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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Cristo quiere que nuestra oración esté cargada de sinceridad, profundidad y unión con el Señor; que esté libre de toda vanidad y exhibicionismo.
Homilía o113006a, predicada en 20200617, con 5 min. y 3 seg. 
Transcripción:
Hay muchas razones por las que una persona puede esconderse. Puede esconderse por miedo, por timidez, porque se sabe culpable, o también puede esconderse para proteger su vida, o por discreción o por humildad. Cristo nos invita a una oración y nos invita a una limosna y a un ayuno que Él dice: en lo escondido, sin que se sepa. Esas palabras de Cristo hay que saber entenderlas, porque en otro lugar Cristo dice, por ejemplo, que vea la gente las buenas obras de ustedes, y así den gloria al Padre que está en los cielos. Entonces uno podría decir que hay como una especie de contradicción, porque por un lado Cristo me dice: Cuando vayas a dar limosna, que no sepa tu mano derecha lo que hace la izquierda. Pero, por otro lado, Cristo me dice: Que la gente vea tus buenas obras para que den gloria al Padre que está en los cielos. Entonces, ¿al fin qué? Que se note o que no se note. Es una buena pregunta, muy buena pregunta.
Y es aquí donde uno se da cuenta que para entender el Evangelio uno no puede seguir un criterio como el de un Código civil o el de un libro de ciencia en el cual las palabras están identificadas con sus significados exactos. Si yo, por ejemplo, voy a hablar de lo que es un campo en matemáticas o lo que es un campo, por ejemplo, un campo electromagnético, en física, la definición es muy precisa, no es cualquier cosa que a mí se me ocurra, es una definición muy precisa. En cambio, en la Biblia en general, y en las palabras de Cristo en particular, uno no puede fácilmente hacer esa clase de equivalencias, porque uno no puede decir: Como Cristo me dijo que orara en lo escondido, entonces no vuelvo a misa, porque si voy a misa todo el mundo me va a ver. Esa sería una interpretación muy torpe.
¿Qué tiene que hacer uno? La mejor manera es con humildad, con sabiduría y consultando buenas fuentes católicas, hacerse la pregunta ¿por qué? Es decir, ¿cuál es el propósito de esto? Es algo que se aplica también en el derecho, también en el derecho se aplica ese criterio. El criterio de buscar cuál es la intención del legislador, qué quiere el legislador cuando pone esta norma, cuál es el sentido de esta norma para no ser simplemente esclavos de unas letras, esclavos de un papel, cuál es el sentido de la norma. Es verdad que las normas tratan de hacerse lo más explícitas y unívocas posible, pero hay que ver cuál es el sentido de las normas.
Entonces nosotros, al acercarnos a las palabras de Cristo, tenemos que hacer el mismo ejercicio. ¿Cuál es el sentido de esta norma? Cuando Cristo dice que cuando vayas a orar, enciérrate en tu habitación, cuál es el sentido de eso, es decir, ¿qué es lo que Cristo quiere propiciar y qué es lo que Cristo quiere que evitemos? Él quiere evitar algo y Él quiere propiciar algo, hagámonos esa pregunta. Y no es tan difícil de responder en el caso de la oración. Cristo quiere que nuestra oración esté cargada de sinceridad y esté cargada de profundidad y esté cargada de intimidad, es decir, de esa unión profunda, esa unión íntima con Papá Dios, eso es lo que Cristo quiere. Y por otra parte, Cristo quiere que evitemos cualquier forma de exhibicionismo, ostentación, que purifiquemos nuestra intención, que no caigamos en la ostentación, en la vanidad, en el exhibicionismo.
Entonces, esa es la enseñanza de Cristo, y no tenemos por qué ensuciarla y no tenemos por qué confundirnos. Lo que Cristo quiere es que mi oración esté cargada de sinceridad, profundidad e intimidad, y quiere que mi oración esté libre de todo exhibicionismo, vanidad o también ostentación, eso es lo que Cristo quiere. Cuando ya descubro esa intención, entonces ya veo que no hay contradicción con otros pasajes de la Escritura, porque si yo voy a la Santa Misa, por ejemplo, pues no voy por ostentación, no voy por ostentación, voy como uno más que es necesitado del banquete de la Palabra y del banquete de la Eucaristía. Entonces no hay contradicción, este mismo criterio hay que aplicarlo a muchos otros, casi diría a todos los textos de la Escritura.

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