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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Jesús nos quita las apariencias, nos lleva a la verdad y al encuentro con Dios Padre.
Homilía o113008a, predicada en 20220615, con 6 min. y 42 seg. 
Transcripción:
Siempre me llamó la atención la insistencia de Cristo en el tema de lo escondido, en el tema de lo oculto, siempre me llamó la atención. Aquello de, «Tu Padre que ve en lo escondido», que es una expresión que se repite varias veces en este capítulo quinto de San Mateo en el que nos encontramos. Creo que no he mencionado en las reflexiones de los días pasados que todos estos pasajes de estos días pertenecen a lo que se llama el Sermón de la Montaña. De hecho, desde la semana pasada hemos empezado a leer los capítulos 5, 6 y 7 de San Mateo, que son los que corresponden al Sermón de la Montaña, es decir, a la colección más amplia que tenemos de las palabras de Cristo.
Y en este Sermón de la Montaña se repite varias veces aquello de, «Tu Padre que ve en lo escondido», ¿por qué esa insistencia en lo escondido? ¿por qué es tan importante lo escondido? Pues yo alcanzo a ver tres razones. La primera es porque al invitarnos a ir a lo escondido, Cristo nos está invitando a que dejemos la apariencia, a que dejemos la fachada, que dejemos el engaño. Porque muchas veces queremos presentarnos como no somos y esto ha sucedido siempre, pero creo que las redes sociales como que lo han acelerado, como que lo han aumentado. Eso de tratar de crear una falsa, un falso yo. Y me imagino que con el metaverso de Zuckerberg las cosas van a estar todavía peores, porque es como crear tu avatar, es como crear tu otro yo, es decir, tu yo social, tu yo de la presentación, tu yo para que lo vean otras personas. Pero, ¿qué pasa con tu yo real? ¿Qué pasa con lo que tú eres en realidad? Entonces, Cristo nos está invitando a que nosotros salgamos de la apariencia. Ese es el primer punto, y el solo hecho de salir de la apariencia ya es un gran triunfo, punto número uno.
Punto número dos, Cristo nos está conduciendo a la verdad de lo que nosotros somos. Yo me estoy acordando de mis grupos de oración por allá, en la época de mi juventud, el siglo pasado, y me estoy acordando como a nosotros nos invitaban, y creo que es una invitación que siempre es válida, a que nos acercáramos a la Palabra de Dios, a que estudiáramos la Palabra de Dios, pero siempre nos decían no es solo para que estudies la Palabra aquí en el grupo, si no es necesario que tú tengas tu ritmo personal. Es decir, la oración que tú haces, esa oración que es personal, esa oración que está ahí entre Dios y tú, es supremamente valiosa y es irreemplazable.
Alguien podría decir: Bueno, pero es que oración es oración y si yo estoy orando, sea en el grupo, sea con mi familia, sea con mi pareja, sea yo solo, pues es oración. A ver, en un mundo perfecto eso tendría que ser así. Pero resulta que, si estoy orando con otras personas, muy fácilmente puede suceder que mi oración está marcada también por otras cosas, por ejemplo, está marcada por una cierta vanidad, está marcada por una cierta soberbia, quizás, yo siento que soy el que ora con más fervor, o tal vez estoy tratando, también en la oración, estoy tratando de aparentar algo, ¿te das cuenta? Entonces, la oración, la oración personal, la oración que solo ve Dios, es irreemplazable, porque esa oración te conduce a la verdad de lo que tú eres. Tú no eres más orante que lo que tú eres cuando oras solo, ¡qué frase! Tú no eres más orante que lo que tú eres cuando tú oras solo. Pero lo mismo vale para otras cosas. Lo mismo vale, por ejemplo, para decir la humildad o la generosidad. Tu corazón, cuando tú piensas a solas, cuando tú estás a solas, tu corazón es generoso o en tu generosidad también hay mucho de apariencia.
Por eso, cuando Cristo nos lleva a la soledad, cuando Cristo nos invita a que vayamos a la soledad del cuarto, a la soledad del desierto, a la soledad donde nadie más nos ve, en el fondo Cristo nos está llevando a la verdad. Lo importante es que tú llegues a la verdad de lo que tú eres y seguramente vas a descubrir, como descubro yo, como descubrimos todos, tú no eres ni tan piadoso como pareces, no eres ni tan humilde como pareces, no eres tan alegre como pareces, no eres tan bondadoso como pareces. O sea que Cristo, por una parte, nos está quitando las apariencias. Por otra parte, nos está llevando a la verdad.
Pero lo tercero y más importante de todo, Cristo te está llevando al encuentro con el Dios, que desde dentro de tu ser, desde el centro de tu conciencia, te habla, te ama, te busca, te está llevando al encuentro más perfecto con Dios. Y si tú, en la soledad de tu habitación, en la soledad de tu oración, realmente vives, vives el encuentro con el Señor, si tú realmente vives ahí la unión con Dios, esa unión no te la va a quitar nadie. La unión que tú tengas en otros contextos, con otras personas, de otras maneras, se puede perder. Yo conozco a gente que le cuesta trabajo orar, pues si no hay buenas canciones o si no hay buena predicación, o si no hay tal ambiente, cuando tú empiezas a orar y cuando tu conexión es realmente con Dios, eso no te lo quita nadie. Y eso es lo que Cristo quiere, que tú llegues a una auténtica unión con Él. Esa es la importancia de la oración que se realiza en lo escondido.

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