|
|

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Podemos relacionar la expresión de Cristo sobre "lo escondido" con aquello que Santa Catalina de Siena llama la celda interior o con aquello que el Papa San Juan Pablo II llama el santuario de la conciencia.
Homilía o113007a, predicada en 20200617, con 16 min. y 34 seg. 
Transcripción:
Queridos hermanos, hay una expresión que se repite varias veces en el Evangelio de hoy, lo escondido. Cristo dice: «Tu Padre que ve en lo escondido». Por supuesto, que Dios nuestro Padre lo ve todo, lo que está manifiesto y lo que está escondido. Pero yo quiero destacar esta expresión de Cristo, lo escondido. De alguna manera Cristo nos está enviando a lo escondido, sobre todo, como queda claro en el texto, para evitar que nosotros busquemos la aprobación, el elogio o el agradecimiento de la gente. Para que no seamos esclavos de la aprobación, del elogio o de la admiración de la gente, Cristo nos envía a lo escondido.
Y ¿qué es lo escondido? En el caso de la limosna, Cristo dice: «Que tu izquierda no sepa lo que hace tu derecha». En el caso de la oración, Cristo dice: «Cierra la puerta, quédate en tu cuarto». En el caso del ayuno dice: «Lávate la cara, perfúmate». Evidentemente, estas expresiones no son una receta para lo escondido, porque ¿cómo voy a hacer para que mi mano izquierda no sepa lo que hace la derecha? Y, además, si las cosas fueran tan simples, si toda hipocresía y toda farsa se pudieran vencer simplemente con meterse uno en el cuarto o echarse perfume en la cara, la vida sería muy simple. Y la vida no es simple, la vida está llena de vanidad y de farsa, y muchos de nosotros, casi sin darnos cuenta, podemos caer en esas faltas.
Por eso, vale la pena preguntarnos ¿qué es realmente lo escondido? Yo lo relaciono con la enseñanza que nos da Santa Catalina de Siena cuando habla de la celda interior. Durante unos tres años de su adolescencia y de su juventud, Catalina vivió prácticamente como ermitaña en una habitación de su propia casa, como una reclusa dedicada, casi por entero, a la oración y a la penitencia. Después Dios le mostró que su camino no era seguir en esa reclusión, sino que ella tenía una misión que realizar en la Iglesia. En torno a ella se formó una familia espiritual que la llamaba madre, mamá, de hecho, la expresión que se recuerda es la expresión cariñosa de la lengua italiana y de otras lenguas: mamma, mamma Catarina, esa es Santa Catalina. Pero, lo que quiero destacar es que cuando ella sale de ese tiempo de encierro, sin embargo, y esto es muy interesante y muy importante, sin embargo, ella dice que hay que conservar la celda interior y ese conocimiento de la celda interior es tan importante, según Dios le mostró, que ella misma dice es la base de toda auténtica vida espiritual. Toda vida espiritual se sustenta en la base del conocimiento de nosotros mismos, en eso se sustenta.
Entonces, yo veo un puente, una relación entre lo que nos dice Cristo de lo escondido y lo que nos dice Catalina de la celda interior. Pero ¿cómo entra uno a esa celda interior? ¿Cómo llega uno a lo escondido? Aquí necesitamos otra voz y esa va a ser la voz del Papa Juan Pablo II, en varios lugares de su enseñanza nos habla del santuario de la conciencia y lo relaciona siempre con una expresión bíblica preciosa y profunda, el corazón. Juan Pablo II nos habla de la conciencia como el recinto más íntimo de nuestro propio ser. La conciencia es aquel lugar donde yo, por un momento, pongo aparte y lejos lo que pueda preocupar, lo que puedan querer, lo que puedan criticar otras personas. Y me pongo, ante todo, ante Dios y ante la verdad de mi propio ser. Cuando me pongo ante Dios y ante la verdad de lo que soy, estoy entrando en la celda interior, estoy entrando en eso que Cristo llamaba lo escondido, estoy entrando en eso que se llama el santuario de la conciencia, estoy entrando en mi propio corazón.
Vamos a explicarlo de esta otra manera, cuántas cosas nosotros hacemos por complacer a los demás, por quedar bien con los demás, por evitar que nos pongan problemas, por ganar su afecto, por ganar su gratitud, por ganar su aplauso, por ganar su admiración. Entonces la pregunta que nos hacemos es ¿cómo soy yo cuando no tengo que demostrarle nada a nadie? ¿Cómo soy yo cuando no tengo que probar nada, cuando no tengo que librarme de ninguna crítica, cuando no tengo que obedecer ninguna regla exterior, cómo soy yo? ¿Qué es lo que hay en mí cuando no tengo que responder a una exigencia o a una expectativa exterior? Es sorprendente el número de cosas que nosotros hacemos por una exigencia puramente exterior, voy a citar dos o tres ejemplos.
Conocí el caso de una señora que había hecho un estudio universitario y lo había concluido, un estudio de Ingeniería de Sistemas. Pero yo, que la conocía y sabía de su ocupación y de su trabajo, le hice un comentario, le dije: Pero, tu trabajo no tiene nada que ver con lo que estudiaste. Y entonces me dice ella: Es que a mí no me gusta lo que yo estudié. Yo me quedé un poco perplejo, porque claro, la pregunta es y entonces por qué lo estudiaste. Y me dice: A mí en una época me iba muy bien en matemáticas, cuando yo estaba en el colegio. Como estaba un poco desorientada sobre qué hacer con mi vida, entonces hice un test de estos de orientación profesional y según ese test, yo podía servir para alguna ingeniería. Entré a estudiar Ingeniería de Sistemas por ese test, pero al terminar el primer semestre, me di cuenta que eso no era lo mío y que yo no iba a pasar mi vida detrás de una pantalla, de un computador, que me parece muy grandioso y muy importante lo que se puede hacer con los computadores, pero esa no es mi vida.
Siguiente pregunta: Y entonces ¿por qué seguiste? Porque cuando yo iba terminando, me explica, cuando yo iba terminando el primer semestre, mi papá, con el que nunca tuve una buena relación, se puso a discutir conmigo y entonces me dijo, no sé de dónde sacó esa idea: Ahora no es que deje incompleta su carrera porque usted no es capaz de terminar nada. Palabras duras, palabras agresivas de aquel papá que tuvieron un efecto muy grande en esta mujer. Efectivamente, ella no había sido la persona más constante y perseverante del mundo, más bien había sido una jovencita de estas que le llama la atención el francés y se inscribe en un curso de francés y lo deja incompleto. Luego le llama la atención el italiano, intenta el italiano, luego trata de aprender guitarra. Y así había empezado muchas cosas sin concluir ninguna. Así que las palabras que le dijo el papá fueron como una especie de desafío, como una especie de reto casi grosero: Usted no va a ser capaz de acabar eso. Y entonces ella tomó la decisión de seguir adelante con su carrera por una sola razón, por un solo motivo, para no darle la razón al papá: No le voy a dar la razón a él. Y así se aguantó los 10 semestres de la carrera y terminó y sostuvo su grado, se sacó la foto y archivó todo eso. Ya le demostré a mi papá que sí podía terminar algo.
Uno se da cuenta que una persona que obra así, realmente no es una persona libre. Cuando estamos tratando de demostrarle a otra persona o cuando estamos tratando a toda costa de complacer a alguien. He conocido muchos casos de personas, hombres y mujeres, que contradicen los principios de su conciencia por un solo motivo, para complacer a alguien que era muy importante. Por ejemplo, no estoy de acuerdo con las relaciones prematrimoniales, pero por no perder a mi pareja, entonces voy a complacerlo o voy a complacerla. Esa persona tampoco es libre, esa persona está siendo gobernada por un miedo, el miedo de perder a esa pareja, por ejemplo. O está siendo gobernada por un orgullo como, por ejemplo, aquella hija que tenía que demostrarle al papá que sí era capaz de acabar algo. O a veces tenemos otro género de esclavitud cuando, por ejemplo, tratamos de sentirnos importantes.
Hoy, hay muchos jóvenes que, de alguna manera, tratan de tener un cierto refuerzo en su autoestima a través de las redes sociales. Y hay estudios psicológicos que muestran que este mecanismo puede volverse en contra de ellos, porque cuando tratamos de hacer presencia en redes sociales, solamente para ganar como una cierta fama y soñamos con tener los millones de seguidores que tiene tal actriz, tal cantante, tal modelo, lo más probable es que nuestros números nunca van a crecer en esa proporción y que más bien la frustración y luego, la pérdida de autoestima sean peores.
Entonces, ¿qué tienen en común estos ejemplos que estoy tratando de dar? Que muchas veces obramos con una cierta esclavitud de lo exterior, no estoy llamando yo al capricho, ni al puro subjetivismo, ni al relativismo, por supuesto. Por eso la celda interior, el santuario de la conciencia, o lo que Cristo llama lo escondido, es siempre un lugar de encuentro con Dios: Tu Padre ve en lo escondido. Esta es la espiritualidad de los monjes, esta es la espiritualidad de los verdaderos ermitaños, esta es la espiritualidad que nosotros necesitamos.
Entonces, en resumen, ¿a qué vamos a llamar lo escondido? ¿A qué vamos a llamar celda interior? ¿A qué vamos a llamar el corazón, el santuario de la conciencia? Vamos a llamar al espacio espiritual de encuentro con mi verdad ante Dios y la manera de acceder a esa verdad ante Dios, aunque no hay recetas, siempre pasa por hacer una crítica a mis propias acciones, por un preguntarme: realmente ¿por qué hago lo que hago? ¿A quién estoy tratando de convencer? ¿Qué miedo me está gobernando? ¿Quién me está manipulando con esto? En la medida en que vamos excluyendo manipulaciones, miedos, revanchas, afán de popularidad, ganas de aplausos o de elogios, tener que recibir una aprobación. A medida que vamos apartando de nosotros todas estas cosas, empezamos a descubrir nuestra verdad ante Dios. Y es en esa verdad ante Dios donde somos, donde llegamos a ser, en realidad, cristianos, es donde llegamos a ser verdaderamente de Jesucristo, en ese espacio, en ese lugar. O sea que Cristo, al llamarnos a lo escondido, nos está invitando en el fondo a que seamos verdaderamente libres, porque si en lo escondido está nuestra verdad, si en lo escondido donde Dios ve, está nuestra verdad, sin duda se va a cumplir lo que el mismo Cristo dijo: «La verdad nos hará libres».

Derechos Reservados © 1997-2025
La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico, está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente: http://fraynelson.com/.
|