuenta de cómo están las cosas? Es decir, ¿por qué todos ustedes están tan ciegos? ¿Por qué todos están tan miopes? ¿Qué les pasa a ustedes?

Eso es lo que Cristo está diciendo. Y por eso tenemos que pedirle al Señor una y otra vez: "Señor, haz. Haz que yo vea. Porque no estamos viendo, porque hay muchas cosas de las que no nos hemos dado cuenta". Lo mismo que Cristo le dijo a la samaritana: "Si conocieras el don de Dios". Con lo cual estaba indicando que esta mujer no sabía lo que Dios tenía destinado para ella, lo que Dios hubiera podido darle. Ella desconocía eso, era incapaz de verlo. Supliquemos al Señor: "que renueve, que sane nuestra vista para que podamos descubrir desde la verdad de Dios quién es Él y quiénes somos nosotros". Amén.

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