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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
El reino del Sur conserva una lampara de fidelidad: la perversa Atalía no logra repetir lo que Jezabel había conseguido en el reino del Norte.
Homilía o115003a, predicada en 20140620, con 5 min. y 55 seg. 
Transcripción:
Los textos de la primera lectura. En estos últimos días nos han presentado algo de la situación que se vivía en el Reino del Norte. Hay que recordar que en el Antiguo Testamento el pueblo de Dios, el pueblo elegido, la descendencia de Abrahán, se dividió. Por la ineptitud y la actitud, también pedante y absolutamente inepta del hijo de Salomón, Roboam. El hecho es que se dividieron en el Reino del Norte y el Reino del Sur. Y los profetas Elías y Eliseo, de los que hemos oído hablar en estos últimos días, realizaron su obra en el Reino del Norte. Ahora le vamos a dar una mirada a lo que estaba sucediendo en el Reino del Sur. Estos acontecimientos tienen fecha a mediados del siglo noveno antes de Cristo. La historia que se nos cuenta en la primera lectura es sumamente confusa, llena de nombres extraños, llena de sentimientos y acciones todavía más oscuras. Hay una mujer que se llama Atalía, un rey que ha muerto llamado Ocozías. Luego hay un descendiente de Ocozías que era prácticamente un niño llamado Joás. Hay un sacerdote llamado Joiada. Y dice: "uno bueno", ¿Todos esos nombres y toda esa historia que tiene que ver con nosotros? Yo creo que es interesante asomarnos un poquito a estos acontecimientos, porque por algo están en la Biblia y por algo los leemos en la Santa Misa: no sobran, algo deben poder enseñarnos. Observemos que el origen de todo está en que la corrupción idolátrica y de superstición que acontece en el reino del Norte va contagiando al Reino del Sur. Todo este mundo de intrigas, de abuso de poder y de apelación a la magia no se queda únicamente en el Norte. En la ciudad misma de Jerusalén había un templo a Baal. Fíjate cómo la corrupción, la superstición, tienen tentáculos bastante largos y poderosos. Esta mujer llamada Atalía era bastante cercana, bastante adicta a esa clase de prácticas: Las prácticas de la magia y de la brujería. Atalía tuvo un hijo llamado Ocozías, el cual reinó durante breve tiempo y fue asesinado. Y aquí viene una cosa bastante extraña, sumamente perversa, y es que Atalía, cuando ve que su hijo ha muerto, desarrolla un apetito de poder. Una cosa absolutamente demencial. En ese momento parecía que no había descendiente del rey Ocozías -el que había muerto- y por consiguiente no quedaba nadie para reinar. Entonces, en esa confusión, Atalía ve su oportunidad para ser ella la reina, y entonces ve también la oportunidad de repetir en el reino del Sur lo que otra mujer sumamente perversa llamada Jezabel había hecho en el Reino del Norte, lo que fue Jezabel para el reino del norte, implantando el culto idolátrico a Baal. Eso es lo que Atalía pretende ahora hacer en el Reino del Sur. Pero es aquí donde interviene una circunstancia absolutamente providencial. Ocozías tenía un pequeño hijo llamado Joás, y ese hijo fue criado en secreto y mantenido oculto en el templo. Y luego, como escuchamos en la primera lectura, fue presentado al pueblo como el verdadero rey. Lo que sigue, pues, es bastante sanguinario, porque ejecutan a esta mujer llamada Atalía. Destruyen el templo que se había hecho a Baal. Y el pasaje termina diciendo: "Hubo alegría y hubo paz en la ciudad". Es decir, que los mensajes son tres. Primero, que el mal es increíblemente contagioso y que si dejamos entrar la idolatría, si dejamos entrar la magia, la superstición, el paganismo es muy pegajoso. Esa es la primera lección. La segunda lección es que la purificación es posible, porque finalmente lo que sucedió ahí fue una purificación de la ciudad de Jerusalén. Pero la tercera lección es que esa purificación requiere esfuerzo y requiere inteligencia; es decir, requiere lo mejor de nuestras facultades. Necesitamos mucha inteligencia iluminada por Dios, y mucho valor sostenido en Dios, para limpiar tantas de nuestras instituciones que se han vuelto complicidad para el pecado y que se han vuelto eco de la de la más espantosa idolatría.

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